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Este ha sido un año atípico, mientras el mundo rico se desploma, nosotros jugamos al nuevo rico gastando a mansalva y promoviendo el uso de la tarjeta de crédito. Mientras la inseguridad campea, las máximas autoridades aconsejan no ponerse ropa de marca para que no sean robados.
El 2011 fue el año del bicentenario, pero fue el año que por primera vez en 200 años un presidente tuvo la osadía de ponerse uniforme militar de una potencia extranjera.
O donde descubrimos que el mejor plan para fortalecer el espíritu latinoamericano fue pedirle a George Bush colaboración para un conflicto con los vecinos.
En materia de política exterior, el Presidente Mujica también inauguró un nuevo estilo, que es equipararse y asemejarse a la limosna callejera, cuando anda de recorrida por el mundo. Algo parecido a la defensa de la libertad de prensa, insultando a un periodista mientras cumplía su labor.
La voluntad democrática también tuvo una curiosa interpretación. Se promovió con pesada insistencia una ley contra dos pronunciamientos populares, y como corolario del arraigado constitucionalismo de este gobierno, aprobaron una ley que atenta contra la más elemental autonomía departamental en poder fijar los valores de sus tributos.
La investidura presidencial, aquella que obligaba al Primer Mandatario a representar a todos los uruguayos, también tuvo en el 2011 una particular innovación: el presidente concurriendo a actos políticos de su propio partido. A dos para ser mas exactos y dejar mejor estampada su ecuanimidad.
En el tema educativo, vemos otra revolución, una de las máximas jerarquías en la materia cuestiona en las redes sociales una típica y tradicional defensa de la autoridad de una directora de un liceo.
Son estos ejemplos los que posteriormente justifican a profesores enfrentados a la policía, ocupando centros de estudios y no queriendo innovación alguna en la instrucción de las nuevas generaciones de uruguayos, cuyos resultados actuales ya nadie duda que son deplorables.
También se ha instalado un manejo económico bicéfalo, justo en momentos de incertidumbre financiera, Ministros en contra de decisiones que afectan sus carteras pero que están lejos de renunciar y hasta denuncias de traición en el seno del propio Poder Ejecutivo.
Estos tristes ejemplos son solamente algunos de los que los uruguayos debimos de tolerar.
No hablemos de la inexistente cantidad de viviendas construidas, de la situación en salud publica, de lo sucedido en el invierno con los indigentes o de las privatizaciones por decreto.
Mientras esto sucede, la población mira para el costado y gasta, se endeuda y se acostumbra, y donde paradójicamente "la izquierda de los ideales", sostiene tantas equivocaciones solamente a plata y promesa.
Desde la oposición también tenemos alguna culpa, hemos confundido buena voluntad con opinión publica, y hemos asumido que parte de esta realidad obedece a un cambio de paradigma, no priorizando que defender los valores y el respeto a las normas es nuestra mayor obligación, aunque parezca pasado de moda.
Que el 2012 sea mejor, depende de nosotros. Que sea peor también.



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