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RUBEN LOZA AGUERREBERE
Es un libro conmovedor e intemporal; una de las obras clásicas de la literatura francesa. Rápidamente despertó pasiones en las generaciones de lectores, las que se suceden leyéndola. Hablo de una novela que los que la leyeron no la olvidan: "Maulnes el Grande", de Alain Fournier, quien murió a los 28 años, cerca de Verdún, apenas se inició la Primera Guerra Mundial.
Afortunadamente, acaba de reeditarse en España por "Alianza Literaria". En esta edición, el traductor es el poeta y novelista Ramón Buenaventura, quien en el prólogo señala los "criterios no frecuentes" de su tarea. Esta es acaso la traducción más ajustada al original, puesto que Buenaventura tradujo a Fournier sin hacerle modificaciones. Respetó, incluso, irregularidades, porque quizá gracias a ellas debe este libro su felicidad. Conocido siempre como "El gran Maulnes" ("Le grand Maulnes"), lo tituló "Maulnes el Grande", atendiendo el detalle físico del personaje (era grande), que importa en la historia. Lo habían hecho traducciones inglesas.
Un escritor es original o no lo es. Cuando lo es, se exhibe de manera sencilla y clara. Henri Alban Fournier, autor de poemas y de esta única novela (publicada diez meses antes de su muerte) lo fue y tan escasa obra ingresó a la mejor literatura. Nacido en Chapelle d`Anguillon en el departamento de Cher, vivió su infancia en la Sologne. Estudió cerca de París, pero no concretó su intención de acceder a la Escuela Normal Superior. Amigo de Jacques Riviére, luego sería su cuñado, en 1909. Un detalle importante: en junio de 1905, en los muelles del Sena, Fournier conoció a quien sería el amor de su breve vida: Yvonne Quiévrecourt. Sobre esta joven, inspiradora del personaje literario Yvonne de Galais, que tiene un rol importante en su novela, volvería a saber ocho años después, cuando estaba casada y era madre de dos hijos. Muerto en la guerra, como dijimos, su cuerpo fue hallado en una fosa común alemana recién en 1991. Hoy está en el Cementerio Militar de Saint Remy la Calonne.
Pero volvamos a la novela. Es un relato retrospectivo, escrito por un narrador activo. En páginas recrean la vida de la adolescencia, ese mundo de aventuras, que es una etapa única y muy especial. Esa época cuando éramos inmortales, como bien se ha dicho. Es, así, una novela de la amistad, de las lealtades y los amores juveniles. Francois Seurel, un jovencito reservado, que se siente deslumbrado por su nuevo compañero de estudios, Maulnes el grande, como era conocido por su estatura, en un centro. Y aparece Ivonne de Galais, que seduce con su gracia. El destino, que suele ser caprichoso, irá dibujando a los personajes caminos que se bifurcan, en los que irán quedando ilusiones camino de la madurez.
Este libro publicado por primera vez en 1913, que se convirtió en un clásico en Francia y el extranjero, debe su felicidad a la poesía de sus páginas, a la gracia estilística de Fournier y sus espléndidas vivencias de la Sologne. Fournier captura y describe un mundo de ensueño.
Por cierto, la memoria, que suele ser industriosa, dictó al joven escritor el tono y el color de estas aventuras juveniles, en un libro que abunda en páginas memorables. A quien escribe como lo hizo Alain Fournier, le adivinamos alma de cántaro. Poesía, seducción, vida y un eco de melancolía, hay en esta historia tan seductora como la miel es dulce.







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