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Plantel de perros K9. El Ejército cuenta con canes preparados para rastreo de explosivos y personas Revisan sitios y vehículos donde estarán mandatarios Fueron a Haití y lograron reconocimiento
GASTÓN PÉRGOLA
Velan por la seguridad del presidente y de las autoridades que vienen del exterior. Revisan casas, autos, habitaciones de hotel y hasta aviones. Estuvieron en Haití para buscar personas bajo los escombros. Y ni siquiera hablan, solo ladran.
Trabajan en base a "obediencia y juego", no perciben un sueldo y siempre están a disposición. Son perros. Pero con una diferencia: pertenecen al Grupo de Operaciones K9 (abreviatura del término "canine" en inglés) del Ejército, donde se los entrena para garantizar seguridad y salvar vidas.
En total son 20 canes, todos pastores alemanes y "de trabajo". Cada uno tiene su "hogar" (un canil de grandes proporciones) en el predio del Batallón de Infantería 13, donde comen, duermen, juegan y, sobre todo, entrenan.
Tienen la capacidad de detectar explosivos, están preparados para la búsqueda y rescate de personas, y el apoyo a patrullas. Dependiendo de sus condiciones y el carácter, cada can se especializa en un área determinada.
"A medida que el perro va creciendo realizamos varios test y analizamos su comportamiento para determinar finalmente en qué se puede desarrollar mejor, de acuerdo a su personalidad y donde él muestre más interés", explicó a El País Santiago Pereira, oficial del Ejército y jefe del grupo K9.
El carácter del can es lo que más se evalúa a la hora de establecer cuál será su especialidad y con qué guía hará dupla.
"Un perro que tienda a ser independiente, que no se lo vea tan pegado a su guía y trabaje prácticamente solo, tendrá las condiciones para la búsqueda de personas, ya que en esas circunstancias se lo larga en un terreno, edificio o lo que sea y tiene que trabajar casi solo. Para la detección de explosivos conviene que sea un perro más sumiso, tranquilo y tienda a estar siempre cerca del guía", contó Pereira.
OLFATO PURO. Las residencias presidenciales de Montevideo y Colonia, hoteles cinco estrellas, barcos, restaurantes, autos, ómnibus y hasta aviones han sido revistados por este plantel de perros. Cada lugar del interior donde estuvo el presidente José Mujica con el Consejo de Ministros también fue previamente inspeccionado por los canes, al igual que espacios que visitaron mandatarios extranjeros, que exigen estrictos controles. "Muchos países requieren cuando viaja su comitiva presidencial la existencia de un plantel de perros que cumpla esta función. Vamos nosotros, revisamos todo, firmamos un documento que certifica que el grupo de canes revisó la habitación y recién ahí queda en condiciones", explicó Pereira.
Pero sus tareas también transcendieron fronteras. En enero del año pasado, pocos días después del devastador terremoto en Puerto Príncipe (Haití), los canes Demi, Mika, Falko, Graf y Marko (en compañía de tres oficiales y dos soldados, como guías) fueron a brindar ayuda al país, en representación de Uruguay. Estuvieron desplegados allí durante cinco días de intenso trabajo, donde se revisaron casas y edificios derruidos.
En cada lugar corroboraron que no hubiera personas vivas entre los escombros, para que las máquinas procedieran "con tranquilidad" a remover los restos. "Cuando las máquinas limpiaron la zona efectivamente no había personas. Hubiese sido muy grave que Uruguay dijera que en el edificio no había ninguna persona y que luego la máquina despejara y se encontrara un cuerpo recientemente fallecido. La tarea de ellos fue vital y exitosa", resumió Pereira, con orgullo de sus perros.
El reconocimiento no se hizo esperar. Varios países que trabajaron con el equipo enviaron cartas de felicitación. "La de Haití fue la primera misión de nuestros canes en el exterior. Fue muy importante a nivel internacional, más valorada afuera que adentro del país", dijo el oficial encargado del equipo.
A raíz de eso, Japón también solicitó la colaboración de estos canes tras el tsunami sufrido en marzo de este año, pero finalmente la suspendió por alerta nuclear.
Hace dos meses, el Sistema Nacional de Emergencia decidió incluirlos como parte del equipo para tareas de inundación y búsqueda de personas extraviadas.
NO CUALQUIERA. La selección y el entrenamiento comienzan desde el momento de su nacimiento, incluso aún cuando todavía no abrió los ojos. "Desde que es un cachorrito nosotros tenemos técnicas para activar su motivación. El perro cuando es cachorro tiende a ser dependiente, de la madre o de lo que sea. Entonces, lo que se busca ya desde su intuición es que sepa, todavía con los ojos cerrados de tan pequeño, que puede superar obstáculos. Es necesario fomentarle esto desde sus primeros días. Es la forma", explicó Pereira.
