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JUAN MARTÍN POSADAS
El frío asesinato del mozo de La Pasiva ha estremecido al país entero. Fue espantoso y cuanto se podía decir al respecto ya ha sido dicho. Con todo quiero agregar algo: cuanto más terrible es el suceso mayor cuidado hay que poner en conservar la cabeza.
Hubo una seguidilla de reacciones y declaraciones claramente desubicadas, desde el Presidente Mujica recogiendo rumores de que se podría tratar de un ajuste de cuentas, hasta los que pidieron pena de muerte o castigos por el estilo. Un pueblo asustado -y lo estamos con sobrados motivos- requiere ser conducido con prudencia y gobernado con sensatez, no con suposiciones y conjeturas.
Pero más allá de lo que podamos esperar de los gobernantes hay pasos que esta sociedad puede dar por sí misma. Los debe dar. La sociedad uruguaya tiene que ir desarmando por sí misma su propia violencia, la violencia que ha dejado crecer en su seno. Pongo algunos ejemplos.
La violencia en el deporte es, en gran medida, imputable a la dirigencia de los clubes deportivos (por acción o por omisión). Está en manos de esos dirigentes y de los asociados instrumentar frenos. Me refiero a las barras bravas pero también al comportamiento de los jugadores. Hace unas semanas hubo una trifulca en el estadio de Melo en partido entre los locales y Cerro. Hasta ahora nadie ha sido sancionado, ni penal ni deportivamente.
El primero de mayo hubo atentados con destrozos de vehículos y agresión a las personas por diferencias gremiales. No es la primera vez. El perpetrador fue preso, es cierto, pero los dirigentes nacionales del Pit-Cnt deben marcar conductas expresando repudio por esos actos. Lo mismo se diga de los dirigentes políticos que tienen influencia en las corrientes sindicales. Ni unos ni otros han dicho ni hecho lo que debían.
Como esos hay mil ejemplos y campos posibles donde la sociedad, impulsada por quienes en ella tengan influencia, ha de actuar por sí misma.
Mantener la cabeza fría y medir las acusaciones. En el episodio de La Pasiva nada tiene que ver Bonomi. El descaecimiento de la autoridad -eso que induce al delincuente a creer que todo vale y que la va a sacar gratis- proviene del gobierno de Vázquez, de sus nefastos Ministros del Interior: José Díaz y la inefable y fotografiada Daisy Tourné. Bonomi tiene otras culpas y otras explicaciones que dar (los presos quemados vivos en la cárcel de Rocha, los motines del Comcar, la fuga del capo narco por la puerta principal de la Jefatura).
Finalmente, para conservar la cabeza fría y para que la sociedad uruguaya adopte reacciones razonables, fundadas y útiles frente a la violencia hay que evitar completamente declaraciones como la de la senadora Topolansky atribuyendo el crimen de La Pasiva a la gestión de Jorge Batlle.
Un pueblo desestabilizado emocionalmente por la falta de seguridad espera de sus gobernantes por lo menos sensatez. Una dirigente política de la importancia y visibilidad de Topolansky debería imponerse una mayor moderación en sus contribuciones al descrédito de la política. La senadora debería imitar al Dr. Tabaré Vázquez y como él hundirse en el silencio: tomarse unas vacaciones de micrófono.
Eso nos proporcionaría a todos un singular alivio.










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