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DIEGO FISCHER
Estimo que se les debe haber acabado el repertorio. Porque nadie ha salido a dar explicaciones sobre qué pasó -a comienzos de la semana que termina- con la recolección de basura en Pocitos y parte de Punta Carretas. Si usted vive en uno de esos barrios o anduvo por allí entre el lunes y el miércoles, habrá comprobado cómo los desperdicios desbordaron una vez más los contenedores e inundaron veredas y calles dejando un olor nauseabundo por todos lados. El panorama era el mismo que se vivió en toda la ciudad durante el conflicto de Adeom. Aquel que terminó luego de que la intendenta Ana Olivera convocó al Ejército a limpiar Montevideo. ¿Se acuerda?
Ahora no sabemos porqué, o mejor dicho, nadie informó oficialmente la razón por la que los contenedores explotaron por enésima vez y las moscas y ratas estuvieron de fiesta nuevamente.
"Recibí varias denuncias y por ese motivo pedí que se realizara una investigación, estoy a la espera de esos resultados", declaró a El País, el jueves último, el director de Desarrollo Ambiental de la Intendencia, Juan Canessa. ¿Otra investigación, Canessa? ¡Para qué, si la basura se acumuló a los niveles que muchos vimos porque los basureros no pasaron! ¿O se necesita la instalación de una comisión para entender algo tan básico y elemental?
A esta altura me aburre escribir una vez más sobre el mismo tema. Lamentablemente, no será la última; pero también me sorprende y preocupa la resignación de la gente. Los montevideanos pagamos impuestos municipales más altos que los parisinos y madrileños, ¿a cambio de qué? De publicidad en los canales de televisión en la que se nos invita a participar en Cabildos, (¿se discutirá en ellos por qué nos obligan a vivir entre la mugre?); de salarios enormes y beneficios increíbles para los miles de funcionarios que hacen que trabajan en el Palacio Municipal. Para abonarles a los inspectores de tránsito el sueldo y además darle carta blanca para que multen a diestra y siniestra, porque se llevan un porcentaje importante de las sanciones que aplican. Eso en cualquier país civilizado y sensato se llama corrupción institucionalizada. Aquí le dicen incentivos.
Pero así están las cosas. O mejor dicho siguen estando las cosas. Montevideo mugrienta, mal iluminada, con un tránsito que en horas pico se vuelve un infierno. Montevideo es una ciudad sin proyectos, sin ambiciones y sin sueños.
Ahora no perdamos la esperanza, porque en cualquier momento la Intendencia ordena una investigación administrativa, crea una nueva comisión, nombra unos 200 funcionarios nuevos para integrarla, aumenta los impuestos y crea una nueva tasa que se llamará "al reclamo" o "a la queja"... y todo seguirá como hasta ahora.









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