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Crisis del euro. Grecia sigue en el centro de la preocupación y es una amenaza 38 bancos europeos más grandes necesitarían entre US$ 41.000 millones y US$ 126.000 millones en capital adicional | Crecimiento tiene perspectiva débil para la eurozona
LONDRES | THE ECONOMIST
La eurozona se encuentra en tratamiento intensivo. La crisis es tan grave, amenazante e incontenible que hasta las conversaciones sobre rescates alimentan el pánico. Se abren interrogantes sobre el futuro de la moneda única.
Los ecos de 2008, cuando el sistema financiero global se tambaleó y George W. Bush dio su expresiva visión de la economía estadounidense, ahora resuenan al otro lado del Atlántico. Los spreads de los credit default swaps (un contrato por el cual el comprador de un swap de crédito recibe protección y el vendedor garantiza el valor) para los bancos europeos se sitúan en niveles altos récord. Es una medida de lo costoso que resulta comprar un seguro contra la cesación de pagos.
Las tasas que los bancos se cobran entre sí por créditos en el mercado interbancario también están en ascenso. Hay un torbellino de rumores y el pánico se enciende: las acciones de BNP Paribas, un banco francés bien administrado, cayeron 12% en la mañana del 13 de septiembre, después que hubo informaciones de que nadie le prestaría dólares. El desmentido que hizo BNP provocó que las acciones subieran un poco más tarde ese día. Las acciones de Société Générale, otro banco francés, también bajaron y subieron. La dependencia de los bancos franceses en financiamiento en dólares de corto plazo, que los fondos de mercado monetario estadounidenses están cada vez menos dispuestos a otorgar, es uno de los motivos por los cuales la calificadora Moody`s redujo la nota de Société Générale el 14 de septiembre, aunque la exposición a una cesación de pagos soberana también es un factor clave.
Mientras, los grandes bancos en Alemania, Suiza y Gran Bretaña tienen más dinero en efectivo del que pueden destinar a buen uso, a medida que sus clientes corporativos cambian sus depósitos de los países más débiles o pequeños bancos. Los beneficiarios se muestran renuentes a atar el dinero en créditos de largo plazo, debido a que temen que los flujos podrían revertirse en cualquier momento. "Es dinero caliente", dijo el presidente de un banco.
Por tanto, el papel del Banco Central Europeo (BCE), con sede en Fráncfort, sigue creciendo. Los bancos del Norte depositan su efectivo excedente allí, en lugar de prestarlo en el mercado interbancario. Los bancos de la periferia dependen cada vez más para su liquidez del BCE. Más de la quinta parte del financiamiento bancario griego es provisto a través de Fráncfort.
El BCE, en coordinación con los de Estados Unidos, Gran Bretaña, Suiza y Japón, decidió, el jueves último, auxiliar a los bancos europeos inyectando liquidez en el mercado, lo que les permitirá cubrir las necesidades de financiamiento más allá del 31 de diciembre. El objetivo es dar estabilidad, aunque con el tiempo se verá si ello ocurre.
A los bancos les resulta difícil emitir deuda de largo plazo. Una manera de robustecer al sistema financiero sería mediante la inyección de más capital. El banco de inversiones Goldman Sachs, considera que los 38 mayores bancos de Europa podrían necesitar entre 30.000 millones y 92.000 millones de euros (equivalen a entre US$ 41.000 millones y US$ 126.000 millones) en capital adicional para hacer frente al recorte del valor de los bonos emitidos por los gobiernos de Grecia, Irlanda y Portugal, y a las pérdidas con la deuda italiana y española. Un análisis realizado por el FMI sugiere que los bancos sufrirían un golpe cercano a los 200.000 millones de euros (unos US$ 257.000 millones) si se concretaran las probabilidades de cesación de pagos que están implícitas en los precios que rigen en los mercados, aunque los gobiernos y los bancos europeos discrepan con los cálculos del FMI.
Reunir capital en los mercado actuales no será fácil. Las valuaciones de los bancos son bajas. Algunos bancos tendrían que aumentar su capital varias veces más que su valor de mercado actual. Los accionistas que no participen verán sus tenencias profundamente diluidas.
