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Pérdida. Como ser humano y profesional
EMILIO CAZALÁ
El Práctico de Puerto Capitán Aquiles Albornóz, fue un marino que trajo de sus 20 años de actividad en los grandes barcos del mundo, valiosos conocimientos técnicos y fue un importante propulsor de los actuales temas marítimos y portuarios que preocupan al país.
Hace apenas un mes la comunidad marítimo-portuaria fue sacudida y dolorosamente afectada por la inesperada desaparición del Capitán Mercante Aquiles Albornóz, (64) actualmente un prestigioso Práctico de Puerto con una larga y relevante carrera en el mar. Lo conocimos hace algunos años, casi a su retorno del mundo marítimo desarrollado donde por 20 años prestó servicios. Dos días antes de su deceso acordamos telefónicamente un encuentro para hablar de los numerosos marinos uruguayos que por falta de trabajo, debieron emigrar por los años sesenta e incluso él mismo se mostró como un ejemplo de aquella diáspora de marinos que no fueron pocos. Pero Dios dispuso las cosas. Era reconocido como un notable y minucioso profesional cargado de extraordinarios conocimientos que adquirió en sus años jóvenes en los barcos de gran porte de bandera norteamericana. Cuentan sus compañeros más cercanos que cuando se recibió en la Escuela Naval, en 1967/68, y tras algunas primeras y livianas experiencias en Montevideo, ingresó en la empresa uruguaya Flemar pero la crisis no tardaría en llegar a esta y otras empresas uruguayas, y Albornóz optó por viajar a Rotterdam a buscar un buen contrato con otros dos colegas compatriotas. Dieron muchas vueltas por oficinas marítimas hasta que un día lo convocaron -para entonces habían pasado varios meses sin destino- y le preguntaron en qué clase de barco quería trabajar.
PETROLERO. Y la respuesta no se hizo esperar: "déme el barco más grande que tenga", tales eran sus ansias y anhelos de subirse a una nave en serio para aprender y seguir avanzando en su carrera. Y así fue que se metió en un tanquero de 300 mil toneladas, un barco impactante en la época y aún hoy día. Era la empresa National Bulk Carrier, cuyo propietario fue un tal Ludwig con el que además logró establecer una destacable relación. Fue sin duda en estos enormes barcos, donde Albornoz recibió una tremenda transferencia de tecnología por el tamaño de la nave, por su condición de petrolero y por todos los diferentes problemas de seguridad que implica un navío de tales dimensiones. Más allá de las artes de navegar, descubrir los secretos de las máquinas, comportamiento de la carga y otras novedades con esos gigantes petroleros surgieron otros problemas sobre como dominar la limpieza de sus enormes tanques y su contenido de gas, bajo condiciones de seguridad lo cual fue un buen centro de estudios, diríamos un laboratorio. En la empresa para la que trabajó como oficial y luego como capitán de los tanqueros, por su personalidad y dedicación despertó la admiración y confianza de su propietario Ludwig que lo tenía como consultor. Aquí Albornóz había adquirido además el conocimiento de la gestión de los barcos, su administración, y explotación comercial alcanzando un manejo envidiable sobre el comportamiento humano y relación social, técnica y profesional, transformándose en un líder. Absorbió como esponja los nuevos conocimientos con la responsabilidad que le caracterizaba, 20 años fuera del Uruguay fueron experiencias que, sin duda, moldearon al capitán Albornóz. Y aquel inteligente pero inexperiente marino formado y egresado del colegio Sagrada Familia y luego en la Escuela Naval, se convirtió en un profesional que trajo al Uruguay conocimientos, sabiduría y experiencias que trasmitió con generosidad en sus ámbitos de trabajo.
ANÉCDOTA. Por cierto que al Capitán Albornóz, no le faltaron lo que llamamos anécdotas de viaje por la vida. El Capitán Federico Planelles, actual Práctico, en su libro relata con detalles una tremenda experiencia cuando Albornóz actuaba como primer oficial a bordo de uno de los tanqueros de Ludwig; un misil alcanzó a su petrolero cuando estaba cruzando el Estrecho de Ormuz a raíz de lo cual surgió un incendio a bordo. La explosión inutilizó el ascensor y dejó encerrado a su capitán, y el uruguayo quedó al frente del barco cuando la tripulación había decidido tirarse al agua. Aquí Albornóz y el Contramaestre, hacha en mano y actitud de circunstancias, se colocaron enérgicamente en una puerta sin dejar pasar a nadie y así dominando la situación, los tripulantes todos se dieron a la tarea de apagar el fuego cosa que lograron salvando al barco y vidas, evitaron el derrame de petróleo y preservaron la ecología de aquella parte del planeta.
Como dijimos, Albornóz, paso muchos años en esta empresa pero a fines de los años ochenta optó por la familia y decidió circunscribir su labor profesional al ámbito local. Así fue que dio examen para Práctico de Puerto que lo desempeñó hasta el inesperado momento de su muerte.
PERFIL. Pero más que su destacada profesionalidad, lo que resaltamos de este hombre con brillo, es su perfil humano, su sólida formación en la fe, generoso y solidario, su ascendencia familiar marinera que lo marcó y así Aquiles Albornóz fue por encima de todo un señor, un caballero conciliador inteligente y racional, un espíritu enredado siempre en el entendimiento de las cosas, en el encuentro de los términos medios y así lideró corrientes de opinión positivas que tuvieron la virtud de cambiar las cosas para bien en cada escenario que le toco actuar y los hechos lo confirman, por ejemplo, al frente de la Sociedad de Prácticos de Puertos, en sus contactos con el Centro de Navegación, Prefectura, ANP, Cámaras, etc. Él siempre decía "nosotros somos instrumentos para el desarrollo del país y como tal debemos actuar" y eso lo acercaba al centro de las cosas, ese concepto lo acercaba a él y a la Sociedad de Prácticos a todos los ámbitos de trabajo. Jamás existió en su relación social la enemistad, el enfrentamiento, sino siempre la búsqueda de soluciones.
PROYECTOS. Nosotros le hicimos varias entrevistas a lo largo de los años: propuso a la ANP un proyecto de otra Terminal de contenedores; suyo es el proyecto de construir una embarcación en fibra de vidrio para los prácticos -ahora en su etapa final-; suyo es el proyecto de un puerto de aguas profundas, además de otros logros dentro de su propia institución, todo eso lo publicamos porque lo compartimos. Cuando estuvo en Inglaterra, se contactó con las más altas figuras navales británicas, y allí disparó y manejó con la mayor transparencia los argumentos de la importancia de contar con una embarcación de para los Prácticos por el bien que iba a generar en Montevideo, y a su regreso se trajo la embarcación "Ederra 4" por un precio simbólico.
Para nosotros este no es el fin sino el principio. Perpetuemos su memoria en nosotros y recordemos cuanto de su especial persona moral y espiritual nos entregó a su paso por este valle de eternos desafíos. A sus familiares extendemos nuestro hondo pesar y recordemos todos, que hoy Aquiles tiene el gozo eterno, en presencia del Señor. Aleluya hermanos.