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HEBERT GATTO
El presidente y su círculo han insistido últimamente que los dos grandes enemigos del país son la burocracia y el consumismo. En momentos que el Uruguay abandona la coyuntura de crecimiento y se advierten cuántas cosas imprescindibles se dejaron de hacer en esos buenos años, este orden de prioridades resulta curioso e inquietante. Revela qué lejos está el actual gobierno, urgido por sus crecientes contradicciones, en comprender las realidades nacionales y los graves problemas que le esperan.
No se trata de afiliarse a una visión catastrofista, que augure un inminente colapso. Durante muchos años, el país, impulsado por la región y por condicionantes económicos internacionales, ha crecido como nunca lo había hecho en su historia. Pero nada señala que ese fortalecimiento económico deba atribuirse, exclusiva o principalmente, a la gestión del gobierno. Prueba de ello es que el mismo o mayor crecimiento, han tenido en el mismo lapso los restantes países sudamericanos, todos con gobiernos de muy diferentes signos. Lo que sí puede concederse es que las administraciones de izquierda supieron acompañar el crecimiento de la región. Lo que es muy distinto a afirmar que supieran prever que toda bonanza es limitada, que los ciclos económicos son una realidad y que al buen tiempo lo suceden las tormentas.
Estamos en el umbral de momentos económicamente difíciles y, salvo en los aspectos financieros, muy poco preparados para sobrellevarlos. Particularmente en los temas infraestructurales. Cada día los trenes transportan menos pasajeros y carga, las vías desaparecen y las carreteras superpobladas no dan abasto para soportar el aumento de las cargas. La velocidad promedio de los trenes no supera los 40 kms por hora y las estaciones son taperas. Lo grave no es que esta situación no haya sido superada, lo incomprensible es que pese a las disquisiciones presidenciales no se haya avanzado un ápice en mejorarla. Ni siquiera en su planificación. La energía, vital para el "país productivo" es la más cara de la región y carece de reservas o de fuentes disponibles. Dependemos de la lluvia. Tampoco aquí se ha avanzado en nada, salvo en la súplica a los vecinos.
Pluna se convirtió en uno de los peores negocios del país en los últimos treinta años, tan desastroso que tenemos, con garantía estatal, una deuda de trescientos millones de dólares contra activos irrealizables. O la vendemos o dejamos de volar. Con baches en lugar de carreteras, ríos que no se dragan, puertos de los que carecemos, trenes que no funcionan y energía que no tenemos, pronto volveremos a los carros. Afortunadamente tenemos experiencia en esa materia.
No agregaremos la educación, la salud o la seguridad para no volcar más tinta. Mientras nuestros niños y adolescentes no aprenden un ardite, sus esforzados educadores inician huelgas por sus salarios. ¿No sería bueno pagarles por productividad? En este panorama, más grave de lo que se dice, a Mujica, que entiende poco de prioridades, lo inquieta la burocratización y el consumismo, temeroso que nos ocurra lo mismo que le pasó a Lenin cuando ante el fracaso revolucionario debió implementar la NEP. Omite que no es bueno pensar democracias en términos de dictaduras, ni comparar "mujics" con uruguayos. No sea cosa que la solución pase por racionar el pan.









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