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Amalia Lacroze de Fortabat
Juan Carlos López Mena | Montevideo
@| En uno de sus más inspirados poemas, Eladia Blázquez dice "no es lo mismo que vivir, honrar la vida."
De pocas personas, de poquísimas personas, puede decirse con tanta justicia, como de Amalia Lacroze de Fortabat, que han "honrado la vida".
Muchos años atrás, en un rapto de osadía que todavía me sorprende, me atreví a llamarla, sin conocerla personalmente, y después de testimoniarle mi admiración, la invité a que fuese la "madrina de bautismo" de uno de mis barcos, el Sylvia Ana, por ese entonces a punto de culminar su construcción en un astillero de Cádiz (España), y ser botado al mar.
Con su proverbial fineza, me agradeció la invitación pero no concretó si la aceptaba o la declinaba.
Quiso el destino que, unas semanas después, coincidiéramos en el mismo hotel de Miami (Florida) en ocasión de la Primera Cumbre Panamericana convocada por el presidente Clinton, a la que ella había concurrido en su carácter de embajadora honoraria itinerante de la República Argentina.
Una tarde recibí un mensaje de su parte solicitándome que nos reuniéramos en el lobby.
Fue directamente al grano. -Cuéntame tu vida -me pidió con aquél modo suyo tan cordial como inapelable al que, por cierto, era imposible negarse.
Así lo hice y ella me escuchó con toda atención.
Cuando finalicé me dijo: "Ahora te conozco y sé que eres un hombre de trabajo." Y agregó: "Acepto gustosa ser la madrina de tu nuevo buque."
Unos días después volé a San Fernando, en Cádiz, donde iba a ser botado el Sylvia Ana; me dirigí al mejor hotel y reservé la mejor suite para ella, en la fecha prevista para la botadura.
El gerente del hotel revisó sus listados y me dijo: "Disculpe usted, pero la señora Lacroze de Fortabat no sólo tiene reservada esa suite para esa fecha, sino que ha cancelado la cuenta hace más de un mes."
Así era Amalia Lacroze de Fortabat. Estaba en todos los detalles, se hacía cargo de todo y… ¡siempre llegaba antes!
Me concedió, en esa ocasión, el honor de ser la madrina de este precioso buque que sigue navegando con gallardía por las aguas del Río de la Plata, que ella tanto amaba.
Más de una vez me honró con la posibilidad de asociarse conmigo en alguno de mis emprendimientos. Siempre me negué. Me abrumaba la responsabilidad. No eran tiempos fáciles y le respondí lo siguiente: "Amalia: ¡muchísimas gracias por su confianza! Pero yo jamás me perdonaría perder dinero suyo."
Ella sonrió con aquella señorial belleza que llamó la atención hasta artistas como Andy Warhol. -Nunca nadie se había negado a asociarse conmigo -me dijo -con un argumento tan sincero.
Hoy, otra vez, estoy a punto de botar un nuevo barco, el más ecológico de la historia, el de impacto ambiental cero, pero Amalia Lacroze de Fortabat ya no está entre nosotros.
Estoy seguro que no bien el casco de este portentoso buque toque por primera vez el agua, la gran dama sonreirá en el cielo, y la proa abrirá en el mar un surco de espuma tan diáfana y franca como su sonrisa.
Dicen que la única muerte definitiva es el olvido.
Amalia Lacroze de Fortabat por su calidad humana, por su don de gentes, por su sagacidad de empresaria, por su espíritu filantrópico, por sus obras de auténtica caridad cristiana, por su amor a las artes, por su responsabilidad social, por su belleza deslumbrante, por su exquisita fineza, no corre riesgo alguno. Es absolutamente inolvidable.
Porque como decía Eladia, "honró la vida."
Guillermo Gil | Rocha
@| "Como todo residente de La Pedrera, siento una mezcla de tristeza y repulsión ante la barbarie desencadenada este Carnaval, último en la serie de desboques que hacía previsible las tragedias acontecidas ahora. Pero también frustración ante la falta de planeamiento y control a todo nivel que facilitó y desencadenó la tragedia.
De servicios de ómnibus incrementados sin medida (¿cómo llegan 20 o 30 mil personas en un día a un pueblo de pocos cientos de habitantes?), a la multiplicación de hosteles en que ocho o diez personas por cuarto duermen en el piso, sin baños, a la aparición repentina de `bares` (camiones cargados de bebidas que estacionan y venden), a la instalación de carpas o simplemente bolsas de dormir en cualquier sitio público o privado, el desastre refleja la ausencia de control de las autoridades ante un caos previsible y creciente. Aun sin que hubiera muertes, en cualquier país con derecho a llamarse civilizado la presencia de 20 o 30.000 personas haciendo sus necesidades en la calle o en jardines durante cuatro días sería considerada una emergencia sanitaria a controlar.
Ha tenido que morir gente para que este problema, que ha preocupado largamente a la población de La Pedrera, finalmente reciba la atención merecida por un pueblo anualmente sometido al descontrol de 20 o 30.000 `visitantes` pasados de drogas y alcohol.
