
|
||||||||
LEONARDO GUZMÁN
Las palabrotas suenan fuerte y feo, pero patentizan un amargo límite de la capacidad de discurrir. Indican un no-pensar. Hasta por eso, las groserías del ministro de Defensa no merecen olvido.
Como excompañero, el obispo Jaime Fuentes le dirigió a Fernández Huidobro una cariñosa admonición: se la contestó peyorativamente. Lacalle observó que el destrato a Jesús agravia a los cristianos: obtuvo sólo alusiones hirientes en la Epístola al Obispo. Monseñor Cotugno relativizó la ofensa: no tuvo fortuna. La prensa intentó preguntarle: respondió con otra andanada. Pero el tema no puede tenerse por agotado, en la legión de ciudadanos que no integramos el coro de comedidos de ADM que festejó con risotadas en vez de pararse e irse y prefirió funcionar como una platea de Tinelli.
Ciudadanos de un país que se construyó con sacrificios recios, no debemos soportar callados que se siga rebajando los valores, degradando el lenguaje y trivializando palabrotas. Tamaña decadencia nos ofende como personas y como nación.
Haya sido Jesús la evangélica encarnación de Dios o haya sido sólo el más bueno de los hombres, para que 2012 años después sigamos contando los siglos desde su nacimiento ha de haber sido mucho más que un flaco y todo lo contrario de un gil. Su perdón cambió la cuenta del tiempo: ese solo hecho -positivo, social- obliga a respetarlo. Por lo cual, ningún tribuno con investidura de Estado puede tomar a la chacota la delgadez de Jesús como no puede burlarse de la obesidad de Buda o la rigidez de las Tablas de la Ley o la teogonía de Iemanjá.
Lo zaherido fue el respeto: ese que fundó Artigas cuando sin independencia ni Constitución, hace 199 años mandó en las Instrucciones: "La libertad civil y religiosa será garantizada en toda su extensión imaginable". Los agraviados, pues, somos todos: unos en lo directo de su fe, todos en lo directo de nuestro amor a la libertad.
Por lo demás, el zafio orador transgredió claras reglas de Derecho. Todos los reglamentos mandan que los funcionarios sujeten su conducta, incluso privada, a un decoro que en la verborrea ministerial se eclipsó. Habrá sido congruente con su estilo, pero no fue consecuente con las normas cuyo cumplimiento debe exigir a sus subordinados. Y hay más. El insulto soez apareció como colofón de "A mí me piden que pida perdón pero me anuncian que no me van a perdonar: es medio de imbéciles eso ¿no? Vos pedime perdón que yo no te voy a perdonar… y bueno, andá a la p… q… "
Pues bien: ese adversario contradictorio es un fantasma inventado para insultarlo. ¿Quiénes son y dónde están esos que le reclaman que pida perdón pero anuncian que no van a perdonarlo? Si un ex guerrillero está en la Presidencia merced al respeto unánime por el sufragio, ¿nada le dice al fino expositor que ni siquiera los llamados a "ni olvido ni perdón" -surgidos desde sus cofrades- han logrado erosionar el espíritu de mano tendida y libertad que nos rige desde 1985?
A la vista de las miserias en que puede caer el pensamiento cuando se desliza por la pendiente de la incultura, es imperativo de conciencia mantener viva la condena a este género de desplantes y repudiar el aplauso de los solícitos y la indiferencia de los distraídos. Porque para entendernos, debemos ampliar todos nuestro horizonte de comprensión y, por tanto, no debemos admitir que se legitimen barbaridades de este jaez.





La tristeza y la melancolía se traslucían anoche en mozos y clientes de La Pasiva. Después de 42 años el tradicional restaurante ...
Dos manifestaciones realizadas el pasado sábado y lunes, por algunos vecinos de Manga derivaron en destrozos de comercios, ...
La senadora Lucía Topolansky (MPP) advirtió a legisladores del Frente Amplio que los gremios docentes preparaban una ofensiva con ...
Mientras en la educación hierven los conflictos por carencias edilicias, el presidente José Mujica reconoció errores y admitió ...
En base a datos del Observatorio sobre Criminalidad, que identifica las zonas de Montevideo y los horarios en los que se producen ...