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Partimos de la base de que el censo permite al Estado obtener datos fundamentales de su población. Cuántos son, cómo viven, familia, trabajo, estudios y muchas cosas más que permiten una radiografía bastante exacta de la sociedad y, sobre esa base, proyectar políticas acordes a esa realidad.
Pero también que para hacerlo, debe existir un mínimo de seguridad y confianza a la hora de abrir las puertas a personas extrañas, y que la información que se le suministre no va a ser utilizada en su contra. Esos, y las zona rojas, son los grandes problemas que enfrentan hoy los censistas. Hay miedo a dejar entrar gente extraña en los hogares, porque la inseguridad campea y hay miedo a que las respuestas al censo se transformen en más impuestos. Méritos del gobierno.






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