Tomar una toalla, congelarla, poner al cachorrito arriba de ella, y ver cómo sale de esa situación, ubicarlo en un piso resbaladizo o colocarle música para que se acostumbre a ruidos raros, es parte de la primera etapa. Allí se deduce quiénes están para seguir y quiénes para hacer una vida doméstica.
"Nos damos cuenta de si están para esto por el comportamiento que tienen frente a los obstáculos. Cuando el perro no puede superarlos, o no son muy activos, los descartamos y son puestos a la venta", resumió el oficial. Poco antes de cumplir el año ya comienza el entrenamiento específico, desde tareas de obediencia hasta ir capacitándolo para su función.
El aprendizaje siempre es en base al juego. Y su premio es, justamente, obtener lo que pretendía alcanzar en ese juego. "Cuando un perro aprende algo presionado, a través del reto, o hablándole mal, el perro va a aprender, pero bajo estrés. Lo hace porque tiene miedo o porque se siente presionado. Entonces todo eso hay que evitarlo. Cuanto menos necesites trabajar algo para enseñarle más fácil va a ser para el perro comprenderlo y más fácil que lo ejecute bajo presión", describe.
El rendimiento de estos perros varía con la edad, y al igual que los seres humanos, llega un momento en que "pasan a retiro". Hasta el momento, más de 20 canes del Ejército han pasado a retiro.
"Los jubilamos cuando tienen entre ocho y diez años. Con la edad, ellos bajan la calidad de las búsquedas. Además se busca que el perro, en los últimos años de su vida, tenga un poco de mimo doméstico, que vayan a vivir con una familia, estén tranquilos, que le den golosinas, que coman huesos, que se termine la etapa de trabajo para él", explica el oficial. Muchas veces son los propios guías que piden llevárselos para su casa.
En el Batallón existe un "cementerio de canes". Cada perro del plantel fallecido, por vejez o en actividad, es enterrado allí con honores. "Trabajar con perros tiene una parte muy linda, de compartir todo. Pero una muy fea, que viven mucho menos tiempo que nosotros. Me ha pasado recientemente de perder a Falko, un excelente perro del plantel. Estábamos muy juntos y falleció. Es muy doloroso porque perdí más que un perro. Perdí a un amigo, de verdad. Se pierde a alguien con quien uno vivió muchas experiencias, cosas lindas, objetivos logrados. Esa es la parte fea, e inevitable, de esto", afirmó.
El jefe del grupo de operaciones K9, el oficial Santiago Pereira, perdió hace un mes a su compañero Falko, que murió de un cáncer al riñón, con 8 años. Unos días después de la muerte del can, Pereira asistió a un curso de capacitación en Estados Unidos, que aprobó con buena calificación, y eso le permitió, para su sorpresa, traerse a Rijo, un pastor belga muy inquieto, que conoció en el curso. "Es un perro muy nervioso y activo, por ende más fácil de adiestrar. Tiene apenas dos años", cuenta Pereira con una sonrisa, mientras lo acaricia.
En el viaje de vuelta, que duró 11 horas, Rijo viajó en el compartimento de pasajeros del vuelo de American Airlines, ocupando dos asientos. "Allá todos conocen muy bien a esos perros, saben que son perros militares, que han salvado vidas. Lo atendían más a él que a mí en el avión", dice a las risas. Esto cambió en Ezeiza, cuando abordó un avión de Pluna. "De Buenos Aires a Montevideo Rijo tuvo que venir en la bodega. No me dejaron traerlo conmigo. Solo aceptan lazarillos, pero no tienen previsto perros militares. Es otra cultura", se lamentó el oficial.
La mayoría de las indicaciones de los guías hacia los canes son hechas en alemán, para no confundirlos con el idioma español. Por ejemplo, utilizan palabras como Foraus (adelante), Plat/Platz (abajo), Sit (sentado), Apport (ir a buscar un objeto), Stey (quedarse), Fus (caminar junto al guía).
La terminal de Tres Cruces, el aeropuerto, fincas y fábricas abandonadas, entre otros, son los lugares que eligen para entrenar a los canes. "Tratamos de entrenar afuera y no dentro del Batallón, para no condicionar al perro a trabajar siempre en un ambiente conocido", explica Santiago Pereira, jefe del grupo. El horario de entrenamiento también es variable. "De madrugada, de mañana, cuando hace calor, frío, cuando llueve. Tenemos que darle todo el abanico de posibilidades para que llegado el momento el perro no se encuentre con nada que llegue a perturbarlo", afirma Pereira.
Los canes tienen una médica veterinaria a disposición, que los revisa y pesa de forma constante. El grupo K9 se autogestiona con la venta de canes, ya que no recibe fondos de ningún tipo.








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