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MARIANO GRONDONA
La vida política se ordena a partir de una frontera invisible pero real que pone de un lado a los amigos y del otro a los enemigos. A esta clasificación ordenadora habría que agregarle la inclinación vital de cada uno de los protagonistas, porque hay políticos que buscan por instinto la pelea y "necesitan" enemigos para sentirse motivados en tanto que otros aspiran al acuerdo y la concertación. Cuando los tiempos son ásperos, prevalecen los políticos conflictivos. Cuando los tiempos son benignos, prevalecen los conciliadores.
La Argentina de los últimos años ha sido "áspera", debe encerrar algún enojo profundo, porque en ella han prevalecido los esposos Kirchner. Durante el mismo período el Uruguay ha sido conciliador porque, si bien fue gobernado por tres partidos diferentes, basta observar cómo coinciden su presidente y sus ex presidentes en las celebraciones comunes para confirmar que ninguna valla es tan alta como para separarlos irremediablemente.
En un país enojado, los políticos irritables llevan las de ganar. Pero los Kirchner han triunfado en la Argentina desde 2003 hasta la fecha no sólo porque fueron, objetivamente, los portadores más representativos del enojo nacional sino también porque lo llevaban adentro, en sus propias entrañas.
Ellos han vivido sus carreras políticas a caballo del enojo hasta un punto tal que, cuando parecía no haber enemigos a la vista, de inmediato los creaban.
La lista de aquellos a quienes Cristina considera sus enemigos no ha hecho más que alargarse desde que ganó su reelección en octubre de 2011, con el 54 por ciento de los votos. Algunos de sus actuales enemigos son en realidad "ex amigos" porque intimaron con los Kirchner hasta hace muy poco. A la cabeza de esta lista figura Hugo Moyano, que todavía encabeza la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT). A Moyano habría que sumarle la familia Eskenazi, a la que la presidenta ha escogido como un blanco preferido después de haberle regalado, prácticamente, una porción sustancial de YPF, el gigante petrolero hispano-argentino.
Otros a quienes Cristina considera sus enemigos políticos, lo fueron desde siempre. Tal es el caso de Mauricio Macri, el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que es el único distrito del país que no depende financieramente del Estado nacional. La presidenta aspira a quebrarle ahora a Macri su base financiera al traspasar de golpe la administración de los subterráneos y los colectivos a la ciudad, quitándole al mismo tiempo los subsidios nacionales de los que disfrutaba.
Pero también gobiernos externos como el de España, socio de YPF, y los de Brasil y Uruguay, socios del Mercosur a los que el gobierno de Cristina les está restringiendo el libre comercio al que tienen derecho, se sienten afectados. El gobierno de Cristina está llevando el espíritu proteccionista a tal extremo que pretende cerrar la frontera nacional a la importación de los libros, basándose en la inédita sospecha de que ellos traerían en sus páginas tintas nocivas para la salud de los argentinos.
En 2008, el gobierno de los Kircnher chocó, y perdió, con las fuerzas del campo. ¿Son ellas, hoy, "ex enemigas"? Entre el campo y el gobierno media, apenas, una tibia tregua porque la animadversión de Cristina contra el campo no ha amainado. ¿Pero es posible pelearse con casi todo el mundo, como lo está haciendo la presidenta argentina?
Cristina parece creer que sí porque por algo ha obtenido el aval electoral del 54 por ciento de los argentinos. ¿Respondió empero su aplastante victoria a que el país aún seguía enojado como ella, o aquella alta cifra obedeció a razones menos épicas y más banales como ser que el país creció a "tasas chinas" desde 2003? Esta pregunta es válida porque el crecimiento proyectado para 2012 es sólo del 3 o el 4 por ciento. La economía se está enfriando. También se están enfriando las encuestas favorables a Cristina, que ya han bajado de 54 a 42 puntos.
¿O no será que los argentinos están pasando a su vez de un espíritu de confrontación a un espíritu más calmo que los induce a preferir las relaciones de amistad a las relaciones de enemistad?
Si éste es el cambio que se aproxima en los estratos profundos de la sociedad argentina, que no cuenten con Cristina.









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