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HERNÁN SORHUET GELÓS

Después de varios amagues gubernamentales de imponer algún control o restricción al libre ejercicio del periodismo en los medios de comunicación, finalmente dieron el primer paso. Fueron siete años de suspenso, ambientados en el laboratorio regional, donde han ocurrido una serie de atropellos a la libertad de expresión.

Casi siempre estas estrategias comienzan con una primera medida de pequeño porte, relativamente fácil de justificar, lo cual tiene la ventaja de que no surge como muy evidente la intención subyacente de evitar que determinadas informaciones de la realidad, lleguen al gran público. La reciente decisión del Ejecutivo de censurar contenidos de los noticieros de la televisión uruguaya es ese primer paso.

Con la excusa de proteger a los menores de edad de escenas y noticias que puedan tener violencia extrema, se aprovecha para presionar a los medios de comunicación para que eviten o reduzcan los contenidos de información relativa a la escalada de violencia que asuela -y escandaliza- a la sociedad; como si el no informar sobre los delitos cotidianos los eliminara por arte de magia.

Medidas gubernamentales como ésta, lamentablemente, nos retrotraen a los años oscuros de la dictadura, en la cual la libertad de prensa estuvo suspendida, y con ello uno de los pilares básicos de la libertad civil.

No fue casualidad que en la Conferencia Hemisférica sobre Libertad de Expresión, celebrada en Ciudad de México en marzo de 1994, los representantes civiles y políticos de toda América aprobaron la Declaración de Chapultepec. Parece oportuno recordar algunos de sus contenidos, basados en el principio rector fundamental a no olvidar jamás de que la libertad pertenece a las personas y no al poder.

"Sabemos que la existencia de la libertad de prensa no garantiza automáticamente la práctica irrestricta de la libertad de expresión. Pero también sabemos que constituye la mejor posibilidad de alcanzarla y, con ella, disfrutar de las demás libertades públicas. Sin medios independientes, sin garantías para su funcionamiento libre, sin autonomía en su toma de decisiones y sin seguridades para el ejercicio pleno de ella, no será posible la práctica de la libertad de expresión. Prensa libre es sinónimo de expresión libre". La Declaración recuerda que políticos que proclaman su fe en la democracia son a menudo intolerantes ante la crítica. Por lo tanto, cuando se está en el ejercicio del poder suele existir la tentación de lograr alguna clase de control sobre ella.

El primer principio que reivindica el documento dice que no hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades: es un derecho inalienable del pueblo. Por lo tanto, solo él podría condicionarla.

Particularmente oportunos resultan otros dos de sus principios. El 5° dice: "La censura previa, la imposición arbitraria de información, la creación de obstáculos al libre flujo informativo y las limitaciones al libre ejercicio y movilización de los periodistas, se oponen directamente a la libertad de prensa". El 10º: "Ningún medio de comunicación o periodista debe ser sancionado por difundir la verdad o formular críticas o denuncias contra el poder público".

Nuestro país comenzó a transitar un camino muy peligroso.

El País Digital
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