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JUAN ORIBE STEMMER
Las noticias en las primeras planas de los diarios nos hacen olvidar las corrientes más profundas que, en última instancia, dominan la historia. Pocas veces, la brecha entre lo inmediato y el largo plazo ha sido tan evidente como en la Conferencia sobre el Cambio Climático que tuviera lugar en Durban (28 de noviembre - 9 de diciembre).
La conferencia coincidió con las duras negociaciones entre los países de la Unión Europea para definir un nuevo acuerdo fiscal. El presidente Obama enfrenta el prospecto de una reñida elección, en noviembre de 2012, con una sociedad que no está dispuesta a reconocer que su estilo de vida ya no es sustentable.
A ello se agregan la diferencia de intereses que existe, en esta materia, entre los países industriales maduros y las nuevas naciones industrializadas (que incluyen a China, India y Brasil) donde el sostenido aumento de la demanda por energía causa un significativo incremento de las emisiones de gases de invernadero.
Mientras que los Estados Unidos responden por el 18,1% de las emisiones globales de CO2 a la atmósfera, China ya emite el 23,3%. Para tener un cuadro más completo es importante saber que, hoy, las emisiones de CO2 por habitante son, respectivamente, 19,74 toneladas en los Estados Unidos, 4,92 toneladas en China, 1,94 en Brasil y 1,38 en la India. ¿Qué sucederá cuando, algún día, que no aparece como muy lejano, el consumo de energía por habitante en China, Brasil, India (y otros) se acerque a los actuales altos niveles en los Estados Unidos? No es un prospecto muy tranquilizador.
El marco de Derecho internacional para enfrentar el cambio climático se compone básicamente de la Convención Marco sobre el Cambio Climático (suscrita en 1992) que establece una obligación genérica de estabilizar las emisiones de gases de invernadero, y el Protocolo de Kioto (1997). En este último, los países industrializados "tradicionales" se comprometieron a cumplir con objetivos obligatorios para reducir sus emisiones de gases de invernadero. Este acuerdo tiene tres debilidades: no fue ratificado por los Estados Unidos, no incluye a las nuevas naciones industriales y se vence el 31 de diciembre de 2012.
En Durban, los países industriales "tradicionales" no estaban dispuestos a renovar el Protocolo de Kioto si las nuevas naciones industriales no se comprometían a aceptar objetivos obligatorios para sus emisiones de gases de invernadero; y estas últimas eran partidarias de mantener el Protocolo, pero no querían aceptar limitaciones obligatorias para sus propias emisiones.
El resultado conseguido, con mucho drama y a último momento, es un compromiso entre aquellas dos constelaciones de intereses opuestos. La conferencia aprobó un segundo período de compromisos bajo el Protocolo de Kioto que comenzará el 1° de enero del 2013 y durará hasta el 31 de diciembre de 2017; y lanzó un proceso para desarrollar algún tipo de instrumento con efecto obligatorio, que deberá ser completado para el 2015, y que reemplazaría el Protocolo de Kioto.
Pero no empezamos bien. En estos días Canadá anunció su decisión de abandonar el Protocolo de Kioto y Rusia advirtió que no asumirá nuevos compromisos. No será fácil llegar a un nuevo instrumento jurídico eficaz, obligatorio y abarcando a todos los países.
Lo pactado en Durban ha sido muy poco. Ojalá que aun no sea demasiado tarde.
La cumbre de Durban produjo muy poco, esperemos que no demasiado tarde



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