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JUAN MARTÍN POSADAS
Informarse siempre es conveniente. En el caso de nuestro país -otrora tan abierto y actualmente tan provinciano y desconfiado de las fuentes de información que no le son afines- abrirse a la información y conocer lo que pasa a su alrededor es una necesidad (y un antídoto).
Los países de la región sufrimos, casi al mismo tiempo, levantamientos guerrilleros y dictaduras militares que pisotearon los derechos humanos. En cada uno de esos países ha tenido lugar un proceso de recuperación democrática diferente y un enfoque particular para tratar las secuelas de aquellas violaciones.
En el Brasil, la Presidente Dilma Rousseff acaba de instalar la "Comisión de la Verdad". Lo ha hecho en una ceremonia solemne en la que estuvo acompañada por todos los expresidentes democráticos de Brasil, lo cual refleja el grado de aceptación y de respaldo político con que cuenta su iniciativa. Dijo en su discurso de inauguración Dilma Rousseff: "No nos mueve el revanchismo, ni el odio, ni el deseo de reescribir la historia, sino mostrar lo que sucedió sin camuflaje y sin vetos". Estas palabras iniciales dan cuenta, con exacta precisión, de las funciones que se le encomendaron a esta comisión. No tendrá competencia jurisdiccional: la ley de amnistía vigente en Brasil no es derogada; la Comisión está para investigar (mostrar lo que sucedió) pero no para dictar sentencias. Mayor claridad contiene la frase que describe sus cometidos: "examinar y esclarecer las graves violaciones a los derechos humanos cometidos entre 1946 y 1988". Es decir que abarca todas las violaciones, las perpetradas por agentes del estado y las cometidas por la guerrilla.
Otro aspecto a destacar de la Comisión por la Verdad es el designio de terminar con aquellos intentos de reescribir la historia insinuando propósitos o proyectos que escamotean lo que efectivamente impulsó las acciones en su momento. Con esto se desautoriza las corrientes que manipulan el relato haciendo creer que los reprimidos opositores a la dictadura militar lucharon para redemocratizar el país.
La revista Veja de la semana pasada aporta al respecto el testimonio del sociólogo Paulo Roberto de Almeida quien dice lo siguiente: "como exintegrante de dos de esos grupos que se alinearon contra el régimen militar yo puedo decir, con pleno conocimiento de causa, que ninguno de nosotros estaba luchando por llevar de vuelta al Brasil a una democracia burguesa que despreciábamos. Nosotros pretendíamos un régimen revolucionario que, inevitablemente, comenzaría liquidando burgueses y latifundistas".
La revista Veja comenta después de transcribir esa cita: "Constituye una afrenta a la verdad histórica el intento de romantizar o edulcorar las acciones, los mé- todos, las intenciones y los vínculos con potencias extranjeras de los terroristas que actuaron en Brasil durante el período militar".
No hay que olvidar -y recordarlo enaltece la decisión de crear esta Comisión de la Verdad- que la Presidente de Brasil integró un grupo guerrillero, que fue capturada y mantenida prisionera en una unidad militar durante largo tiempo. Conocer cómo han encarado situaciones parecidas a la nuestra los gobernantes de allá da pie para enriquecer o cambiar algunos discursos de por acá. La información, como ya dije, es un antídoto.










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