
|
||||||||
Neutralidad uruguaya. Repercusiones locales de la guerra en el Sur
Durante el conflicto del Atlántico Sur el gobierno dictatorial uruguayo, presidido por el teniente general (R) Gregorio Álvarez, se declaró neutral.
Brasil, la potencia de la región, más bien miró hacia otro lado. "Estamos en el umbral de una tercera guerra mundial", estimó Gregorio Álvarez mientras visitaba al dictador chileno Augusto Pinochet.
Muchos heridos de guerra británicos, en viaje a Londres, hicieron escala en Montevideo, a donde arribaron también un millar de prisioneros argentinos y un puñado de ingleses como paso previo a su liberación.
El grueso de la opinión pública uruguaya se mostró partidaria de los argentinos -aunque con diversos grados de reservas- mientras se desarrollaban los enfrentamientos, como quien observa un partido de fútbol a la vez fascinante y aterrador. Sectores más politizados, entre ellos la izquierda, entonces proscripta, trataban de hilar fino: bien por el anticolonialismo y el nacionalismo, sí; pero respaldar a la junta militar encabezada por Galtieri ya era demasiado.
Entre las voces discordantes resaltó la de Enrique Tarigo, un político del Partido Colorado que adquirió gran popularidad por su campaña de 1980 contra el proyecto de Constitución de los militares, finalmente rechazado en el plebiscito del 30 de noviembre por el 57,2% de los votantes. Para sorpresa del grueso de la opinión pública, que era influenciada por la propaganda argentina divulgada por televisión, Tarigo afirmó que ansiaba el triunfo de los británicos pues, en caso contrario, la dictadura argentina se perpetuaría, lo que fortalecería también al régimen militar uruguayo, entonces en franco declive.
Los partidos políticos habilitados se preparaban para las elecciones internas que se realizarían el 27 de noviembre de 1982, que implicó un amplio triunfo de los sectores de oposición. Dos días antes el gobierno abandonó la "tablita" que regulaba el valor del dólar, lo que provocó una aguda devaluación de la moneda uruguaya. El país, que ya estaba hundido en una profunda recesión, ingresó de lleno en una grave crisis económica y financiera signada por el quiebre de empresas y de la cadena de pagos y un índice de desocupación récord. Argentina ya recorría el mismo camino desde 1981. Veinte años después, en 2001-2002, las economías de los dos países seguirían un libreto muy parecido.
"Argentina debe volver, lenta, dolorosamente, a la edad de la razón", escribió Tarigo en el semanario Opinar en junio de 1982, tras el fin de la guerra; y Uruguay deberá tomar el mismo camino anunciado por el régimen argentino tras la derrota: el de la apertura democrática. De hecho, la hecatombe política del régimen argentino fue un fantasma que pesó mucho en el ánimo de los militares uruguayos, lo que contribuyó a la salida democrática pactada formalmente en el Club Naval en agosto de 1984.
La guerra de las Malvinas elevó la autoestima de los británicos, una potencia en declive que, para colmo, había sido humillada en 1956, cuando aliada a franceses e israelíes atacó Suez sin la venia de Estados Unidos y fue obligada a retirarse bajo presión de Washington y Moscú. Se consolidó el liderazgo de Margaret Thatcher, quien gobernó hasta 1990, y Gran Bretaña siguió a Estados Unidos en diversos conflictos, según la alianza tradicional. Las relaciones de Argentina con Estados Unidos -y con Gran Bretaña- son vidriosas hasta hoy.
Mientras tanto, después de la rendición el 14 de junio, el panorama en Argentina fue tan desolador como el aspecto de los territorios que acababa de perder. El 15 de junio una manifestación en Plaza de Mayo terminó en drama. Esta vez Galtieri no salió al balcón.
La junta argentina se dividió aún más ("en aquel burdel no había a quien dirigirse", según la expresión atribuida al secretario de Estado norteamericano Alexander Haig). Galtieri perdió su cargo de inmediato y, tras el naufragio del "Proceso de Reorganización Nacional", para los militares argentinos se abrió una larga era de deshonra.
El nuevo presidente militar argentino, Reynaldo Bignone, convocó a elecciones, que se realizaron en octubre de 1983. El peronismo recibió su primera derrota en las urnas ante Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical, quien asumió la Presidencia en diciembre.
Las tendencias ultranacionalistas y autoritarias, comunes en amplios sectores de la sociedad, menguaron. "La politización se tiñó de una dimensión ética, y el pluralismo -escasamente apreciado en experiencias anteriores, donde el adversario era sistemáticamente tachado de enemigo- se afirmó como valor político fundamental", escribió el historiador argentino Luis Alberto Romero.









![]() |
Las víctimas de los enfermeros Marcelo Pereira y Ariel Acevedo tenían entre 65 y 90 años y, más allá de alguna complicación de ...
Se tomaron 5.607 horas no autorizadas en 2011 y el Directorio del banco quiere que el sindicato las pague. Desde AEBU se afirma ...
Tras reforzar su fondo de rescate, la zona euro quiere ahora un gesto del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el G-20 para ...
Unos veintena de ómnibus con turistas uruguayos quedaron varados el viernes a la noche en el Chuy. La medida fue adoptada por las ...
La familia de dos jóvenes asesinados por un menor fugado del INAU demanda al organismo por US$ 290.000 por haber incumplido su ...