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LUCIANO ÁLVAREZ
Carlos I, el segundo de los reyes que sucedieron en el trono de Inglaterra a los amados y tormentosos Tudor, era un hombre tímido, honesto y limitado; también rencoroso e intransigente. El segundo hijo de Jacobo I, débil y enfermizo, probablemente sufrió de raquitismo en su primera infancia. Una dama de la corte le enseñó a caminar ayudado por unas botas especiales de cuero español y bronce.
Cuando su hermano mayor, murió de tifus, Carlos, de doce años, se convirtió en heredero y fue rey a los veinticinco.
Su padre le transmitió una convicción y un favorito; ambos serían peldaños de su cadalso. La convicción era el absolutismo monárquico, al que había llamado la "verdadera ley de las monarquías libres"; el favorito fue George Villiers, el sensual, vanidoso, frívolo e incompetente duque de Buckingham.
En el continente, el absolutismo monárquico se abría camino hasta encarnarse -a fines del siglo XVII- en Luis XIV y su apócrifa pero feliz afirmación "El Estado soy yo". En cambio en Inglaterra, el Parlamento constituía un contrapeso al poder real, basado en dos antiguos principios: el derecho a resistir toda tiranía, reconocido en la Carta Magna de 1215 y que la obediencia a Dios está antes que la obediencia al rey. Sir Edward Coke agregaría que la ley está por encima del rey.
Es así que frente a la Prerrogativa real, se alzaba el Privilegio del Parlamento, cuyas armas eran el derecho exclusivo de votar los impuestos y la libertad de expresión durante sus sesiones. En contraposición el rey podía pasar largo tiempo sin convocar al Parlamento y gobernar sin él mientras dispusiera de recursos económicos.
Cuando Carlos I heredó el trono, en 1625, se encontró con un Parlamento que conoce y venera la ley común (Common law) y cree en el principio de la superioridad de ésta sobre el monarca. Sus líderes vienen de la burguesía y la baja nobleza, son individuos sobrios y de inclinaciones puritanas: se llaman John Pym, John Hampden, Edward Coke y John Eliot, el más brillante orador de su tiempo.
De antigua estirpe celta, Eliot había nacido en 1592 en un pueblo de pescadores en los límites del Cornualles, tierra lluviosa pero de amable temperatura. La posición de su padre le permitió ingresar en el Exeter College de Oxford a los quince años, estudiar derecho y viajar por Francia, España e Italia, en las comitivas del duque de Buckingham y el futuro rey Carlos I. Tenía veinte años cuando se casó con la hija de uno de sus vecinos, un rico caballero de Cornualles y apenas veintidós cuando inició su carrera parlamentaria. En 1619 fue nombrado vicealmirante de Devon, con amplios poderes para la defensa y el control del comercio de la región. Por ese entonces, el pirata John Nutt recorría los mares asaltando las costas del sur de Canadá e Inglaterra occidental. En 1623 Eliot le tendió una trampa: le ofreció un indulto a cambio de 500 libras, pero lo arrestó y juzgó por piratería. Sin embargo cuando estaba a punto de ser ahorcado, intervino George Calvert, entonces Secretario de Estado y lo liberó. Calvert y Nutt tenían negocios juntos en América. Eliot fue acusado de malversación y encarcelado durante un tiempo.
El John Eliot que se sentaba en el parlamento de 1625, no ocultaba su desconfianza y resentimiento hacia la corte, pero los atemperaba mediante la erudición y su talento de orador.
Él y sus colegas no aspiraban a la revolución, como sucedería años más tarde, en 1640. Estos parlamentarios respetaban las formas tradicionales, se arrodillaban respetuosamente ante el soberano, y aceptaban el derecho divino, sin abdicar de sus prerrogativas. Esta situación les llevaba a un dilema: si el rey por su condición misma no puede ser responsabilizado por los errores del gobierno, ¿quién responderá por ellos ante los representantes del pueblo inglés?
Entonces asoma una nueva teoría: la de la responsabilidad ministerial. El único culpable posible es el ministro que hubiera debido iluminar al soberano y para sancionarlo se recurrirá a una antigua tradición, reservada hasta entonces a los traidores: el Impeachment, que literalmente significa "bochorno"; hoy la conocemos como censura parlamentaria.
En 1627, el duque de Buckingham emprendió una de sus alocadas aventuras al acudir en auxilio de los protestantes franceses. Intentó un asalto a La Rochelle que le costó la vida a más de 4.000 de sus hombres, sobre un total de 7.000. El Parlamento pidió el Impeachment y Sir John Eliot fue el orador:
"My Lords, yo diría que si Su Majestad misma hubiese consentido, no disculparía en modo alguno al duque ni constituiría siquiera un atenuante de su delito, pues su deber era de oponerse, con los más encarecidos ruegos e interceder ante Su Majestad hasta hacerle comprender el peligro y las consecuencias fatales que de tal proyecto podrían resultar."
Carlos I no comprendió la sutileza del mensaje, menos aun la nueva teoría que lo inspiraba y respondió: "No permitiré a la cámara que discuta a mis servidores, ni menos a aquel que está más cerca de mí que ningún otro."
No fue el Parlamento quien terminó con las locuras de Buckingham, sino el puñal de John Felton, un oficial de marina, el 23 de agosto de 1628. Un filo que prefiguraba otro que acabaría con la vida del rey, el 30 de enero de 1649.
El mediocre y rencoroso Carlos I clausuró el Parlamento y encerró a John Eliot en la Torre de Londres exigiéndole sumisión y disculpas por sus desobediencias. Eliot se mantuvo firme. En 1631 -hacía un año que estaba preso- se le negaron las visitas, excepto las de sus hijos y lo mudaron a una habitación que en sus cartas describiría como oscura, fría, miserable e incómoda. Su salud comenzó a resentirse y los médicos le hicieron saber que era imprescindible presentar una petición al rey, en nombre de su salud. Lo hizo a principios de noviembre de 1632. "Me arrepiento de todo corazón si he disgustado a Su Majestad", escribió. Para Carlos I la petición no fue lo suficientemente humilde; quince días más tarde Sir John Eliot murió en la Torre. Sus hijos pidieron autorización para enterrarlo en su tierra natal, pero el rey la negó y fue sepultado en la iglesia de la parroquia, donde murió.










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