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Destacados. Una treintena de películas valiosas justificó el desplazamiento hasta los cines
Guillermo Zapiola
Cuando uno se pone a hacer la lista, descubre que hubo un buen número de películas valiosas entre los estrenos del año que termina. No se puede negar empero que ellos se produjeron en el marco de un escenario de crisis.
Habría que ver los números, pero es casi seguro que en Uruguay se dio el mismo fenómeno que en otros lados, empezando por los Estados Unidos: una disminución del número de espectadores, en el caso norteamericano, disimulada solo en parte por el aumento del precio de las entradas. La competencia de los medios electrónicos (y la piratería, que es cada vez más clamorosa) están estrechando el campo, y algunas de las estrategias esgrimidas para atraer gente a las salas no parecen estar funcionando. El caso más notorio es la 3D, ante la cual (como ocurriera en los años cincuenta y en los ochenta del siglo pasado) el público termina resistiéndose: la entrada es más cara, los lentes son un fastidio, y el recurso ha mejorado alguna película (por ejemplo Avatar, o Pina de Wim Wenders), pero en la mayoría de los casos no agrega gran cosa.
Es todo un dato que, con la solitaria excepción del capítulo final de la serie de Harry Potter, los "blockbusters" de la gran industria no hayan llamado en general la atención en el correr del año, oscilando entre la mera estupidez (Conan el bárbaro, Transformers 3), la trivialidad ligeramente aburrida (Linterna verde, Cowboys vs. aliens) y cierto carácter simpático aunque menor (Super 8, Capitán América). Si se quiere, se despegó algo Planeta de los simios: (Revolución), aunque el mejor film de acción del año se estrena recién hoy: Misión imposible: protocolo fantasma.
Uno debía sospechar ya que las cosas no estaban bien cuando la mejor película de 2010 según el Oscar (estrenada en 2011 aquí) fue El discurso del rey, tan "british": cierto ingenio de libreto, buen elenco, nada de cine. Lo mejor provino más bien de las fronteras de lo independiente: la encantadora fábula de Medianoche en París de Woody Allen (que convenció un poco menos con Si la cosa funciona), la pequeña maravilla de Lazos de sangre de Debra Granik (en cada uno de cuyos planos hay más cine que en todo El discurso del rey), un poco más abajo la solidez del viejo Clint Eastwood (Más allá de la vida es mejor de lo que muchos dijeron) y los hermanos Coen (Temple de acero es un muy buen `western` al que se le podría objetar, a lo sumo, cierta falta de necesidad: ¿por qué no volver, simplemente, a ver la versión original?). Otro título norteamericano a mencionar puede ser el valioso documental de Charles Ferguson Trabajo interno. Quien quiera conocer a los culpables de la crisis financiera de 2008 debe verlo.
El mejor cine del año vino de Europa, aunque irónicamente la película que se despega claramente de todas las demás, una coproducción anglo/franco/italiana, haya sido dirigida por un iraní: Copia certificada no sólo confirmó a Abbas Kiarostami como el mayor cineasta vivo sino que implicó otro paso del realizador en su investigación de la realidad, la ilusión y las fronteras del cine. Un poco por debajo hay que colocar la ascética capacidad de emoción de De dioses y hombres del francés Xavier Beauvois; los deslumbramientos visuales del (¿documental?) de Wim Wenders Pina; la sensibilidad a flor de piel de Une affaire d`amour de otro francés, Stéphane Brizé; el saludable espíritu polémico sobre la violencia de En un mundo mejor de la danesa Susanne Bier y (en menor grado, es un tanto obvia) Incendies del canadiense Denis Villeneuve; la sugerente búsqueda expresiva de El hombre que podía recordar sus vidas pasadas del tailandés Apichat- pong Weerasethakul.
Otras cosas interesantes llegaron de Francia (El encanto del erizo de Mona Achache; la hermosa animación de Sylvain Chomet El ilusionista), de Italia (Habemus papa, un Moretti menor; Un feriado particular de Gianni di Gregorio; Tengo algo que decirles de Ferzan Ozpetek), de España (Flamenco, flamenco de Saura), del Reino Unido (Un año más de Mike Leigh), de Israel (Ajami), de Argentina (Un cuento chino de Borensztein, Aniceto de Favio, El gato desaparece de Sorín, Amateur de Néstor Frenkel). No es poca co- sa, con tanto superhéroe y cosas que explotan.
De dioses y de hombres
Caso real de un grupo de monjes trapenses asesinados por fundamentalistas islámicos en el norte de África. Este film del francés Xavier Beauvois observa con enorme fineza ese drama humano y místico. Notable elenco.
Medianoche en París
Escritor viaja a París con novia y parientes, y se ve mágicamente transportado en la noche a los años veinte, donde encuentra a la Generación Perdida mientras Woody Allen reencuentra lo mejor de sí mismo.
Lazos de sangre
Se la ha clasificado como "neo noir", pero esta película independiente norteamericana de Debra Granik escapa a toda ubicación genérica. Una historia ambientada en la América profunda, con excepcional elocuencia expresiva.
Pina
La bailarina y coreógrafa Pina Bausch murió antes de que el alemán Wim Wenders comenzara a trabajar en este film sobre ella, pero sus discípulos continuaron con la obra. Un notable ejemplo de cine-ballet.
Une affaire d`amour
El amor "prohibido" entre un hombre casado y la maestra de su hijo, examinado con riqueza de psicologías, buen lenguaje audiovisual y el apoyo de un par de intérpretes estimables. Film francés dirigido por Stéphane Brizé.
La buena noticia es que el cine uruguayo existe. En realidad, existió durante el siglo XX, y en particular cobró auge a partir de 2001, pero hasta los últimos años estuvo más bien escondido.
En la última década, sin embargo, dejó de ser una "rara avis". No es sorprendente que en un año se estrenen seis o siete títulos uruguayos, y hasta que algunos de ellos resulten realmente atendibles. Esta temporada no fue una excepción.
Y fue una prueba también de que puede diversificarse. Hubo por lo menos dos films de género: el terrorífico La casa muda de Gustavo Hernández, cuya mejor virtud fue de orden técnico (una historia contada en plano único, como La soga de Hitchcock o El arca rusa de Sokurov); Reus de Alejandro Piñero, Pablo Fernández y Alejandro Pi es una suerte de policial negro a la montevideana. Y a ellos se suma un empeño serio, visualmente interesante y dramáticamente fallido, de cine histórico (Artigas, la redota) que no deja de justificar un vistazo.
También hubo algunos documentales de interés. El más notorio, con obvias habilidades de filmación y montaje (y algún exceso de verbosidad que pudo omitirse) fue 3 millones, la excursión de Jaime y Yamandú Roos al mundial de fútbol en Sudáfrica, aunque por lo menos un millón y medio de uruguayos pudieron identificarse también con Manyas (película que, fuera de bromas, no es sólo para peñarolenses). Una mención merece también El barrio de los judíos.










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