Es de desear que la repentina preocupación de las autoridades ante lo que tuvieron delante de la nariz desde 2008 dure más que el verano."
S.C. | Canelones
@| "Hoy es el día, no podemos dejar pasar más tiempo sin hacer algo por nuestros jóvenes.
Debe prohibirse el consumo de alcohol en la vía pública ya. No miremos para otro lado o cuidando ciertos intereses porque vamos hacia una población de alcohólicos.
¿De qué sirven las terapias después que está incorporado el consumo desmedido? ¿De qué sirven las normas de tránsito, si el que va conduciendo cualquier tipo de vehículo no es consciente de sus actos? ¿De qué sirve pensar en el futuro de los jóvenes si las cifras de accidentes con consecuencias fatales son aterradoras?
A los señores gobernantes que ya tienen algún proyecto entre las manos, hagan que se transformen en Ley, grave y urgente.
A las autoridades de Unasev, consideren que no hay reglamento vial que ampare a los que pierden la vida, lamentablemente, día a día.
Por la salud de los uruguayos, paren esta pandemia, el alcoholismo abarca demasiado como para no decir basta."
W. B. | Montevideo
@| "Con alegría, la población de a pie de Montevideo escuchó hace poco tiempo el anuncio hecho por el presidente de Cutcsa de que las nuevas unidades de su empresa venían equipadas con aire acondicionado, lo cual mejoraría `aún más` las condiciones en las que los usuarios viajamos en ellas.
Lamentablemente ese anuncio quedó sólo en una promesa incumplida.
Las unidades provistas de esta `mejora` no utilizan esos equipos ya sea por economía (supongo que usarlo pueda significar el consumo de algo más de combustible), o simplemente por descuido, negligencia o simple despreocupación de los conductores por los usuarios, pese a lo bien que vendría un poco de aire fresco en estos días de calor sofocante, aunque fuera en uno de cada tantos viajes.
Un capítulo aparte merecen las nuevas unidades de la cooperativa Raincoop. Pocas veces he viajado en ómnibus más incómodos.
Los asientos están en su mayoría colocados de forma que es necesario subir escalones para alcanzarlos, con el agregado de que el ascenso a la unidad se debe hacer mediante un esfuerzo especial, ya que el escalón está bastante por encima de lo común, impidiendo incluso que suban personas con alguna discapacidad o simplemente con un poco de artrosis, cosa común en personas de mi edad.
Se supone que estas unidades son de `acceso universal`.
Lo raro es que la Intendencia no controle este tipo de inconvenientes cuando se aprueba la compra de nuevas unidades, así como el incumplimiento de las promesas de mejoras en los servicios.
Agreguemos a ello las radios puestas a todo volumen por parte de los conductores, mientras se les anuncia por carteles a los pasajeros que no pueden viajar con equipos sonoros sin los correspondientes auriculares.
Señora Intendenta, haga cumplir el Digesto Municipal a todos, incluyendo a conductores y guardas, ya que todos viajamos en las unidades.
Si los conductores y guardas no pueden viajar con auriculares por razones implícitas en su función, que hagan como cualquier hijo de vecino que trabaja en una oficina, fábrica o cualquier otro sitio donde no puede escuchar radio mientras cumple con su función."
Ape | Montevideo
@| "Como una forma de variar el recorrido habitual por la Rambla y tentado por un cartel que invitaba a dar la Vuelta al Parque (Rambla y Sarmiento), se me ocurrió caminar por allí.
Di tres vueltas, a cual peor. En la primera traté de cumplir con el trazado oficial, pero eran tantos los que usaban ese espacio público para tomar alcohol o dormir que preferí concluirla antes de tiempo. En la segunda opté por seguir el camino que bordea el lago, partiendo por el costado de la Biblioteca María Stagnero de Munar, más conocida como el Castillo del Parque Rodó. Pésima decisión; bastó que bajara por la escalera para toparme, al pie, con una toldería y dos personas, una se ocupaba de lavar ropa en el propio lago y la otra acomodaba las prendas sobre un monumento de mármol para secarlas al sol. Me pareció prudente no molestarlos y comenzar por el otro lado, donde se alquilan los botes; de una glorieta salieron tres llamándome `amigo`, palabra que me fastidia oír, junto con la de `flaco`, `jefe` o `patrón`, porque a continuación viene el sablazo. Fin de la vuelta.
En la tercera, frente a Herrera y Reissig, como muchos jóvenes estaban practicando boxeo y jugando al tenis, pensé que era por allí el lugar para caminar; otra toldería al costado del ingreso a las canchas y un olor nauseabundo doblegaron mi voluntad.
En definitiva, continúo caminando por la Rambla, esperando que las autoridades se ocupen de desalojar a los indigentes de ese espacio público, al igual que lo hicieron de la Plaza Independencia y alrededores, para que la Intendenta Ana Olivera pueda liberar este `espacio democrático`, como le gustó decir cuando inauguró el tercer punto activo de la ciudad, frente al edificio Mercosur."
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