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Un film sobre el primer año de cuatro niños en cuatro países | Un film sobre el primer año de cuatro niños en cuatro países
MATÍAS CASTRO
Cuatro bebés distintos en cuatro lugares muy distintos del mundo: Mongolia, Namibia, San Francisco y Tokio. Esa es la idea básica del aplaudido documental "Bebés", del francés Thomás Balmes, que se estrena el próximo viernes en cines.
"Nuestra forma para filmar esta película fue meticulosa y metódica así como los resultados son sorprendentes y adorables. Ninguna escena fue preparada. Dejamos que la magia y los milagros ocurrieran a su propio tiempo", dijo Balmes a la prensa francesa en ocasión de la presentación. La idea del film es mostrar esas cuatro realidades contrastantes a lo largo de una primera etapa de la vida, los primeros doce meses, y así también descubrir puntos en común y explorar, desde el lado de la ternura, cuestiones relativas a la naturaleza humana.
La experiencia previa del realizador no podía aparentar más lejanía con este tema. En A decent factory (2004) había explorado las condiciones de trabajo de la fábrica china donde Nokia fabrica las piezas de sus celulares. En sus otros films, por ejemplo, este cineasta de cuarenta años indagó en realidades como la de los guerreros de Kenya que trabajaban para las Naciones Unidas en Bosnia, la fiebre por la "Vaca loca" vista desde la perspectiva china, y los entretelones de un estudio de abogados especializado en ciertos casos.
La idea de Bebés surgió seis años atrás, cuando el también documentalista y fotógrafo Alain Chabat (además de ser el doblador oficial de Shrek en Francia) se la propuso al director. Había tenido la idea en mente por mucho tiempo, aunque con mayores ambiciones. Originalmente quería seguir bebés durante sus tres primeros años de vida y armar todo ello como una gran partitura y así crear, finalmente, un extenso videoclip sobre ellos.
Para Balmes, una idea así era exactamente lo contrario de lo que solía hacer en sus películas. "Pero cuanto más hablábamos más podía imaginarme un tratamiento diferente para su idea original. Un tratamiento que iba a ser mucho más compatible con lo que yo hago", comentó al New York Times al momento de presentar su film en Estados Unidos.
Chabat explicó en una entrevista que su primera idea había consistido específicamente en algo apoyado en todo tipo de música popular y no tanto en comprar imágenes de archivo de bebés, como creía el director. En cierto punto ambos se pusieron de acuerdo, pero eso no hizo que el proyecto se volviera más sencillo ya que implicaba un largo seguimiento en cuatro continentes. Las diferencias horarias, de identidad, de idiosincrasia y de recursos en un país y otro afectaron el proceso de rodaje, que exigía una constante atención para buscar los momentos más destacados de los niños.
"Queríamos estar ahí en cada oportunidad que ciertas cosas pasaban por primera vez, ya sea la primera vez que escuchaban música o comenzaban a caminar", explicó Balmes al New York Times. "Esperábamos conseguir pequeños milagros, porque no puedes hacer actuar a los bebés. Así que hay que esperar y observar para asegurarse de que estás en el lugar y en el momento correcto".
En el proceso previo al rodaje revisaron entre quince y veinte familias en cada país como potenciales candidatos para dar con las cuatro adecuadas a las exigencias del proyecto. "En el fondo, no hay malos bebés", decía Chabat en una entrevista cuando explicó su percepción de todas estas familias y niños candidatos.
Otro de los problemas que tuvieron fue dar con los cuatro países indicados. Querían que estos cuatro sitios reflejaran distintos aspectos de la transición entre tradición y modernidad. A partir de ahí pasaron a buscar a las familias candidatos mientras las madres estaban embarazadas, cosa que abría una buena incógnita en cuanto a los bebés por sí solos. El punto importante de las familias, más allá de sus formas de ser, era su disposición a ser filmadas junto a sus recién nacidos durante más de un año y, por lo tanto, entrar una suerte de reality show que eventualmente se iba a decantar en los ochenta minutos de la película.
Según quienes la han visto, hay una gran cantidad de momentos en esta película que enternecen y despiertan exclamaciones de parte del público. Algunas de estas secuencias son la de Hattie, el bebé de San Francisco, subiendo y bajando en unos elásticos. O Mari, de Tokio, en un arranque de enojos. Bayarjargal, de Mongolia, tiene su momento "emotivo" cuando descubre atónito a un gallo a los pies de su cama. Cualquier padre que haya pasado por la experiencia de la crianza de un hijo encontrará que situaciones como esas, y aún otras más minimalistas, pueden constituir todo un hallazgo.
Los dos responsables del proyecto saben de estas experiencias, ya que cada uno tiene tres hijos. De hecho, Romain, el hijo más chico de Balmes, nació más o menos al mismo tiempo que los protagonistas de la película, cosa que hizo que el director estudiara la posibilidad de incluirlo como protagonista. Su esposa descartó la idea de plano. Ese tiempo fue para él un tanto complicado, ya que dedicó casi dos años al rodaje, con viajes constantes entre todos los países. Buena parte del material fue filmado por él mismo sin asistencia. El resultado fueron cuatrocientas horas de película que debían ser sintetizadas en un largometraje. Eso exigió dos años más de trabajo. La evolución de su propio bebé quedó reservada para su familia. Pero lo que se verá en cine, naturalmente, puede tener algunos puntos en común.
La película "Bebés" carece de voz en off y de diálogos. Solo se trata de imágenes. "Este es el documental más real que hice nunca", dijo el director Balmes a la hora de presentarlo en Estados Unidos. "Es lo más cerca que he estado del documental en su forma más pura. La mayoría de los documentales son producidos como largometrajes y eso mata su especificidad, sus particularidades. Pero en este caso, al no haber voz de narrador ni guión el foco está en la gente real". Y en este sentido el resultado final se parece mucho a lo que él dice sentir con respecto al género documental en general.
La gracia y el interés de la película, como es lógico, proviene del contraste entre realidades que propone. La periodista estadounidense Constance Rosenblum decía que los occidentales se sentirían más o menos familiarizados con lo que hacen o viven los niños de Tokio y San Francisco que se ven en pantalla, ya que sus actividades (con la familia y en el jardín de infantes) implican juegos de manos, rondas y cantos. Sin embargo el mismo público puede encontrar extraño que un niño sea bañado en una tina de metal de cuya agua beben algunas cabras que pasan por el lugar. El descubrimiento de esas diferencias y la naturalidad con que puedan ser aceptadas es uno de los puntos de interés que promueve el film.
"Esperamos que cuando la gente vea la película se den cuenta que no solo se trata de bebés. Se trata de ser humano y estar en el mundo", dijo el director. De ese mismo modo su intención es que la película atraiga más público de los que pueden estar directamente interesados por que se preparan para tener un bebé o acaban de tenerlo. "Para un recién nacido todo es una gran aventura. Cuando de pronto se pueden parar derechos uno quiere aplaudir. Es un momento estilo Indiana Jones, aunque sea solo un bebé parado".


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