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Exportaciones. Cayeron 39% en los primeros cuatro meses
PABLO BESÓN
El gerente de la Sociedad de Productores Forestales Edgardo Cardozo indicó que las pequeñas empresas madereras están siendo seriamente afectadas por la crisis internacional. Pero agregó que entre las grandes se descarta reducir la actividad.
Uno de los factores que mantiene a las empresas internacionales de gran porte en el país es la ventaja competitiva. Cardozo citó a modo de ejemplo, lo que ocurrió en su momento con Botnia (hoy UPM), quien cerró una de las cinco plantas que tenía a nivel mundial, en tanto tres de ellas redujeron su capacidad de funcionamiento al 70%. Contrariamente a ello la instalada en Uruguay no se alteró en su actividad.
Según el gremialista esto se debe a que "difícilmente le sirva reducir su producción aquí, debido a que es la más competitiva del mundo, tanto por la tecnología de punta que emplea, como por los tiem-pos productivos existentes en Uruguay. Disminuir la actividad en Uruguay es la última medida que la empresa tomaría, pero no porque las condiciones globales, ni las señales políticas aquí sean buenas", indicó.
En lo que hace a tiempos de cosecha la gran ventaja existente en Uruguay es que el proceso de producción de un eucalipto es de entre ocho y 12 años, en tanto en los países del hemisferio Norte donde se desarrolla esta actividad, Canadá o las naciones escandinavas, el plazo es de 70 u 80 años.
Cardozo también descartó el cierre de las grandes empresas, al tiempo que estimó que la venta de las mismas a otros capitales es muy difícil, pues su cotización se depreció sensiblemente.
"En un buen momento de rentabilidad una venta de este tipo se facilita notoriamente, pero en uno de crisis como el actual una operación, más de cifras tan elevadas como las que abarca el sector forestal, se dificulta mucho. Un ejemplo de esto es lo que ocurrió con Urupanel, quien se vendió a capitales ecuatorianos recientemente por el valor de su deuda", explicó. Diferente es la situación en empresas de menor porte del sector, especialmente las nacionales, como es el caso de los aserraderos.
Cardozo sostuvo que es una posibilidad latente que algunas de estas empresas puedan, ante el sobrestock y la falta de colocación, cerrar por un determinado período y como consecuencia enviar al seguro de paro a sus trabajadores.
A esto hay que añadir que las señales a nivel político y tributario están siendo "muy malas" para poder realizar inversiones, según Cardozo.
"En décadas pasadas se respetó el marco jurídico pero desde un tiempo a esta parte el mismo se está estirando como un chicle. Resulta que las empresas realizan inversiones millonarias como nunca en la historia del país y ahora que crecieron les aplican nuevos impuestos", indicó.
El gremialista añadió que, refiriéndose al caso del Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales, que afecta gran parte de las empresas forestales, el daño cuantitativo no es tan grande, pero los mayores perjuicios pasan por el cambio en las reglas de juego y en la seguridad jurídica, factor que en el pasado era una de las fortalezas de Uruguay a la hora de elegirlo para invertir.
El mal momento para el sector forestal a nivel internacional tuvo su punto de partida en el 2007, cuando se desató la crisis en la industria de la construcción en Estados Unidos, país hacia donde se exportaban madera sólida, tableros contrachapados y otros productos de alto valor agregado.
Los mismos pudieron ser colocados en mercados alternativos, como Inglaterra, llegando a sus picos históricos en el 2008, pero esta situación se derrumbó en el 2009, más allá de una leve mejoría en 2010.
La celulosa, que según el momento, representa una cifra de alrededor del 70% de las exportaciones forestales, tras caer en su cotización hasta los US$ 350 por tonelada en el 2009, según la operación y el destino, fue incrementándose lentamente hasta alcanzar los US$ 800 en 2010. Pero a partir de abril de 2011 comenzó una paulatina caída que la sitúa en los US$ 500 por tonelada en la actualidad, indicó Cardozo.
Las exportaciones del sector forestal cayeron 39% en los primeros cuatro meses de 2012, en relación al mismo período del año pasado, de acuerdo a cifras del Uruguay XXI, ubicándose en US$ 275 millones.
Este volumen de dinero excluye lo comercializado hacia la Zona Franca de Fray Bentos, ya que lo vendido hacia allí se utiliza para producir celulosa en la planta de la finlandesa UPM que luego es comercializada hacia el exterior.


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