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PABLO DA SILVEIRA
Las elecciones internas del Frente Amplio quedaron atrás y los sindicatos de la enseñanza lanzaron la ofensiva que estaban conteniendo. Desde el lunes 11 de junio se vienen organizando paros regionales en liceos de todo el país. El viernes 15 le tocó el turno al área metropolitana (Montevideo, Canelones, Colonia, Soriano y San José), pero ese día también hubo paros nacionales de Primaria, UTU, Formación Docente y la Universidad de la República. Entre el jueves 21 y el martes 26 habrá más paros regionales.
El miércoles 27 habrá un paro nacional. Además, seis dirigentes de Fenapes se aprestan a iniciar una huelga de hambre. La Rendición de Cuentas se aproxima y las elecciones internas del Frente Amplio complicaron la agenda, así que es hora de echar el resto.
Que los sindicatos peleen para mejorar salarios y condiciones de trabajo no tiene, desde luego, nada de objetable. Pero hay al menos tres aspectos de su comportamiento que merecen crítica.
El primero es lo ambiguo de sus justificaciones. Según la dirigencia sindical, el principal motivo de disgusto es que el 2 de mayo el presidente Mujica les prometió reunirse para discutir la Rendición de Cuentas y ahora no quiere hacerlo. A cambio les ofrece un encuentro con el ministro de Economía y el director de la OPP.
Nadie duda que hay aquí mucha responsabilidad del presidente de la República, que una vez más aplica aquello de "como te digo una cosa, te digo la otra". Los sindicatos tienen razón en sentirse defraudados ante su incumplimiento. Pero no es cierto que les estén cerrando la puerta en la cara. Una entrevista con el ministro de Economía y con el director de OPP es algo que desearían muchos dirigentes empresariales, políticos y sociales. Paralizar la enseñanza ante esa oportunidad es una actitud tan caprichosa que impide tomarla como la explicación real. Los sindicatos pueden ser criticados por muchas razones, pero no por ser irracionales. Acá no se está peleando para que el presidente cumpla su palabra, sino por plata. Paralizar la enseñanza es una forma de hacer presión para quedarse con una mayor tajada.
El segundo aspecto en el que los sindicatos merecen ser criticados es su total insensibilidad ante los costos sociales que generan. La cantidad de horas de clase que se va a perder en el correr de este mes es tremenda. El impacto que eso tendrá sobre las oportunidades educativas de muchos miles de uruguayos es sumamente grave. Pero nada de eso parece contar para los sindicatos. Parecería que para ellos hay un único método, que es interrumpir las clases. La realización de una huelga de hambre puntual no cambia el estado general de las cosas.
Lo tercero criticable es pedir a la población nuevos esfuerzos para financiar la enseñanza, sin hacerse cargo de lo mal que se usa la plata. No solo es que falten buenos resultados, sino que ni siquiera se llega a gastarla. Los sindicatos dicen que el presupuesto es insuficiente, pero no dicen que el año 2011 terminó con decenas de millones de dólares sin ejecutar. La plata estaba pero no se usó. Y el obstruccionismo de los sindicatos es parte de la explicación.
Una reciente declaración de Fenapes dice que "la educación no se arregla solo con presupuesto, pero sin presupuesto es imposible mejorarla". Que hayan reconocido el primer punto es un avance. Les queda por observar que los presupuestos deber ser ejecutados.








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