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Ficha
Estados Unidos 2011. Título original: A dangerous method. Director David Cronenberg. Guión: Christopher Hampton sobre novela de John Kerr. Productores: Jeremy Thomas, Martin Katz. Fotografía: Peter Suschitzky. Montaje: Ronald Sanders. Diseño de producción: James McAteer. Música: Howard Shore. Vestuario: Denise Cronenberg. Elenco: Keira Knightley, Viggo Mortensen, Michael Fassbender, Vincent Cassel, Sarah Gadon, André Hennicke, Arnold Schwering-Sohnrey, Vladimir Matuchin, André Dietz, Anna Thalbach.
Sigmund Freud es una figura lateral en esta historia, que describe una terapia psicoanalítica iniciada en 1904 y desarrollada entre Zurich y Viena durante los años siguientes. El personaje central es en cambio el doctor Jung, que estuvo a cargo de una paciente histérica y llegó a mantener con ella algo más que una relación profesional. El libreto de Christopher Hampton adapta su propia obra teatral sobre el caso, y no sólo sabe hacerlo viable como material dramático sino que también examina el vínculo entre Freud y Jung, que comenzó como la amistad del maestro con su mejor discípulo pero derivó luego a una discordia irreparable, en torno a la obstinación freudiana por atribuir a toda perturbación psíquica una raíz sexual.
Esos episodios reales están prolijamente recreados y además están filmados en los lugares donde ocurrieron, con lo cual adquieren un particular atractivo para espectadores interesados en el psicoanálisis. Pero aún así la película resulta más descriptiva que penetrante, como si un barniz aséptico le impidiera internarse en un asunto que iba a las profundidades del erotismo reprimido y de su reverso (el de la libre manifestación de los impulsos) para establecer un torneo entre dos alternativas que el método freudiano indagó, al abrir una primera puerta hacia el territorio del inconsciente y las fuerzas que allí determinan el comportamiento individual. La película se limita a formular una crónica externa de esa exploración tan honda, que pedía en cambio una mirada perforadora. Curiosamente, el director David Cronenberg se ha caracterizado en su carrera por lo contrario, clavando el diente en la entraña de los conflictos, y sin embargo aquí permanece distante, como si no quisiera ensuciarse las manos.
Lo que queda, a pesar de todo, no es insignificante. Porque contiene información revestida de interés sobre la moral de una época donde la psicoterapia alteró muchas cosas, removió otras e iluminó las restantes. La enunciación científica y el tratamiento metódico de las turbulencias que todo hombre lleva dentro, cambiaron la manera de juzgar la conducta propia y ajena, pero también el enfoque de sus motivaciones y el estudio de sus orígenes ocultos. Por eso, a bordo del barco que se acerca a Nueva York, el doctor Freud le dice a Jung: "¿sabrán que les traemos la plaga?". Se refiere al abismo de revelaciones que se volvería accesible a partir de su práctica terapéutica.
El trabajo de los actores atenúa la frialdad de la película. Porque Keira Knightley tiene momentos explosivos durante las crisis de la famosa paciente que interpreta, y Viggo Mortensen compone con precisión la estampa de Freud, ese genio tan sagaz y controlado. Está nuevamente notable Michael Fassbender (el de Shame), en otro retrato de sexualidad imperiosa y expansiones clandestinas. Ese elenco (apoyado por la estupenda aparición episódica de Vincent Cassel) jerarquiza un producto más limitado y menos candente que su tema. A pesar de que no funciona como análisis de uno de los grandes fenómenos culturales del siglo, la película sirve como manual para iniciados en el universo freudiano.


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