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JORGE ABBONDANZA
En la televisión por cable hay de todo. Hay canales dedicados al cine, al deporte, a los niños, a las variedades, a las noticias o a las series. Pero también hay canales culturales, un sector supuestamente vinculado al conocimiento sobre arte, ciencia, viajes o historia. Uno de esos canales es el National Geographic, nombre que deriva de la revista norteamericana homónima. Dicha señal no se limita al campo de las exploraciones geográficas, sino que también suele echar vistazos históricos para servir a una audiencia probablemente confiada en la veracidad de los datos que se le brindan.
El jueves 16 a las 22 horas, National Geographic ofreció un documental titulado De fiesta con la reina de Francia, donde se comparan los bailes de disfraz del siglo XVIII en la Ópera de París, con una orgía del siglo XX en la casa de Hugh Heffner, el de la revista Playboy. En aquellos bailes aparece María Antonieta como protagonista de una disipación en que la reina "se acostaba con cualquiera" y se mostraba en la Ópera "con poca ropa" mientras tomaba demasiado champagne. Sin ánimo de blanquear la figura histórica de esa mujer, corresponde rectificar la información que reciben los espectadores de National Geographic.
Porque María Antonieta (1755-1793) por lo que se sabe, sólo cometió adulterio con el conde sueco Axel Fersen, no se desnudaba en el teatro y prefería tomar agua, ya que no probaba el vino. Sin embargo, National Geographic debe manejar otro libro de Historia Universal, porque la película también afirma que María Antonieta mantuvo una relación amorosa con su cuñado el conde de Artois y guardaba 5.000 vestidos en sus roperos, aunque en Versalles no había lugar para tanta ropa considerando que en el palacio vivían 2.500 personas. Pero además ese documental ilustra su relato con abundantes fotografías de la Ópera Garnier, una sala inaugurada cien años después de aquellos bailes de máscaras, confundiendo así un teatro con otro y despistando a un público ilusionado con que los canales culturales sepan lo que dicen.
Para alivio de National Geographic cabe añadir que los disparates afectan también la programación de otros canales culturales. Eso incluye al History Channel, que en una película sobre Tutankamon sufrió las consecuencias de una mala traducción de su texto, llevando al locutor a decir que ese faraón había reinado 13.000 años antes de Cristo, que en verdad fueron 1.300. Las fallas al pasar del inglés al español permitieron que otro documental sobre la guerra tradujera "battleship" (acorazado) como barco de batalla, "army" (ejército) como armada, "casualties" (bajas en acción) como casualidades y "deception" (engaño) como decepción. Habría que multar a los canales culturales y quitarles el rótulo que no merecen.









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