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JUAN MARTIN POSADAS
Estando Brasil tan cerca sabemos de él bien poco. Conviene informarse no solo por ser Brasil nuestro vecino de al lado y principal socio comercial sino porque nos lo ponen como ejemplo.
Algunos políticos y politólogos dividen a los gobiernos de izquierda en nuestro continente entre unos que son serios y otros más bien folclóricos, protagonistas de un progresismo de fantasía. Los primeros son presentados como ejemplo y los otros descartados con condescendencia. Entre los gobiernos sensatos figuramos nosotros, los uruguayos, con el Frente Amplio y siempre se menciona a Brasil con Lula. Por alguna razón que convendría explorar en el caso de Brasil el modelo no es Brasil, es Lula. El propio Mujica ha dicho que su modelo es Lula.
Lula completa dos períodos de gobierno y se retira con alto índice de popularidad. El Brasil prosperó en esos años y mucha gente salió de la pobreza. Eso hizo pasar por alto los escándalos de corrupción que sazonaron su mandato. El P.T. entró al gobierno con la avidez con que llega al oasis el viajero sediento. Ya en el primer período tuvieron que ir renunciando el Presidente del P.T., el Secretario del P.T. y el tesorero del P.T. sucesivamente y para evitar ir presos. Se consolidó una práctica de compra mensual tarifada de votos en el parlamento (el mensalao) que le costó el cargo a Dirceu, Jefe de Gabinete de Lula y su mano derecha. Más adelante, también por motivos de corrupción, tuvieron que dimitir Palocci, ministro de Economía y el Ministro de Comunicaciones. Lula minimizó los escándalos y el tribunal de ética del P.T. nunca sancionó a nadie.
Con Dilma Rouseff la cosa ha cambiado. Cuando se supo del enriquecimiento inexplicable de Palocci, otra vez Ministro, lo echó en el acto. A la semana de hacerse público un caso de soborno en el Ministerio de Transporte echó al Ministro y al Subsecretario. Echó y mandó presos a más de 30 jerarcas del Ministerio de Turismo, incluido el vice ministro. El Tribunal de Cuentas acaba de entregar un informe, pedido por Dilma, sobre las compras del Estado realizadas por el gobierno anterior, entre 2006 y 2010. Aparecen irregularidades en cantidades industriales: contratos firmados fuera de plazo, contratos del Estado con empresas propiedad de miembros del Parlamento, participación de jerarcas del gobierno en negocios con empresas de las cuales son socios, etc.
Según la revista Veja en 142.524 contratos el Tribunal menciona 80.000 indicios de irregularidades: se trata de cifras de dimensión realmente brasilera. El caso más impresionante es el de ciertas empresas especializadas en presentarse a las licitaciones ofreciendo precios bajísimos, por debajo de costos, con lo cual hacen desistir a todas las otras empresas menos una, que está en la maniobra y ha ofrecido valores altísimos. Luego la primera empresa se retira y queda únicamente la otra, la de los costos inflados, a la que se adjudica la compra. Una empresa de esas llegó a presentarse 12.370 veces y perder en esa combinación fraudulenta para que la otra ganase, sin que nadie en el gobierno notara ni dijera nada. Antes de recomendar modelos más vale estar bien informados.










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