EN CAÍDA. El gobierno que está nuevamente en el centro de la preocupación es el de Grecia. Autoridades en pánico corren para tapar un agujero en el presupuesto y acelerar las reformas porque los prestatarios internacionales retendrán el próximo tramo de 8.000 millones de euros correspondiente al rescate del país. Si los fondos no son liberados en dos semanas, el gobierno corre el riesgo de no poder pagar los sueldos y las jubilaciones. Un impuesto a las propiedades anunciado de apuro recaudaría unos US$ 2.800 millones, lo que podría mantener el déficit del presupuesto por debajo del 9% del PIB este año.
La troika que monitorea el plan griego (la Comisión Europea, el BCE y el FMI) también quiere ver un proyecto de presupuesto realista para 2012. Eso significa hacer recortes drásticos de gastos, debido a que los ingresos son reducidos por la recesión que se profundiza. Es probable que la economía griega tenga una contracción de al menos 5,3% este año. El gobierno ya decidió incrementar el número de empleados públicos que reciben el 60% de su salario hasta su despido o retiro. Alrededor de 40.000 trabajadores serán declarados innecesarios o excedentes para fin de año. Los administradores de la deuda griega también analizan un paquete de US$ 191.000 millones en canjes de deuda y operaciones de compra de títulos por inversores del sector privado, lo que le permitiría al país aplazar el repago de alrededor de un tercio de sus cuentas por 30 años.
Este arrebato podría ser suficiente para permitir a Grecia escapar de una inmediata cesación de pagos, pero también dificultará una reestructura más brutal en el futuro. Una reestructura futura parece inevitable. Philip Rösler, líder del Partido Demócrata Libre de Alemania, que es el socio menor de la Unión Demócrata Cristiana, de la canciller Angela Merkel, dijo que era hora de abordar el tema tabú de una posible quiebra de Grecia. Algunos van más allá: ahora se discute la perspectiva de que Grecia se aparte del euro.
ALCANCE. Merkel no quiere saber nada de eso. El miércoles último, ella y el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy ratificaron el lugar de Grecia en la eurozona. Por ahora, los líderes de la eurozona parecen decididos a seguir avanzando con dificultades, empujando el segundo paquete de rescate griego a través de los parlamentos nacionales, junto con medidas destinadas a incrementar el alcance y poder de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF), que es el fondo de rescate europeo. El problema es que si bien un robustecido FEEF podrá abordar los casos menores, no tiene capacidad para sostener las necesidades de refinanciación de una economía tan grande como la de Italia. En una subasta de bonos italianos a cinco años, realizada el 13 de septiembre, sus costos para pedir prestado saltaron del 4,9%, en una subasta similar en julio, al 5,6%.
La presión sobre los bancos europeos continuará creciendo, a menos que se haga algo diferente. Los rumores de que China saldrá al rescate de los países en dificultades, es una fantasía. De nuevo, el último recurso real es el BCE, que podría aliviar las presiones sobre el sistema si está preparado para comprar sin límite los bonos de países solventes de la eurozona. Pero, el propio BCE está dividido por desavenencias. El economista jefe, Jürgen Stark, anunció su renuncia "por motivos personales". Stark se opuso, el año pasado, a que el BCE comprara bonos griegos. Cuando el banco empezó a apoyar a los bonos italianos y españoles, pareció más de lo que podía tolerar. Axel Weber, el presidente del Bundesbank hasta el 1° de mayo, se descartó a sí mismo de una candidatura para reemplazar al presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, debido a reparos similares.
El gobierno alemán se movió con rapidez para llenar la vacante que dejó Stark. Jörg Asmussen, alto jerarca del Ministerio de Economía, pasará al BCE. Tanto Asmussen como Jen Weidman, el sucesor de Weber en el Bundesbank, aparecen como personalidades más flexibles que sus antecesores. Sin embargo, persuadirlos a ellos y a los ciudadanos, que apoyen lo que equivale a un relajamiento cuantitativo (la emisión de dinero para comprar bonos) resultará extremadamente difícil. En 2008, los estadounidenses partidarios del libre mercado se tragaron su recelo para rescatar a Wall Street. Los alemanes, que tienen fobia a la inflación, ahora enfrentan una opción similar
IMPACTO. Los costos de los esfuerzos para salvar al euro están justificados por el supuesto de que la alternativa sería demasiado terrible de contemplar. La historia económica está regada de ejemplos de tipos de cambio fijo que dejaron de serlo, aunque si bien la quiebra de una unión monetaria es infrecuente, ocurre de vez en cuando. ¿Cómo se comparan los costos de sostener al euro con los de dejarlo que se caiga a pedazos?
