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Subasta . Hay un documento que describe como auténticas las firmas trazadas en la pelota que se rematará en Brasil. Ghiggia afirmó que esa pelota solo es "parecida" a la del Mundial del 50
CARLOS CIPRIANI LÓPEZ | ANDRÉS LÓPEZ REILLY
La pelota que se rematará el 19 de junio en Porto Alegre no es la que se usó para disputar el partido en que Uruguay se consagró Campeón del Mundo en 1950. El dato surge del cotejo de diversas fuentes, entre ellas el propio Alcides Ghiggia.
"En la primera contienda mundial de la posguerra disputada en Brasil en 1950, se utilizaba el balón de 12 piezas (o gajos), pero con puntas ligeramente curvadas para suavizar las costuras. Una vez más, el balón utilizado en la competición fue obra de un fabricante local. En la final, los anfitriones brasileños quedaron devastados al ser derrotados por sus rivales uruguayos por un marcador de 2 a 1".
El párrafo anterior es parte de lo que puede leerse en el sitio oficial de la FIFA, en una página dedicada a detallar las pelotas con las que se disputaron los mundiales de fútbol, desde el de Uruguay (1930) hasta el de Sudáfrica (2010).
La imagen que acompaña al texto muestra un esférico distinto al que se rematará en Porto Alegre y se oferta (lote 250) como "Bola da final da Copa do Mundo de 1950 autografada pela selecao Uruguaia".
Como se ve en la foto correspondiente, la "bola" que se va a subastar contiene, en efecto, escrituras que documentarían que se trata de la misma del Maracanazo. Pero tiene 18 gajos. Otras fotografías, con diversos planos, enviadas a El País desde la Agncia de Leilões, que tendrá a su cargo el remate, muestran que también hay algunas firmas atribuidas a jugadores e integrantes del plantel uruguayo campeón del mundo.
Entre los documentos que acompañan la oferta y que también envió a El País la casa rematadora de Brasil, figura un acta de declaración y reconocimiento, de la que da fe la escribana María Luisa Cerdeña Vieito. Allí se lee, que el acto notarial se verificó el 30 de abril de 2005, en la ciudad de Las Piedras, en el domicilio de Alcides Edgardo Ghiggia, el veloz puntero que anotara el segundo gol que dio el campeonato a Uruguay en Río de Janeiro.
Según afirma la escribana y consta en los documentos (ver foto), ante sus preguntas acerca del origen, autenticidad y procedencia de la pelota, Ghiggia respondió: "Yo le regalé la pelota a la señora Delia Aurora Pouso Ciappesoni de Borreani, a quien conocí a través de su cuñada que era mi vecina y amiga de la familia, quien en esa oportunidad me solicitó si podía hacerla firmar por el plantel Campeón de 1950".
Enseguida, Ghiggia indica que todo eso "sucedió en el mismo año 1950, pocos días después de haber obtenido el título mundial".
"Yo personalmente hice firmar la misma que es la original utilizada en aquella ocasión por todos mis compañeros y es la que tengo hoy a la vista", agrega Gigghia. A continuación, en el acta se da cuenta de algunas de las firmas estampadas, de difícil lectura, y de las legibles.
Consultado en la tarde de ayer, Alcides Edgardo Ghiggia confirmó a El País que, efecto, él decidió hacer firmar una pelota por sus compañeros campeones. "Fue un gesto de simpatía con la señora, era una pelota parecida", declaró.
SAN CONO. A propósito de la verdadera pelota que él shoteó contra el palo izquierdo del arquero brasileño Barbosa para enmudecer a 220.000 espectadores, el goleador ratificó que fue llevada como ofrenda a la capilla de San Cono por Roque Máspoli, y que allí estuvo hasta 1980, cuando se consumó un robo millonario, cuyos detalles se recordaron igualmente en la edición de ayer de El País.
Esta pelota, que era la original, también estaba firmada por los protagonistas de la hazaña deportiva.
Sobre este asunto, al testimonio de Gladys Castro, viuda del "entreala" celeste Julio Pérez, incluido en la nota publicada ayer en esta sección, se sumó otra confirmación.
Juan José Morialdo, sobrino nieto de Ernesto "Matucho" Figoli, masajista de Uruguay en los cuatro campeonatos mundiales homologados por la FIFA (1924-28-30 y 50), también dijo a El País que la pelota original estuvo en el altar floridense.
Morialdo contó que antes de llevarse la pelota a la capilla floridense, hubo varios asados compartidos por los campeones y sus familiares, en donde la pelota estaba presente como un trofeo. Algunas de esas comidas se desarrollaron en la propia casa de Figoli, en Bulevar Artigas y Pagola, cosa que se recordó y transmitió de generación en generación.
CONMEMORACIÓN. El 16 de julio de 1980 (un mes después del robo en la capilla de San Cono) celebrando el triunfo uruguayo y la hidalguía de los adversarios, El País había traído a Montevideo a dos grandes jugadores brasileños presentes en el último partido del Mundial de 1950. Al goleador Adhemir Menezes y a Moacyr Barbosa, "el arquero de la moral tremenda para sobreponerse a un insuceso que en el correr de los años ha pasado a ser interpretado como la gran lección del fútbol brasileño de todas las épocas". Así se presentaba el encuentro en la primera plana de El País. Por Uruguay, entre otros, estuvieronObdulio Jacinto Varela y el técnico Juan López.


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