Jueves 27.12.2012, 21:47 hs | Montevideo, Uruguay.

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Si ayer analizábamos los problemas que planteó el 2012 a nivel de política internacional, las últimas noticias con las que se despide auguran un 2013 plagado de turbulencias. Unas turbulencias que exigirán un timonel de brazo firme y con visión clara de hacia dónde busca apuntar la política de inserción internacional de Uruguay. Algo que, lamentablemente, parecemos estar muy lejos de tener.

Si hubo una noticia que impactó en la política de América Latina en este final de año, fue la enfermedad del presidente venezolano Hugo Chávez. Por primera vez en casi 15 años de gobierno hegemónico en su país, y de una proyección regional como solo puede dar una billetera cargada de petrodólares, la imagen de invulnerabilidad del coronel venezolano se ha visto afectada. Y mientras el gobernante se encuentra en La Habana para una nueva y opaca intervención médica, queda cada vez más claro que su tiempo como foco de liderazgo político regional parece estarse terminando.

Vale aclarar que esto se dice sin una pizca de alegría ni satisfacción. Por mayores que sean las diferencias ideológicas, lo que existe detrás de todo político es un ser humano, y muy mezquino sería aquel que se alegrara cuando alguien atraviesa una circunstancia tan difícil.

La gran duda es cómo impactará en la región la ausencia (o la presencia disminuida) del gran fogonero y financista de buena parte de las contradicciones políticas en América Latina de estos últimos años. ¿Implicará una mayor hegemonía de Brasil? ¿Generará un nuevo avance de la influencia de EE.UU.? ¿Se interesará finalmente México por lo que pasa al sur de Panamá? Y sobre todo, ¿qué sucederá con los gobiernos y fuerzas políticas que durante el apogeo chavista han cobrado mayor protagonismo en base más que nada a su apoyo? Preguntas que el 2013 amenaza responder con una gran carga de incertidumbre.

Otro capítulo importante de la política regional que puede tomar un cariz preocupante es la situación en Argentina. Pese a haber ganado las elecciones de 2011 con un 54% de los votos, el año que termina ha sido tenebroso para la presidente Cristina Fernández. El modelo económico que impulsó con su esposo Néstor Kirchner ha comenzado a resquebrajarse, arrecian las denuncias de corrupción, se ha agudizado su enfrentamiento con sectores empresariales, y buena parte de la sociedad argentina ha comenzado a dar muestras de peligroso fastidio. A esto se suma la pelea con los corporativismos gremiales de enorme poder en ese país, y hasta una ola de saqueos previo a la Navidad. Todos hechos que auguran un 2013 cargado de tensiones e incertidumbres, a medida que la presidente va quedando cada vez más sola y vulnerable, en un país marcado por una histórica inestabilidad política.

Pero hay un tercer polo de dudas para este 2013 que está por comenzar, y es nada menos que Brasil. El país que ha sido la potencia emergente de moda en los últimos años, el milagro económico y político impulsado por el Partido de los Trabajadores, que ha extendido su influencia imperial por toda la región, también comienza a emitir luces amarillas. La economía de esta locomotora regional exhibe alarmantes señales de estancamiento, y con ello vuelven los reflejos proteccionistas y nacionalistas que históricamente han dado tantos dolores de cabeza a Uruguay. A esto se suma una imparable seguidilla de escándalos de corrupción que amenazan llegar ahora a golpear incluso hasta la figura intocable de Lula da Silva, gran padrino de la izquierda "progresista" latinoamericana de los últimos años. ¿Qué efectos tendrá esto en la región? ¿Cómo nos impactará económicamente? ¿Afectará el liderazgo brasileño en la región?

Estos tres focos de potencial inestabilidad regional de cara al año que está por comenzar no son únicos. Hay circunstancias menos visibles pero igual de peligrosas, como el impacto de la guerra entre los carteles de la droga y el gobierno mexicano, justo en momentos del retorno al poder en ese país del histórico Partido Revolucionario Institucional, y cuando esas organizaciones parecen estar mirando cada vez más al sur.

Todas estas cuestiones agudizan la importancia que para Uruguay tiene una política exterior lúcida, flexible y profesional. Lamentablemente debemos reiterar que no es este el caso actual. Un motivo de seria preocupación para este 2013 que comienza.

El País Digital

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