Se pueden tomar dos escenarios específicos. Alemania podría irse sola o con un grupo selecto de pequeñas economías -Austria, Finlandia y Holanda- como sugirió en fecha reciente Hans-Olaf Henkel, expresidente de la Federación de Industrias Alemana. El segundo, que es más probable, plantea la secesión de parte de Grecia o que fuera obligada a irse. En cualquier caso, las consecuencias económicas serían devastadoras, según analistas.
Un estudio reciente realizado por el banco suizo UBS, sugirió que los costos de esas eventualidades serían prohibitivamente altos. Si Alemania se retirara, incurriría en costos equivalentes a entre 20% y 25% del PIB en el primer año y luego alrededor de la mitad de ese monto en cada año subsiguiente. Si Grecia abandonara, el costo del primer año sería de entre 40% y 50% del PIB y los costos subsiguientes anuales se situarían alrededor del 15%. El informe se basa en el supuesto extremo de que los países que abandonan el euro, también tienen que apartarse de la Unión Europea.
10.274 Los ministros de Finanzas de la UE dijeron estar evaluando destinar esta ayuda -en millones de dólares- para Grecia en octubre.
londres n Un diagnóstico equivocado no es, en sí mismo, mala praxis. Todos, ya sean médicos, directores de bancos centrales o políticos, cometen errores. Sin embargo, cuando el diagnóstico erróneo involucra ignorar algunos síntomas y persistir en tratamientos que no dan resultado, no puede haber una excusa fácil. Eso es lo que está pasando con el euro, donde el énfasis en exigir austeridad ha eclipsado la necesidad de impulsar la confianza.
Alemania, el Banco Central Europeo (BCE) y muchos otros hacen el diagnóstico de que el desastre surge principalmente del derroche de los países de la periferia. "Es un hecho indiscutible que el gasto público excesivo ha llevado a niveles insostenibles de deuda y déficits que ahora amenazan nuestro bienestar económico", escribió en fecha reciente el ministro de Economía de Alemania, Wolfgang Schauble, en el diario Financial Times.
Esa línea argumental indica que si el problema es el despilfarro, la solución es la austeridad, debido a que el ahorro servirá para reconstruir la confianza de los inversores. Los líderes de los países centrales del euro han reclamado recortes presupuestales draconianos como precio por créditos para rescatar a las economías en dificultades. Han presionado a los gobiernos de Italia y España para que ajusten más y más rápido. Ellos mismos planean más reducción del déficit. El BCE ha alentado esa acción y la ha empujado aún más. En agosto, por ejemplo, exigió que el presupuesto de austeridad de Italia fuera más duro antes de dar el paso para comprar bonos italianos.
Esta receta es dura. La producción ha caído más de lo esperado en los países "rescatados" como Grecia y Portugal, con el debilitamiento de las perspectivas de crecimiento, lo que hace aumentar el costo de la deuda. Y, no resuelve el problema. La confianza en las economías italiana y española se evapora pese a que los gobiernos aceleran los recortes. El deterioro se extiende. Han surgido temores por Bélgica y hasta por Francia. La crisis empeora en lugar de mejorar. THE ECONOMIST
Uno de los supuestos implícitos detrás de la integración financiera de Europa -la deuda soberana estaba libre de riesgos- ha sido derribada y nadie sabe qué supuesto se debe asumir. El proyecto del euro fue fundado sobre la norma de que no habría rescates por deuda de los gobiernos. Pero, un análisis realizado por Peter Boone y Simon Johnson, del Instituto Peterson, indica que la ingeniería financiera se desarrolló de una manera que sugiere lo opuesto.
El hecho de que los bancos pudieran convertir los bonos de los gobiernos a lo largo de la eurozona en efectivo en el BCE, alentó a los gobiernos a pedir prestado y a los bancos a depender de financiamiento de corto plazo hasta un extremo que ahora resulta insostenible. Los directores de los bancos centrales alentaron este proceso.
Durante los últimos 18 meses, la posibilidad de cesación de pagos nacionales hizo añicos la idea de que toda el área de la deuda eurozona estaba exenta de riesgo, de una manera especialmente dañina. La estructura financiera de Europa se hizo de pronto alarmantemente frágil. El programa por el que el BCE compra bonos de países en los mercados secundarios suma US$ 213.000 millones, pero no ha logrado frenar el aumento de los rendimientos de los bonos de las grandes economías, como lo son Italia y España. THE ECONOMIST









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