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María Julia Pou
Los antiguos griegos hablaban del ocio noble y fecundo, se referían a la actitud de quienes podían hacerlo, de aprovechar el no tener que trabajar para dedicar ese tiempo al pensamiento y a las artes. Prácticamente todo el mundo en lo que se llama generalmente vacaciones o la temporada, tiene un determinado número de días durante los cuales se supone que descansa de las tareas realizadas el resto del año. Es justo que así sea y quizás el máximo atractivo de esas horas es el de no estar sometido a obligaciones, y como decía un buen amigo el "no hacer nada todo el tiempo". Pero el ocio total no existe porque el que no aprovecha para ejercitarse en deportes lo hace para ponerse al día en lecturas u otro tipo de entretenimiento.
Cada vez son mayores las oportunidades del veraneante para emplear su tiempo de ocio en actividades culturales o artísticas tal como lo demuestra la cotidiana oferta de conferencias, cursos, exposiciones, festivales que a lo largo y ancho del país se ofrecen para todos los gustos. Desde el Festival del Lago en Andresito hasta las conferencias de la Fundación Astur en Maldonado brillan las oportunidades de compartir ideas o disfrutar veladas que son a la vez descanso y ocupación. O dicho de otra manera un ocio activo. A vía de ejemplo en estos días, la realización de conferencias de la Universidad de Tel Aviv en Punta del Este -la cita anual convocada por una casa bancaria-, o la conferencia del domingo pasado a cargo del expresidente Fernando Henrique Cardoso y el Economista Guillermo Calvo bajo la convocatoria de Enrique Iglesias, han sido muestras de que la temporada tiene su veta cultural.
Es esto también una forma de descansar o mejor dicho de no cansarse con la rutina del resto del año sino ocupar la mente en saber un poco más y comprender mejor el mundo que nos rodea.
Con este mismo sentido es que hace pocos días el Banco de la República adquirió la llamada Azotea de Haedo, lugar emblemático del departamento de Maldonado, un lugar pródigo en episodios históricos, rico en anécdotas con protagonistas de todo el mundo que por allí pasaron y dejaron su huella, ya sea en una foto que testimonia el momento, ya sea con una escultura o una obra pictórica que constituyen un valioso testimonio de tiempos pasados.
La historia de la Azotea nos regala episodios políticos, culturales y artísticos que seguramente van a determinar que allí se instale un centro adonde se sigan cultivando las artes y las ciencias, adonde acudan personajes que atraídos por la belleza de la tierra fernandina nos regalen un poco de su tiempo y su talento. Desde Fidel Castro en una etapa inicial de su vida pública hasta exponentes de todas las corrientes de pensamiento que el mundo alberga, desde actos fundacionales de universidades hasta la presentación de libros de los más diversos temas, ha pasado por la Azotea una gran parte de la historia de esta parte del mundo.
Es más, nos atrevemos a decir que se trata de un museo que lo ha sido antes de que se lo considerara formalmente como tal en el momento de su adquisición por parte del Banco República. Confiamos en que la institución, que con tanta lucidez fue quien rescatara para el futuro ese pedazo de tierra preñado de historia, complete de aquí en más la tarea haciendo del mismo un faro que siga iluminando a quienes por allí se acerquen.


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