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Indignación. Una multitud acompañó los restos y clamó por justicia para Ana Camila
CANELONES | PATRICIA MANGO
No fue robo, ni aparentemente un ataque sexual. El móvil del terrible asesinato de la joven Ana Camila Mondragón Sarli (18) mantiene perpleja a la Policía. Anoche dos hombres y una mujer quedaron detenidos, pero no confesaron el homicidio.
A las 23.45 habló por última vez con su madre. Ana Camila regresaba del Liceo Manuel Rosé de Las Piedras, donde cursaba el 5° de Humanístico. Hacía el horario nocturno dado que durante el día trabajaba en Montevideo en un comercio de accesorios eléctricos. Pero tenía por costumbre llamar a sus padres al salir de clases rumbo a la parada del ómnibus.
Y fue lo que hizo. Llegó a la parada en la esquina de Ramón Ortiz y Dr. Pouey y, efectivamente, tomó el ómnibus. Pero nunca llegó a su casa.
Ya sobre la 1 de la madrugada la madre de Ana Camila fue acompañada de sus hijos varones a la Comisaría para hacer la denuncia. Mientras tanto su esposo recorría el barrio en busca de su hija. Y finalmente la halló, a unas dos cuadras en un descampado paralelo a la vía férrea. Allí encontró a Ana Camila maniatada, boca abajo, y con un corte profundo en el cuello. Tenía todas sus pertenencias consigo, incluso el dinero. Ana Camila Mondragón había sido asesinada por una o más personas que, en apariencia, no pretendían robarla. Minutos después cuando llegó la Policía al lugar los detectives no hallaron trazas de una violación. No obstante estos detalles serán revelados por la autopsia.
EL BARRIO. Fuentes policiales confiaron más tarde que todos los indicios apuntan a que Ana Camila fue asesinada en ese mismo lugar, posiblemente luego de ser interceptada al bajar del ómnibus. El sitio es un descampado enorme, de altos pastizales. "Acá se puede esconder cualquiera", dice Washington, un vecino del barrio que vive allí desde hace más de 30 años.
Otro vecino, Wester Duarte, no puede contener las lágrimas cuando habla de la joven. "La conocía desde que era chiquita", dice con la mano a un metro del piso. Duarte vive en la casa lindera a la familia Mondragón Sarli. Dice que el barrio es complicado. "Nueve veces me han robado, la última vez las plantas que tenía mi esposa fallecida", protestó Duarte. Tanto él como su vecino Washington coinciden en que por allí "pasan pastabaseros seguido".
Algunas vecinas tan jóvenes como Ana Camila confiesan que les da miedo andar de noche por las calles. "Yo tengo miedo, hago todos los días el mismo camino", dice una de las jovencitas, que prefirió no dar su nombre. "Era obvio que esto iba a pasar en algún momento", apunta otra vecina que oye la conversación en la vereda.
Todos los vecinos coincidieron en que sería necesario limpiar ese terreno donde apareció muerta Ana Camila, para evitar que se convierta en escondite de delincuentes.
Sin embargo, desde la Policía no tienen la misma óptica. Creen que este es un barrio tranquilo, sin índices delictivos destacados.
Lo cierto es que ahora los investigadores del Departamento de Homicidios de la Jefatura canaria interrogan a cuatro personas, en el entorno de la joven. Algunos allegados sostienen que la joven había reñido con una mujer días atrás. Todo esto es ahora examinado.
"Estimamos, como pasa en estos casos, que en las próximas horas empecemos a recibir los testimonios de las personas que estén vinculadas, pero ahora la investigación está netamente en manos de la Policía, de manera que habrá que esperar los resultados de su trabajo", dijo a El País el juez letrado de Las Piedras, Francisco Massitta, que dirige la indagatoria.
El magistrado había recibido ayer el informe del médico forense, aunque aún no había comenzado a estudiarlo, indicó.
BRONCA Y DOLOR. "Ahora ya está, me la mataron", dijo a El País el padre de Ana Camila cuando acompañaba sus restos al cementerio, junto a su esposa y sus otros dos hijos.
Ana Camila, "Cami" como le decían todos sus amigos, era la mayor de tres hermanos. "Era una princesa, la envidiaban porque era hermosa y muy buena gente", dice una de sus amigas, deshecha en llanto. Una profesora que acompañaba el multitudinario cortejo la definió como "una hermosa persona". Sus compañeros de estudios y amigos se movilizaron además desde la plaza de Las Piedras hasta el cementerio, una columna de más de 200 personas que reclamó justicia a viva voz.
Ana Camila estudiaba y trabajaba, mantenía un noviazgo desde hacía algo más de un par de años, con un joven de su edad, conocido y apreciado por su familia.
En el correr de las horas la Policía indagó a varias personas. De ellos comenzaron a emerger tres personas, dos hombres y una mujer, como los principales sospechosos. Fuentes policiales indicaron anoche a El País que, pese a no existir confesión por parte de ninguna de estas tres personas, los investigadores tenían elementos suficientes como para dejarlos a disposición del juez Francisco Massitta, que deberá interrogarlos hoy. También indagará a testigos que permitieron avanzar en la resolución del caso. (Producción: Renzo Rossello)









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