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Verano. Lo frecuentan miles de personas
COLONIA | PEDRO R. CLAVIJO
El balneario Artilleros se convirtió este año en una de las grandes atracciones del verano coloniense. En enero no quedó casa por ocupar y espacio verde por utilizar. Está a 30 kilómetros al Este de Colonia y a tres de su hermana Santa Ana.
Por Ruta 1, en el kilómetro 151,500, se ingresa hacia el Sur. Se transita unos tres kilómetros por bitumen y se llega a un hermoso lugar, arbolado con gran extensión de playas.
Las grandes arboledas que circundan la playa tuvieron siempre grandes campamentos, y la calle principal estuvo poco menos que intransitable.
Sólo se podía recorrerla a paso de hombre: decenas de autos y cientos de personas, se acomodaban para transitar. Claro, todo con respeto, donde nadie intenta quitarle el lugar a nadie, ni que ello pueda provocar un accidente.
Artilleros es casi una playa familiar. Quizá más grande de la que soñó don Lorenzo Copes, cuando fraccionó la extensión arenosa a orillas del Río de la Plata. Aquella playa estupenda de finas arenas, llana por completo y apta para tomar sol y baños, tenía un gran futuro. Fue entonces que tras las extracciones de arena de 1917, trece años después se llevó a cabo el fraccionamiento.
"Fue un adelantado", reconoció su nieto, Domingo Copes, que hoy tiene el comercio más grande del lugar y brinda todos los servicios al turista con un gran restaurante, supermercado y lugar de entretenimientos con música en vivo y discoteca. Domingo, que vive en Artilleros con su familia, es como el alcalde natural del lugar.
Todo lo que se necesite, "en lo de Copes lo vas a encontrar". Él soluciona todo.
En un momento de su atareada jornada que comienza a la seis y termina a las tres de la madrugada o más, Copes, comentó a El País, que el balneario fue pensado para recibir a la gente de Tarariras, Ombúes de Lavalle, Cardona, Colonia Miguelete, Rodó, y toda la amplia zona rural del centro del departamento.
Esas son poblaciones que no tienen río, y el esparcimiento en la playa es un atractivo inigualable. Fue así que el fraccionamiento fue siendo adquirido por inversores de esas zonas. El paso del tiempo, fue sumando a algunos lacacinos y colonienses, pero todo manteniendo el entorno familiar.
"Aquí nos conocemos todos, somos vecinos desde hace años, aunque ahora, se tomó la opción de alquilar", dijo Copes, quien advirtió que en enero, no queda ninguna casa sin ocupar. Los precios por día van hasta US$ 120 o incluso US$ 150.
Durante el año conviven unos 100 vecinos, pero en la temporada hay hasta 10.000 personas. Esa es la prueba del éxito que tiene.
Los argentinos también llegan de visita. Hay algunos que han alquilado, porque les gusta la movida.
Mirando desde el amplio ventanal del Parador Copes, la playa se muestra cubierta, los lugares de deportes colmados, y en la calle hay un movimiento infernal. Enfrente está el destacamento policial.
"Es un lugar tranquilo, donde no hay problemas", dice Copes, destacando una gran solidaridad entre los vecinos. Incluso la Policía realiza en algunas jornadas, profundos controles, para evitar que sospechosos puedan alterar la tranquilidad.
En el restaurante se puede almorzar por $ 200. La carta es de cocina internacional y cuenta con un servicio de primer nivel. Tiene un salón climatizado, y un amplio espacio afuera, techado, y hermosa visibilidad hacia el río.
Una excursión con cincuenta brasileños, era atendida en ese momento, mientras que varios argentinos, estiraban la hora del almuerzo, jugando un pool y tomando el aperitivo.
"La gente viene con tiempo, espera la hora del almuerzo, jugando en los billares o al futbolito como pasatiempo", dice Copes, mientras conversa con algunos clientes.
Los partidos de fútbol, a la tarde o a la noche, arrastran parcialidad. "Vas a ver esta tarde Barcelona y Real Madrid la gente que trae", manifestó Copes hace unos días.
En la calle principal hay puestos de venta de pasteles, tortas fritas, helados, ropa, música y agua caliente. El termo de agua caliente es a voluntad, aunque todos dejan 10 pesos.
La tarde, es el momento de mayor movimiento. Después de las cinco, la playa vuelve a completarse de gente, no hay lugar donde estacionar y el ambiente es de gran jolgorio.
Según el día, pero si la temperatura ayuda, son las diez de la noche y la gente sigue en la playa. Algunos fogones se prenden, y el bullicio baja, pero sigue la buena onda.
n "La juventud, sobre todo, elige este lugar, porque incluso hay bailes, o discotecas" -expresó Domingo Copes, nieto del pionero del balneario- haciendo hincapié que Artilleros es diferente a Santa Ana, su vecino que tiene "una onda más tranquila", con propietarios que tienen sus fincas para llegar a descansar durante todo el año. Copes señaló que Artilleros tiene algunas carencias, como por ejemplo la falta de un local de cobranzas, o un cajero automático, y que el tema de atención de salud, es cumplido desde Juan Lacaze, que queda a pocos kilómetros. Las emergencias llegan en pocos minutos en caso de que se necesiten.









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