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CARLOS REYES
-¿Cuál es la punta de la madeja para un relato?
-El relato siempre nace porque tengo claro el personaje que lo vive. Y tenerlo claro es como tener claro a un integrante de tu familia, una tía, uno de tus hijos. Cuando vos los conocés bien, sabés que enfrentados a determinadas situaciones, cómo van a reaccionar, porque los conocés bien. Entonces, una abuela tuya, en París, sabés cómo va a reaccionar. Aunque ni vos ni tu abuela hayan estado nunca en Francia.
-¿Y cómo es Natacha?
-Natacha vive en un día lo que otros chicos en un mes: es un personaje intenso.
-¿Busca usted la complicidad del lector?
-Decir que busco complicidad es como que querés vender relojes truchos. Lo que vos tenés que buscar es ser entendible, hablando de cosas que para el otro sean reconocibles, narrando la propia experiencia tal como la vivís. Entonces, no es complicidad: es decir, `entiendo la situación que estás pasando, la comprendo`.
-¿Cómo cree que el niño vive su experiencia diaria?
-Para entender cómo funciona la cabeza de un chico, hay que imaginarse a uno mismo como inmigrado. Y Uruguay y Argentina son países con muchos emigrados. Seguramente todos tenemos un amigo o un pariente que vive fuera del país. Y tenemos anécdotas de cómo han sido tratados, según a qué país vas. Y te dicen, `bienvenido, pero lo mejor es que no robes nada, que no falte nada, porque de lo contrario vas a estar en problemas. Y ahí ya te da bronca. Y a los chicos les pasa lo mismo, cuando los tratan como, `muy lindo todo, pero no rompas nada`, les da bronca. Como los inmigrados, los chicos por una parte están agradecidos de aprender todo lo nuevo, y por otra parte, extrañan el terruño, o sea, unos años más libres, con menos actividades, menos compromisos.
-¿Cómo describiría su prosa?
-Sobre todo, me gustan los diálogos, pongo mucho peso en ellos. Y me gusta mucho la narrativa de orientación psicológica, que traducido quiere decir que me importa mucho lo que pasa dentro de los personajes, como cambian, por qué empiezan siendo así y terminan siendo `asá`.
-¿A qué se debe el éxito de Natacha?
-Es difícil de explicar, hay una cuota que decís, no sé, pero hay otra parte que tiene que ver con que uso un lenguaje, que es el de los chicos de todos los días, para contar las anécdotas de todos los días. Y como los chicos, por lo general, reciben mucha bajada de línea, es decir, hablándoles de un mundo ideal, y de cómo hay que ser para la vida. Y los chicos sienten que tienen que manejarse en la vida, y lo que más les gusta es la eficacia, no son caprichosos, quieren las cosas ya, pero no son caprichosos. Porque si se manejaran caprichosamente, no podrían entender el mundo. Entonces, lo único que les ayuda a entender el mundo es que sea ordenado, que tenga ritmo, que tenga regularidad, orden. Si el mundo es caótico, los chicos se vuelven locos. Entonces, un chico puede ser cualquier cosa, menos caprichoso. Sí puede ser tirano, hiperactivo, inmediato, pero nunca caprichoso. Y como a los chicos les importa mucho la eficacia, cuando quieren saber del mundo, quieren saber las reglas reales.
-Usted también tiene como un mensaje ecologista.
-Sobre el cuidado a la vida, porque lo que corre peligro es la vida. Al planeta, un millón de años más, un millón de años menos, es igual. En todo caso, lo que más me importa transmitirles a los chicos es que se formen una imagen de ellos mismos lo más cercana a la realidad.
-¿De qué disciplinas se nutre para escribir?
-En realidad, es como aprender a manejar con los choques. Cada uno en su profesión es observador, cada uno tiene intuición para lo suyo. Y además estudio todo lo que puedo: psicología, filosofía para niños, yoga, neurociencia, todo. Me gusta todo lo relacionado con el comportamiento humano.
-¿Cómo incide la tecnología sobre el niño lector?
-La informática alteró a todos, a chicos y a grandes. La tecnología nos volvió a todos más dependientes de la comunicación, dependientes en el sentido estricto de la palabra. Y los chicos viven eso también. Ahora hay un sentido urgente, de enviar un mensaje, estamos todos con expectativa de recibir un mensaje. Y con mucha impaciencia. En cuanto a la lectura, el problema es que ahora la lectura tiene que competir con muchos más medios que antes. Hoy los chicos tienen de todo. Pero no es tanto problema de la tecnología, sino de ponerse a pensar de qué escribís, cuando ese chico es productor de contenidos él mismo.
Consultado Pescetti (1958) sobre cómo ve la política exterior argentina, responde: "Argentina, en tanto política, está más centrada hacia adentro, que con políticas exteriores. Entiendo por política exterior, una política activa, de alianzas, de intercambio. Y no es en lo que me parece que destaque Argentina. Otros países de Latinoamérica tienen políticas exteriores más activas, y más provechosas. Ante las cosas políticas, tengo un punto de ubicación: me imagino siendo un maestro que tuviera que explicarlas en el aula. Si son acciones que construyen instituciones, es hermoso de explicar. Pero si veo acciones que no se basan en un ejercicio de lo cívico, sino en un ejercicio de fuerza, es más difícil. Eso es como un buen filtro: imaginarse que tenés que explicarle la realidad a un niño".










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