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JORGE ABBONDANZA
Linda Boreman se hizo famosa a los 23 años, en 1972. Claro que no usaba su verdadero nombre, sino el seudónimo Linda Lovelace, apellido artístico que significa Lazo de Amor. Empujada por su marido Charles Traynor, Linda justificó ese apodo al convertirse en actriz de cine pornográfico y en aquel año filmó Garganta profunda, sin saber que esa película se transformaría en un clásico del género, tan reconocido como para exhibirse fuera del circuito de salas especializadas. Ese título, que cumple 40 años en 2012, demuestra la lejanía del escándalo que lo acompañó, porque a esta altura ya se ha evaporado aquella aureola prohibida y el público del siglo XXI se asusta mucho menos que el de la década del 70, quizá porque en televisión ve muchas más intimidades de las que pudo imaginar por adelantado.
El estrellato de Linda fue fugaz, sus películas siguientes fracasaron, se divorció de Traynor, dejó el cine y publicó una autobiografía de poca venta. Cambió el terreno de actividad y repudió su pasado sumándose al movimiento feminista, formuló declaraciones contra la pornografía y en 2002, a los 53 años de edad, murió como consecuencia de un accidente de tránsito. Al amparo del tiempo que ha pasado, ahora la actriz no es el tema de una película, sino de dos que se preparan simultáneamente. Las escabrosas referencias de esa carrera, que además de insignificante fue tan efímera, explican que dos equipos profesionales de gente notoria (y sus correspondientes presupuestos) se embarquen en ese par de biografías cinematográficas que podrían dedicarse a personajes más consistentes. Pero el escalofrío que aún hoy la pornografía puede provocar en cierta gente, explica muchas cosas y hace pensar en otras, empezando por la boletería.
Uno de los proyectos se titulará Lovelace, se basa en un reciente libro biográfico de Eric Danville y cuenta con reparto encabezado por Amanda Seyfried (la muchacha de Mamma Mia) junto a Peter Sarsgaard (como Traynor), Demi Moore (como activista por los derechos de la mujer), Sharon Stone (como madre de Linda) y James Franco (como el dueño de Playboy). Tiene dos directores, que son Rob Epstein y Jeffrey Friedman, pareja que suele trabajar en equipo. El otro proyecto se llamará Inferno, A Linda Lovelace Story, y será dirigido por Matthew Wilder, con elenco integrado por la joven actriz sueca Malin Ackerman y por Matt Dillon como marido de la protagonista.
En el mejor de los casos, puede esperarse que esas películas ubiquen el revuelo de Garganta profunda en el contexto de una época que tuvo su revolución sexual y fue un momento donde ocurrieron otras cosas, desde la retirada de Vietnam o el caso Watergate hasta la crisis de los grandes estudios de Hollywood, el ocaso de los hippies, el afrolook de Angela Davis, el secuestro de Patricia Hearst, la horrible muerte de Sharon Tate, los atrevimientos fotográficos de Mapplethorpe, la crisis internacional del petróleo o el desnudo en público de los streakers. Claro que tantas cosas no caben en una película, y ni siquiera en dos.










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