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JULIA RODRÍGUEZ LARRETA

En este mundo entrelazado en el que vivimos, nada nos es ajeno. Aunque la nuestra sea otra región, lo que ocurre en Europa aquí también gravita. Su proyecto unificador, con el Euro a la cabeza, se ha venido desbaratando y su supervivencia se halla en serias dificultades. Vale la pena imaginar los distintos escenarios, con gobernantes que no todos tiran para el mismo lado para contener la grave crisis. Condicionados como están por circunstancias históricas y del momento; arrastrados por las fuerzas del mercado y la agitación política, su liderazgo ha sido puesto a prueba.

El problema estructural es simple de diagnosticar. No es posible la existencia de una moneda única con los distintos sistemas impositivos y previsionales de sus miembros. Corregir implica mayor unificación, con la consecuente pérdida de soberanía , una profunda reforma del tratado de Maastricht y las deudas de todos los miembros, solidarias. En ese punto reside el problema de emitir Eurobonos para relanzar la economía de la UE y solventar los déficits fiscales y jubilatorios de algunos países. Pero Alemania, Holanda, Finlandia y algún otro, no aceptan convertirse en los garantes de estas emisiones, a no ser que se profundice rápidamente la unión. España e Italia, al igual que Portugal e Irlanda, están haciendo grandes esfuerzos para reducir sus déficits. Grecia no sabe o no puede. La Francia de Hollande confronta a Alemania haciendo hincapié en la reactivación. En otras palabras, seria emitir y devaluar, para hacer más competitiva la zona. Alemania tiene que escoger entre no ceder; dejarse llevar por la troika (Francia, Italia y España) o salirse del Euro antes de gastar toda su pólvora.

Difícil decisión. La economía alemana depende de sus exportaciones (45% de su PBI), y si se sale de Euro y vuelve al Deutche Mark, su moneda sufriría una rápida revaluación, haciendo peligrar su competitividad frente al Euro. Simultáneamente, Alemania tendría que salvar su sistema bancario y de seguros, ya que los activos denominados en Euros, perderían gran parte de su valor y se produciría una quiebra generalizada. Posiblemente Holanda y algún otro país siga su ejemplo inmediatamente. Desde lo político inmediato, no es una opción impopular y es realizable sin mayores escollos.

El desafío más complicado para la Merkel es seducir a Hollande para profundizar el proyecto común donde la moneda solo puede salvarse si todos se someten a una recaudación pareja y a los mismos beneficios jubilatorios, en función de sus aportes. Un presupuesto federalizado y una política monetaria y bancaria centralizada. Para entenderlo pensemos en EE.UU. No todas las regiones tienen los mismos ingresos. Los sueldos y la recaudación en Silicon Valley, California, no son el mismo de Little Rock, Alabama, pero la vara es la misma y el sistema funciona. ¿Estarán Hollande, Monti, Rajoy y otros, dispuestos a ceder poder político frente a una autoridad supranacional y no en un futuro, sino bastante pronto? Únicamente así Alemania se haría solidaria de la deuda común.

Se organizan cumbres, se reúnen los ministros de hacienda. Se forman comisiones interdisciplinarias. Hay discursos. Manifestaciones, apoyos y repudios. Con el tiempo, sin embargo, la política del parche y del bombero será insostenible por su dinámica y los agentes en juego como los desocupados, los indignados reaparecerán en un clima de desasosiego y sin horizonte.

Al no tomarse ninguna decisión de fondo y actuando en función de la crisis y de como se desarrolla, el panorama se volverá cada vez mas resbaladizo. El viernes se acordó capitalizar los bancos con problemas, fundamente a los españoles por la cantidad de préstamos hipotecarios en mora y a los italianos, fuertemente invertidos en obligaciones del gobierno italiano, donde la deuda del país es sustancialmente mayor a la española. Se produjo un alivio. La bolsa que se había desplomado, volvió a subir. Bajaron las primas de riesgo. Alivio. Pero próximamente habrá que darle a Grecia para que pague sus vencimientos.

Se parece a una calesita, cada vez más veloz, a punto de partir su eje.

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