
|
||||||||
FRANCISCO FAIG
Durante décadas la izquierda desconfió del capitalismo. La avaricia del burgués y del terrateniente fue denostada. Tras ella se escondía, vil, la explotación del proletariado y de la peonada. Generaciones enteras cantaron "a desalambrar". Vituperaron contra las empresas transnacionales. Descalificaron a las inversiones extranjeras por piratas y a sus socios nacionales por vendepatrias y entreguistas.
Ya en el poder, la izquierda cambió. Sin sonrojarse, hizo todo lo que había criticado con vehemencia hasta ese entonces. No esperó mucho en 2005, para aceptar y defender a Botnia, cuando en 2004 no había votado en el Parlamento el tratado con Finlandia. Incentivó con suculentas exoneraciones fiscales, como nunca antes, la radicación del capital extranjero. Arregló con el Fondo Monetario y aplicó sus recetas tributarias; privatizó Pluna; y asoció de hecho a Ancap con Venezuela.
Con la fanática fe del converso, llegó a promover una ley para dar mejor marco a la participación público-privada, con tal de avanzar más en las inversiones privadas en infraestructura. Concedió privilegios inauditos, que incluyeron compromisos de recalificaciones de tipo de tierra y exoneraciones tributarias extraordinarias, para que se instalara en Colonia una gran industria extranjera vinculada a la madera. Redujo la dimensión ambiental a un estorbo menor con tal de promover un puente entre Maldonado y Rocha, o con tal de instalar a la minera Aratirí sin queja alguna sobre el destino foráneo de sus ganancias.
El Frente Amplio en el poder renegó así de su identidad anticapitalista forjada por décadas. Lo hizo en silencio, sin siquiera una mímica de autocrítica, sin un ademán de honestidad intelectual para procesar el duelo por sus viejas y repetidas tonteras panfletarias. Se podría justificar el asunto con el argumento de la madurez ya que, en definitiva, la izquierda pasó de vivir una larga y opositora adolescencia, quejosa y voluntarista, a ser responsable del destino nacional.
El problema es que se pasó de rosca. Con tal de lavar sus pecados, y sufriendo la culpa por haber repetido con voz engolada y durante décadas tanta sandez a la Galeano, se ha transformado en el gobierno más entreguista de la historia del país. Por ejemplo: la irresponsabilidad de estos años en la asociación Pluna- Leadgate forma parte de esta izquierda genuflexión. Son decenas de millones de dólares que se vienen gastando en algo que no funciona, en vez de invertirse en lo que se sabe es imprescindible: educación y seguridad.
Pero hay otros ejemplos ilustrativos: el bochornoso papel de la administración Vázquez con relación a Ence; la inefable torpeza con la que se sigue manejando la posible asociación de AFE; las incalificables excepciones que se plantean en Rocha para reordenar cierto territorio costero a favor de tal o cual inversión internacional; la voltereta en Maldonado para, desde la Intendencia, favorecer la construcción de las siniestras gigantes torres de Punta del Este; la servil oferta de zona franca para cualquier gran emprendimiento que luzca capitalista -desde Montes del Plata a edificios en Aguada o en Pocitos.
Este es el capitalismo izquierdo. El militante frenteamplista no quiere verlo. Con Viglietti en el MP3, autista repite, como un mantra, los simplismos de Galeano. Protegido tras su muro de yerba, espera por Tabaré y refunfuña contra la derecha.










Un caballo provocó ayer la muerte de un hombre de 56 años en la rambla de Pocitos. El equino estaba fuera de control, al igual ...
No se venderá marihuana a extranjeros para evitar el "narcoturismo", un efecto que padeció Holanda. Los compradores registrados ...
Obtuvo 39 votos en contra y apenas 4 a favor. El exmandatario repudió la decisión del Senado, que no le dio tiempo para preparar ...
Entre julio y setiembre, los pingüinos magallánicos migran y llegan a costas esteñas de Uruguay, a veces empetrolados, exigiendo ...
El vicepresidente Danilo Astori admitió ayer que la regulación de contenidos de los medios de comunicación puede "limitar la ...