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Anticuerpos. El organismo reconocería las sustancias y las rechazaría
THE NEW YORK TIMES | D. QUENQUA
Imagine una vacuna contra el tabaquismo: la gente que trate de dejar de fumar encendería un cigarrillo y no percibiría nada. O una vacuna contra la cocaína, que evitaría que los adictos sintieran el efecto de la droga.
Aunque ninguna de las dos es inminente, ambas están en el tablero, como lo están vacunas para combatir otras adicciones. Aunque los científicos históricamente han enfocado sus esfuerzos para la creación de vacunas en enfermedades como la polio, la viruela y la difteria -con gran éxito-, ahora están trabajando en inyecciones que puedan liberar a las personas del dominio del abuso de sustancias.
"Vemos esto como una forma alternativa o mejor para algunas personas``, dijo el doctor Kim Janda, profesor del Instituto de Investigación Scripps que ha hecho de esto el trabajo de su vida.
Janda ha estado intentando crear esa vacuna durante más de 25 años. Como las inyecciones contra las enfermedades, estas vacunas trabajarían para estimular al sistema inmunológico para que produzca anticuerpos que desactiven el narcótico antes de que pueda arraigarse en el cuerpo o en el cerebro.
A diferencia de las vacunas preventivas este tipo de inyecciones serían administradas después de que alguien ya haya sucumbido a una droga adictiva. Por ejemplo, los adictos a la cocaína que fueron vacunados con una de las formulaciones de Janda antes de inhalar reportaron sentir como si estuvieran usando "coca sucia". "Se sintieron como si estuvieran desperdiciando su dinero``, contó.
Como ahora se piensa que la adicción causa cambios físicos en el cerebro, los médicos defienden cada vez más las soluciones médicas al problema de la drogadicción en Estados Unidos, lo que ha llevado a un renovado interés en el trabajo de Janda, quien comenzó a investigar en la materia hace 27 años.
En julio, su laboratorio acaparó titulares cuando anunció que había producido una vacuna que desactivaba los efectos de la heroína en ratas. Los roedores que recibieron la vacuna no experimentaron los efectos de insensibilización del dolor de la heroína y dejaron de recurrir a la droga.
Pero como sucede a menudo, el avance fue seguido de un revés: un ensayo clínico de fase 2 para una vacuna contra la nicotina fue declarado un fracaso cuando las personas que recibieron la inyección dejaron de fumar en el mismo número que las personas que recibieron un placebo.
Pese a muchos éxitos en el laboratorio las vacunas aún tienen que producir resultados congruentes en humanos durante los ensayos clínicos. "Es como tener la zanahoria justo enfrente", expresó el científico.
CÓMO FUNCIONAN. De manera muy similar a las vacunas contra enfermedades, estas inyecciones introducen una pequeña cantidad de la sustancia extraña en la sangre, causando que el sistema inmunológico cree anticuerpos que ataquen a esa sustancia la próxima vez que aparezca.
La dificultad es que moléculas como la cocaína, la nicotina y la metanfetamina son diminutas -mucho más pequeñas que las moléculas de las enfermedades- de manera que el sistema inmunológico tiende a ignorarlas. Para superar eso, el científico resolvió enlazar un hapteno (un trozo de la droga o una versión sintética de la misma) a una proteína más grande que actúa como una plataforma.
La última parte de la vacuna es un adyuvante, un coctel químico que atrae la atención del sistema inmunológico, engañándolo para que produzca anticuerpos contra una sustancia que regularmente no vería. "Y la belleza de esto es que uno no se mete con la química cerebral``, comentó el especialista.
Pese a las desilusiones, algunos científicos predicen que Janda tendrá éxito. Nada menos que la doctora Nora Volkow, experta en adicciones y directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, le llama un "visionario`` que vio la oportunidad de tratar la adicción con medicina décadas antes que la mayoría.
Los científicos que están trabajando en la creación de vacunas contra narcóticos incluyen también al doctor Thomas Kosten del Colegio de Medicina Baylor y a Michael Owens de la Universidad de Arkansas. Kosten ha tenido un éxito limitado con una vacuna contra la cocaína, mientras que Owens se enfocó en vacunas contra las metanfetaminas.
Los tres investigadores dicen que les obstaculiza la falta de interés -es decir, financiamiento- de parte de las compañías farmacéuticas en vacunas para cualquier droga que no sea la nicotina, presumiblemente porque se ganaría poco dinero con una inyección aplicada una vez cada seis meses, y porque esas compañías no están ansiosas por asociar sus marcas con drogadictos.
Por otra parte, hay algunos temas que resolver. No hay nada que impida a un adicto a la cocaína vacunado recurrir a otra droga como las metanfetaminas. Como cualquier tratamiento contra la adicción, advirtió Janda, sus vacunas son simplemente "una muleta" para quien quiere pasar a la abstinencia.
Además, las personas que dejen de consumir podrían ser detectadas durante seis meses en pruebas antidoping porque mantendrían anticuerpos en el organismo.
Con casi tres décadas de manipulación de componentes en su haber, Janda parece cada vez más resignado a que quizá no sea él quien eventualmente cruce la línea de meta. "Me quedan ocho o 10 años. Si algo no sucede en ese tiempo, será el turno de alguien más", concluyó.
Los científicos contra la droga
Al menos tres laboratorios de Estados Unidos desarrollan vacunas para combatir la adicción a sustancias como la heroína, la cocaína, la nicotina y las anfetaminas. Sólo han resultado efectivas en animales.
Hallazgo que dio esperanza
En el mes de julio un equipo del Instituto de Investigación Scripps logró que un grupo de ratas abandonaran el consumo de heroína. El estudio generó esperanzas en la comunidad científica.
El organismo las rechazaría
Al igual que las vacunas convencionales la inyección genera anticuerpos para que el organismo reconozca las sustancias y las rechace. Serían utilizadas en personas que ya hayan consumido.
Problemas que faltan resolver
Quienes son vacunados contra una droga podrían hacerse adictos de otra. Otro problema es que los anticuerpos en el organismo podrían ser detectados en controles antidoping aunque la persona ya no consuma.





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