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Las fallas en los controles, la ausencia de responsables y las pujas internas alarman a los sectores del Frente Amplio
DANIEL HERRERA LUSSICH
Nada gratos serán los recuerdos que tendrán José Mujica y su equipo de gobierno sobre los días que rodearon el 1º de Mayo y que, otra vez, han agitado a los uruguayos. A los motines en las cárceles se sumó la dolorosa estadística de una muerte por día en una sociedad que se ha ido acostumbrando a convivir con la más dura de las violencias, producto de robos audaces, rapiñas o copamientos que culminan con el disparo a matar, aun frente a una persona entregada de brazos caídos. La violencia se instala en todos lados, incluso en donde uno supuestamente debe sentirse seguro como es el hogar, caso de una joven mujer apaleada hasta casi la muerte por un hombre.
La profunda crisis que vive la educación en todos sus niveles exhibe ya serios efectos negativos y son causa directa de esta transformación que se observa en la sociedad uruguaya. La droga llega a todos los niveles sociales, el alcohol afecta ahora a jóvenes de 13 y 14 años y la desunión familiar es cada vez más visible. Asimismo, se le suma la falta de políticas y métodos adecuados de un gobierno que cada día exhibe una mayor impotencia para combatir la inseguridad ciudadana y la violencia familiar.
Con el viento a favor de contar con una economía próspera, pocas veces vista y con una notoria baja del desempleo a cifras récords, el Ejecutivo no encuentra la fórmula de eliminar o paralizar todos los males que golpean sin piedad a los uruguayos, sin distinción.
Esa inquietud general y los desaciertos de las alturas se vieron el pasado fin de semana. Nada menos que el presidente Mujica tuvo que reconocer que él era el responsable de que los militares se demorasen en hacerse cargo de la custodia de las cárceles. "Fue un error mío, tuve la idea y la demoré", dijo.
Pero los males para Mujica no llegaron sólo por este motivo. Asistió el martes pasado a los festejos en Carmelo por los 100 años del puente giratorio sobre el Arroyo de las Vacas. Mientras hacía uso de la palabra una mujer interrumpió su discurso y le pidió que "mirara el estado del puente". Esta salida despertó el malhumor del mandatario, interrumpió sus palabras y se retiró. Desde que asumió el cargo es la primera vez que le toca vivir un episodio de esta naturaleza que, sin duda, tensa el ambiente y despierta resistencias.
Y a todo esto se suma la notoria falta de convocatoria que irrita a todos los sectores del Frente Amplio. La gente escasea en los actos, en parte ocurrió lo mismo en los festejos del 1º de Mayo, y en la actual campaña para la elección interna del próximo 27 para elegir presidente y otras cinco opciones nacionales y departamentales. Nos decía un alto vocero: "Los buenos humores no están a la orden del día".
LOS PROBLEMAS. Hasta ahora la inseguridad, la violencia doméstica, la caótica educación o un decadente sistema de salud se están combatiendo sin una orientación, sin una conducción o liderazgo que impulse al gobierno por el camino adecuado. Todos los discursos o medidas no logran calmar al ciudadano, en constante riesgo mientras camina por las calles. Y el consuelo que llega desde el gobierno no aporta confianza, por el contrario.
Ante cada episodio de inseguridad, nueva falla en la enseñanza o descontrol en la salud se escucha una explicación machacona, en la que pocos creen. Con bombos y platillos se vocifera con tono convencido que se investigará el caso para alcanzar el fondo del asunto. Así pasan días, meses y los resultados no se concretan o no se difunden. Todos los altos jerarcas siguen pegados a la silla del cargo y nadie se inmuta ni se asumen responsabilidades. Se realizan sumarios, que deben pasar de una oficina a otra, por ejemplo en la Intendencia de Montevideo, y que luego el silencio los rodea. Pero nadie olvida que la caída de un árbol del ornato público en Carrasco aplastó y mató a una joven señora. O que sigue sacudiendo a la sociedad los asesinatos en dos CTI en manos de dos enfermeros asesinos en serie. Y nadie puede olvidar los asesinatos, que golpean casi a diario, durante los repetidos asaltos o rapiñas en casas o comercios.
LOS MOTINES. La última explosión surgida en el Comcar, y luego en el Centro de Rehabilitación de Mujeres, tuvo como saldo fatal un agente de Policía asesinado por un recluso con una pistola que todavía se indaga quién la introdujo en el Penal. Hubo heridos y destrozos por casi siete millones de dólares, obligando al traslado, sin demasiada atención, a casi mil penados. En la cárcel de mujeres la revuelta sobrevino por el anuncio erróneo de la suspensión de visitas de familiares. Se observó por televisión la virulencia de las presas y su ánimo de destrozar y quemar todo lo que estuviera cerca.
En realidad, los motines no tomaron por sorpresa a nadie. Desde largo tiempo el comentario general hacía especular con un suceso trágico en los penales. Todos conocen los motivos: sobrepoblación, droga, falla de controles en el ingreso de las visitas. Las armas abundaban más que en el comercio de un armero, lo mismo los famosos "cortes", armas letales en manos de los reclusos. Se sabe que las bandas abundaban, últimamente encabezadas por narcos peligrosos. Se nos comentaba que se planeaban y dirigían robos y comercio de pasta base desde las propias celdas, a través de mensajeros o por llamadas de celulares, un aparato que abunda en cualquiera de los lugares de detención. En los episodios recientes no sólo se encontró el arma que permitió asesinar al policía, sino que entre los escombros de los pisos incendiados se requisaron revólveres y otros tipos de armas.
Sin duda los controles y las revisaciones no existen y, si las hay, son de tal mal funcionamiento que da la impresión que se trata de un régimen de puertas abiertas.
En las distintas filmaciones que se observaron estos días en el Comcar resultan claras las fallas en la vigilancia y la ausencia absoluta de la mínima disciplina, lo que también se vio que no existe en los familiares de los detenidos. Los que siguieron las lamentables jornadas por la pantalla chica habrán sido testigos y escuchado la agresividad y el calibre de los insultos hacia los guardias, que hay que reconocer se comportan con corrección y sin excesos.
Habrá que esperar los resultados de las investigaciones, aunque en principio aparecen claramente las fallas en la Policía, en el Ministerio del Interior y en especial las de su titular, Eduardo Bonomi, que en un momento de la revuelta no dejaba de insinuar las responsabilidades del comisionado parlamentario Álvaro Garcé y la jueza Gabriela Merialdo de los desenlaces en los penales.
Estos fueron los lamentables sonados hechos de la semana, pero sin duda es difícil llegar calmos y sin motivo de alarma a la que comienza. Nada menos que la primera dama, la senadora Lucía Topolansky, en declaraciones realizadas en Argentina, lanza al ruedo la asombrosa e inquietante iniciativa de que las Fuerzas Armadas deben integrarse o regirse ideológicamente con el Frente Amplio. Casi simultáneamente el secretario de la Presidencia, el Dr. Breccia, deja entrever la posibilidad de legislar para limitar la libertad de prensa en la televisión. La verdad es que los dichos de figuras del gobierno solo despiertan alarma. Mujica afortunadamente todavía mantiene su pragmatismo y repite: "No hay mejor ley de medios que la que no existe".










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