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Ensayístico. El autor presentará su nuevo trabajo mañana en el Museo del Parque Rodó.
CARLOS REYES
Mañana a las 19.30 horas en el Museo Nacional de Artes Visuales (Giribaldi y Herrera y Reissig) el psicoanalista Daniel Gil presenta "Errancias. Freud y Lacan en los pagos de San José de Mayo", acompañado por Sandino Núñez y Diego Speyer.
El título del libro, según explicó el autor a El País, hace referencia a que en él se reúnen reflexiones que el autor ha ido realizando a lo largo de más de 30 años, en un andar en general no sistematizado, impulsado por inquietudes referidas a la práctica y la teoría psicoanalíticas, a urgencias clínicas, a problemas discutidos con colegas, y por inquietudes personales, todo lo cual implica una errancia.
"Pero además aprovecho para jugar con el ansia, esa pariente de la angustia y la congoja, pero también del anhelo y el deseo, al punto que podría decir que la existencia humana es un ansia que erra y yerra en torno a la hiancia, tal como Lacan llamaba al vacío fundante de la condición humana", afirma Gil.
El subtítulo del estimulante libro (editado por Trilce), arroja luz sobre otro aspecto de su contenido. "Es porque la elección de las teorías, la caja de herramientas con las que operamos, no está solo determinada porque con ella podemos dar respuesta a los problemas que se nos presentan. También está influida por nuestras marcas infantiles, nuestra propia historia, por nuestro pago, nuestra querencia, y allí se ubica San José de Mayo, el país de mi infancia".
El prestigioso psicoanalista uruguayo señala que a esta altura de su vida, luego de transitar 40 años en el estudio y la práctica del psicoanálisis, siente como un deber el transmitir algo de esa reflexión y esa experiencia. "Más aún en este momento en que la posmodernidad ha roto los lazos con el pasado, cuando el presente se impone con la exigencia de consumo y de goce, donde el futuro está vaciado de proyectos y esperanzas, donde los ideales, que alumbraron nuestra juventud, brillan por su ausencia".
Evidentemente, ese carácter errante de la temática del libro no quita que tenga ciertos hilos conductores. "Dentro de lo que he escrito en estos años, mucho de lo cual ya ha sido publicado, resolví reunir cierto número de trabajos a los que yo pudiera articular con cierto grado de coherencia y que, en algún sentido, se remitieran entre sí", agrega Gil, que sin ánimo de desalentar a ningún eventual lector, adelanta que la publicación está más bien orientada a la gente de la psicología, la psiquiatría y la filosofía.
Errancias está constituido por tres partes: en la primera, El lugar del analista, se trata de mostrar algunas de las características específicas del psicoanálisis, ya que si bien puede tener contactos con la psicología, la medicina y la filosofía, se diferencia radicalmente de ellas.
En la segunda parte, La formación y las instituciones, se intenta una aproximación a cómo operan los mecanismos de poder en las instituciones, en especial en aquellas que cumplen tareas de formación. "Y toda institución, en algún sentido, cumple una función de (de)formación", sostiene Gil.
En la tercera sección, Teoría y dispositivos teóricos, se abordan elementos de la teoría psicoanalítica tales como el lugar del saber y la verdad, la relación entre poesía y verdad, el papel de los mitos en la teoría y en la práctica, el aporte del trípode lacaniano (de lo imaginario, lo real y lo simbólico), y por último, un elogio de la diferencia, "en este mundo posmoderno subyugado por lo diverso".
"Desde luego que estos temas no agotan los problemas del psicoanálisis en la actualidad, donde las distintas corrientes que anidan en su seno muchas veces tienen un carácter cacofónico y cada una reivindica su legitimidad. Tampoco desde estos trabajos se intenta esbozar ninguna línea sobre una historia del psicoanálisis en nuestro país".
Gil ha publicado varios trabajos en los que pone en diálogo al psicoanálisis con otras disciplinas, como Escritos sobre locura y cultura (Trilce, 2007). Ahora lanza al mercado Errancias, que dedica, in memorian, a Luis E. Gil Salguero y José Pedro Barrán. "A esta altura de la vida, nuestra deuda de gratitud para con mucha gente es enorme: maestros, analistas, docentes, los pacientes, compañeros, amigos, mi editor y gran amigo Pablo Harari, mi compañera de más de cincuenta años, mis hijos y mis nietos, etc. La evocación de Luis Gil Salguero, mi padre, filósofo, y de José Pedro Barrán, mi amigo-hermano, historiador, es para nombrar a dos personas que han sido fundamentales en mi vida y mi formación, y a los cuales, a pesar del paso del tiempo y de la vejez, añoraré siempre", remata el autor.







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