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REBAR
Otra vez LA CELESTE. Volvemos a embarcarnos en la nave de la gloria, para intentar una nueva y gran aventura. Zarpamos con destino final en Brasil 2014. Largo será el itinerario para arribar a tantas playas sudamericanas, y es imprudente descartar riesgos. Hemos tomado las precauciones del caso: y a buen recaudo quedan aquí los laureles logrados desde hace casi noventa años, cuando la gesta de Colombes.
Al margen de eclipses como los que, de tanto en tanto, oscurecen la grandeza del firmamento, el fútbol uruguayo se ha mantenido en planos de equilibrio que no aparecen en el balompié de otras latitudes, separadas de nuestro país por enormes distancias en materia de estructuras económicas, superficie, población, seculares historias, que fueron impotentes para arrodillarnos en campos de juego donde, con calidad y rebeldía, fue LA CELESTE la que marcó la gran diferencia: victoriosa en más de un continente, asombro de disímiles razas, emblema de lo que supone dejar en una cancha hasta la última gota de sudor. Por tales virtudes definitorias, Uruguay está hoy en el primer nivel sudamericano, y en el segundo puesto del ranking FIFA. De ahí que la presentación de su selección promueva actualmente expectativa mundial: pero, en todas partes también, se la espera con respeto, sí... pero asimismo con la esperanza de vencerla.
Frente a Venezuela comenzará el periplo. Las eliminatorias siempre han sido complicadas. Cada participante sueña con revalidar testimonios legendarios, o aspira a inaugurar su libro de conquistas excepcionales. Acá, nadie se guarda nada.
El maestro Óscar Washington Tabárez conoce esas particularidades mucho mejor que ningún otro uruguayo. Así como acreditó el talento imprescindible para crear un equipo sobre la base de un grupo de HOMBRES conscientes de la responsabilidad de cada uno, convencidos de los beneficios derivados del seguimiento de conductas humanas que enaltecen adentro y afuera de los escenarios deportivos, el DT más premiado universalmente fue armonizando características personales en favor del rendimiento conjunto: y ese plantel que el próximo sábado ingresará el Centenario para rendir y salvar su primer examen en la etapa clasificatoria que conduce al Mundial de Brasil sentirá, como nunca, el ritmo acelerado del corazón popular, en la más emotiva forma de adhesión.
Suerte, Maestro, por habernos dado tanto en tan poco tiempo. Suerte para sus discípulos, que saben trasladar a los fieles los trazos de sus pizarrones. Un pueblo entero los estará siguiendo día a día, paso a paso, gol por gol.







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