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MARCOS METHOL SASTRE
Hace exactamente dos años, Colombia estaba en plena contienda electoral para determinar el sucesor de Álvaro Uribe. Frustrada la posibilidad de un tercer mandato de Uribe en virtud de la declaración de la Corte Constitucional en contra del referendo reeleccionista, la opción finalmente recayó en Juan Manuel Santos. Desde su elección como presidente en 2010, el mandatario, busca erigirse como un líder modernizador, habiendo logrado una adhesión electoral sin precedentes en la historia colombiana. Veamos alguno de estos signos.
1) De una política interna reactiva a una proactiva. Sin abandonar la Política de Seguridad Democrática (PSD) implementada desde 2003 que ha asestado duros golpes a unas anacrónicas y agónicas FARC, el presidente Santos no parece conformarse con salir de la "alerta de Estado Fallido" que anunciaba Foreign Policy en 2005, sino que aspira a ocuparse de las demandas sociales como el desempleo y la informalidad, o el déficit de vivienda. La PSD deja de ser la columna vertebral de la política interna o razón de Estado única para la acción doméstica. Las dudas están planteadas por el propio Uribe que considera que esta estrategia supone una victoria del terrorismo.
2) Política de buena vecindad. Desde 2008 las relaciones entre Venezuela y Colombia se vieron muy deterioradas. No sólo se estuvo a punto de un conflicto armado, sino que en términos comerciales el intercambio entre los dos países se redujo de 6.500 a 2.600 millones de dólares en un solo año. Como corolario del primer punto, el hecho de no ajustarse estrictamente a una estrategia alineada a la Doctrina Bush de amigos-enemigos y ejes del mal, ha permitido a Santos restituir las buenas relaciones con sus vecinos, principalmente con Venezuela y Ecuador. En este sentido Uribe ha apuntado sus críticas sobre lo que considera una "diplomacia cosmética", "meliflua y babosa".
3) Proyección sudamericana y mundial. En diciembre de 2010, Santos propuso a su compatriota María Emma Mejía como Secretaria General de la Unasur, ejerciendo el cargo hasta la fecha con importantes sucesos en acuerdos de integración energética, de defensa y seguridad, entre otros. De este modo Colombia busca compartir un liderazgo regional con Brasil, de cara a una era que Santos considera que "puede y deber ser la década de América Latina". En otro orden, hay síntomas de un despegue internacional que parece apuntalar a Colombia. La sigla Civets hace referencia a Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica que son las economías con el mayor crecimiento proyectado por los analistas para los próximos años, en tiempos de multipolaridad y ascenso de potencias emergentes. Sin embargo, las principales dudas pasan por saber cómo compatibilizará Colombia el TLC con EE.UU. y su vocación de integración regional, así como el modo en que definirá de ahora en más su posición en las rondas Doha y frente a las intervenciones de OTAN en África y Oriente Medio (que hasta ahora se alinearon a EE.UU. y no a potencias emergentes como Brasil o China).
Como anécdota, Juan Manuel Santos es el prologuista de Poder y Amor: teoría y práctica para el cambio social, una obra del escritor canadiense Adam Kahane en la cual se retoman concepciones filosóficas del alemán Paul Tillich sobre el impulso a la autorrealización y a unir lo que está separado. ¿Hasta dónde podrá llegar esa pulsión?





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