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El riesgo de enfermar se relaciona con hábitos de vida. Vida saludable y naturaleza estan muy relacionadas.
Eduardo Casanova
Médico de UCM
En la biología moderna podemos encontrar una aplicación de la antigua sentencia de Cicerón respecto a que, "para distinguir una ley buena de otra mala, tenemos una regla solamente: la naturaleza".
Las leyes biológicas se sostienen en un equilibrio de los seres vivos con la naturaleza, con la naturaleza de sí mismos, y del entorno. En ese equilibrio se encuentran las claves de vida y salud. En la medida que los hábitos o normas de conducta quebranten ese balance, se producirá la enfermedad y la muerte. Así, las leyes o normas de conducta, regularán hábitos saludables o enfermizos.
Leopold, en el siglo pasado, llamó "ecología" al mencionado equilibrio, y llamó la atención acerca del riesgo de alterarlo mediante la contaminación del entorno. Más tarde, Potter, al definir la bioética, centró los riesgos de la "supervivencia" humana en los actos (ética es praxis o conducta humana), en la medida que alterasen el equilibrio ecológico.
Actualmente los conceptos de riesgo de enfermedad se han relacionado más directamente con hábitos de vida. Dichos hábitos pueden ser más saludables o enfermizos, según una relación más o menos adecuada con la naturaleza. Un ejemplo supone considerar que el organismo humano, apto para caminar, correr, trepar y lanzar, puede entrar en un circuito sedentario y enfermizo, en el que no recorre ni 200 metros, entre que se levanta de la cama, hasta que vuelve a ella en la noche. Lo mismo, al consumir tabaco o alcohol en exceso.
Dichos hábitos resultan enfermizos no sólo a nivel biológico, sino psicológico y social, ya que la salud humana se concibe integrada, no sobre compartimentos estancos. La adecuación con la naturaleza a la que se refería Cicerón se amplía así desde el orden jurídico, al ordenamiento de hábitos saludables.
Los contaminantes del aire, el agua y la tierra por agentes físicos y químicos derivados de la aplicación tecnológica, se acompañó de otro tipo de contaminación en la medida que la tecnología promovió también cambios en normas de vida que resultaron insalubres. Una filosofía consumista y utilitarista, que priorizó la "eficiencia productiva", impuso un ritmo de vida excesivamente competitivo y economicista, que retaceó el tiempo dedicado a la actividad física, deportiva y social, sobre todo a la familia y al descanso.
El sedentarismo y las comidas rápidas, hipercalóricas, pueden considerarse efectos contaminantes de hábitos, un estilo de vida, que promueve trastornos biológicos como el síndrome metabólico y enfermedades cardio y cerebro-vasculares. Dicho estilo de vida acelerado, estresante, también favoreció desequilibrios psicológicos, que llevaron al aumento de adicciones y a acrecentar distintos tipos de violencia social.
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José Mazzini 2957
Las vacaciones pueden ofrecer un vínculo más estrecho con la naturaleza que facilite cultivar hábitos saludables, como hacer ejercicio y comer sano. Los escenarios de nuestro país, tanto a nivel de la costa como del campo, pueden contribuir al cultivo de dichos hábitos.







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