Jueves 06.12.2012, 16:19 hs | Montevideo, Uruguay.

Activar lengüetas



 
 
4 5 105 105
Vota por esta Noticia:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  • 105 votos
Comentarios: 0

Cada vez peor. Esa es la única reflexión posible ante el último episodio protagonizado por el canciller Luis Almagro, al echar al representante blanco en la CARP, Juan Gabito, a raíz de la filtración de un informe presentado al partido que representa en el organismo binacional. Pero la valoración del hecho, para ser justa, debe hacerse en tres contextos. Primero en relación con el episodio en sí, el postergado dragado del canal Martín García. Segundo en relación a los vínculos con Argentina. Y por último en el marco de un manejo de la política exterior -sectario, entreguista y corto de miras- que a contrapelo de la tradición histórica del país, nos hace pasar cada día más vergüenza.

Mirado aisladamente, y buscando encontrar de alguna forma una explicación para la deriva que viene padeciendo el Canciller, el episodio de la filtración de un informe reservado, muy duro con la contraparte argentina, puede ser visto como negativo para el clima de negociación en el organismo binacional. Pero a poco que se estudia el tema, se ve que todo el manejo que se viene dando en torno al postergado dragado de esa vía fluvial, está marcado por una turbiedad, un secretismo, y una falta de profesionalismo, que vuelven al episodio en algo intrascendente. En los largos años de negociación, no se avanzó nada en algo fundamental para el interés nacional, en un proceso marcado por denuncias de corrupción, de soborno, de precios fraguados, y toda la batería de chicanas y dobleces imaginables.

Fue sacado el ex presidente de la delegación uruguaya, y hombre de confianza de Almagro, Francisco Bustillo, en una movida para dar satisfacción al gobierno argentino que se había molestado por una denuncia de soborno nunca aclarada. Se retiró el representante colorado, Luis Anastasía. Se prorrogaron contratos, se suspendieron licitaciones, se manoseó a empresas. Y sin embargo, no solo no se ha logrado un mínimo avance, sino que ahora pende la amenaza de que el próximo 15 de enero el canal puede quedar sin mantenimiento.

Esto nos lleva al segundo punto, el vínculo con el gobierno de Cristina Kirchner, fijado por el presidente Mujica como una de sus grandes prioridades, y como eje para diferenciarse de su predecesor, Tabaré Vázquez. En tres años de esta estrategia, no se ha logrado nada. Tan solo la liberación de los pasos fronterizos, algo ilegal, condenado por el fallo de La Haya, y que ya se caía por su propio peso. Más allá de eso, la política genuflexa, tolerante con toda clase de desplantes, agravios y afrentas, solo ha conseguido acicatear la soberbia y el tono paternalista con que nos trata el gobierno del país vecino. El argumento de que esa postura es casi inevitable, porque la alternativa es una "reacción de barrabrava", es absurda. Si la única actitud realista es el arrodillarse permanentemente, tal vez sería mejor dejarse de formalismos y entregarle el manejo de nuestra política exterior a los Kirchner, Timerman y compañía.

La realidad es otra. Es que el sector del presidente Mujica se siente cerca del kirchnerismo, y le duele demasiado poco plegarse a sus directivas. La prueba es el bochornoso episodio en que nada menos que el canciller de la República, se prestó para participar en un evento político de tercera, organizado en Mar del Plata por una patota kirchnerista para celebrar el fracaso del ALCA.

Y esto nos lleva al tercer punto. El desmanejo en general de nuestra política exterior. En estos tres años se han roto todos los récords de nombramientos políticos en la Cancillería, se ha destruido la carrera profesional, y se ha cambiado una honrosa tradición de diplomacia inteligente, sutil y respetada, por una política de hacer los mandados a los "amigos" de turno, ya sea Brasil, Argentina, Venezuela, y ahora también a Irán.

Un gobierno democrático y con mayorías propias como el actual tiene derecho a imponer su perfil en casi todos los ministerios. Pero si hay uno en el cual la estrategia debe ser consensuada, particularmente en un país chico, es el de las Relaciones Exteriores. Ninguna política exterior eficaz se construye en cinco años, sino que para que sea respetable a nivel internacional, debe tener un horizonte a mucho mayor plazo. Como si no hubiera ya suficientes señales al respecto, este último exabrupto de Almagro deja en claro que no tiene lo que hace falta para ser el canciller del Uruguay.

El País Digital

Clic en botón Play
para escuchar
la noticia

Te recomendamos las siguentes noticias

    Otras noticias de Editorial

    Comparte     Corrige y comenta
     
    Cavani marcó para Napoli
    :: Fútbol Internacional ::
    Cavani marcó para Napoli

    El delantero uruguayo puso en ventaja a su equipo en la derrota como local ante el PSV por 3 a 1. De todas formas el equipo italiano clasificó a la siguiente fase.

    Ir al inicio