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Causas. Los medicamentos, plaguicidas y productos del hogar son las más comunes
LETICIA COSTA DELGADO
Niños que toman productos de limpieza, plaguicidas para ganado utilizados en personas e intentos de suicidio con mezclas de psicofármacos, encabezan la lista de intoxicaciones en Uruguay. Se produce una a cada hora, o más.
Entre las 12.300 consultas recibidas por año en el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT), hay tres fuentes de intoxicación que se destacan del resto: medicamentos, plaguicidas y productos del hogar.
En el séptimo piso del Hospital de Clínicas, el CIAT concentra la atención a problemas de Toxicología que provienen tanto del sector privado como del público. Al 1722 impreso en productos nacionales e importados, llaman principalmente médicos e integrantes del sistema de salud que atienden casos clínicos y sospechan que la intoxicación estuvo detrás.
Cada día el CIAT recibe entre 30 y 36 consultas (una o dos por hora). "Alrededor del 50% o más, son por medicamentos", comenta Alba Negrín, profesora adjunta de la Facultad de Medicina e integrante del equipo de atención.
Entre los medicamentos que más se escuchan en las llamadas al CIAT se encuentran los psicofármacos, los analgésicos y los antiinflamatorios. Hay tres situaciones que se reiteran: drogas que son combinadas en intentos de autoeliminación; fármacos que están al alcance de los niños, quienes se los llevan a la boca; y personas que siguen tratamientos y cometen errores en las drogas a tomar.
Para Negrín y Raquel González (otra integrante del equipo), uno de los factores asociados a las intoxicaciones por medicamentos es la alta disponibilidad de fármacos que hay en cada casa.
"Son sustancias químicas que están disponibles, y esa disponibilidad puede generar riesgos", expresa Negrín.
En cuanto a las intoxicaciones causadas por antibióticos, las técnicas dijeron tener la percepción de que han disminuido. "Quizás porque hay un poco más de control", apunta González. Tampoco se dan casos de remedios adulterados, producto de un adecuado sistema de vigilancia, consideraron las expertas.
"Somos una muestra de lo que pasa a nivel nacional. En Uruguay los intentos de autoeliminación son elevados", y por lo tanto también las intoxicaciones por esta causa. Dentro de este grupo de problemas, puntualizaron, la mayoría se ve en adultos mayores, no tanto en jóvenes como podría pensarse.
EN CASA. "¿Por lo general dónde se guardan los productos de limpieza? Abajo del fogón. Una altura ideal para que los alcancen los niños", ilustra González. Y de hecho sucede.
Entre estos químicos, uno de los más peligrosos según González, quien coordina la Unidad de Toxicología Laboral y Ambiental, son los productos para limpiar el horno. Suelen incluir soda cáustica y, literalmente, quemar las vías respiratorias de los pequeños.
Pero hay otro problema vinculado con los elementos que se utilizan en el hogar. Se compran en grandes cantidades, son fraccionados y después se beben. Sí, se beben. Quienes los compran suelen verterlos en botellas de plástico, guardados en la heladera por error, y bebidos como si se tratara de jugos. "Es común con el queroseno o con solventes como el thinner", dice González.
Ante este tipo de situaciones, las técnicas advierten que los productos que no tienen una identificación clara sobre dónde fueron producidos, son especialmente peligrosos. No solo por el efecto que puedan causar en el organismo sino que el propio CIAT carece de referencias para orientar sobre el antídoto.
Además, este tipo de productos se pasan entre miembros de la familia. A uno le sirvió o compró al por mayor, se lo dio a otro y al final de la cadena es difícil rastrear su origen. El problema se da tanto en el interior del país como en Montevideo. "Es importante que se utilicen productos que estén registrados y digan los compuestos que contienen", aconseja González.
En el grupo productos del hogar, medicamentos y plaguicidas se encuentran las intoxicaciones causadas por sustancias utilizadas para combatir la pediculosis. "Por ejemplo, un producto que se usa para el cuerno de la vaca lo llevan a la casa y se lo aplican al niño para matar los piojos", ilustran las técnicas.
Y también, cuando son comprados sin referencia, es muy complejo llegar a un diagnóstico certero. "Hay personas que nos llaman y nos dicen `se tomó con el producto para matar las loras` y no hay productos para matar loras", dice González. Entonces hay que tratar de desentrañar qué causó el problema.
Entre los plaguicidas detrás de las intoxicaciones, la lista es larga: herbicidas, fungicidas, raticidas y fumigantes. Los casos también surgen indistintamente en el campo y la ciudad. Consultadas sobre si este tipo de problemas aumentaron a medida que se amplió la producción agrícola, las técnicas dijeron no tener datos que lo confirmaran.
INVIERNO. Cada estación está asociada con determinado tipo de intoxicaciones. En verano es común que aumenten las causadas por insecticidas. En otoño y primavera, las mordeduras de víboras. En invierno, las intoxicaciones por monóxido de carbono.
El monóxido de carbono (CO) es liberado con la combustión de materia orgánica y cuando se consume el oxígeno. Las estufas a gas, queroseno o leña, desprenden este gas, dijeron las técnicas.
"El mayor problema con estas intoxicaciones es que permanecés donde está la fuente, porque no se generan situaciones de alarma", explica Negrín. No es un gas que tenga un olor que lo identifique ni tampoco genera irritación al inhalarlo.
Para las médicas del CIAT, los fines de semana son "un factor de riesgo" en este tipo de intoxicaciones, porque las personas se reúnen y permanecen mucho tiempo frente a la estufa, en espacios cerrados. Las consultas suelen realizarse por dolores de cabeza y vómitos.
Como todas las intoxicaciones, las producidas por CO pueden ser leves, moderadas o graves. Las graves pueden dejar secuelas a nivel neurológico. Para evitarlas, las técnicas recomiendan mantener siempre una fuente de aire que ventile los espacios en los que se utilizan este tipo de estufas.
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Por intoxicaciones. Comunicarse con el CIAT al teléfono 1722. Atención las 24 horas.
La creencia de que los niños son más vulnerables a posibles efectos nocivos por el uso de celular parece ser un temor infundado. Así lo revela el primer estudio que analiza el uso de celulares entre pacientes pediátricos diagnosticados con tumores cerebrales, principalmente gliomas.
Los investigadores consideraron a todos los menores de entre 7 y 19 años que desarrollaron algún cáncer de este tipo entre 2004 y 2008 en Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza. Luego de entrevistar personalmente al 83% de ellos (352 pacientes) y a sus padres pudieron determinar si usaban celulares, desde cuándo y con qué frecuencia.
Al compararlos con un grupo de 646 niños sanos, concluyeron que los menores que usan "en forma regular" estos aparatos no tienen más probabilidad de desarrollar tumores cerebrales que aquellos que nunca los han empleado.
Además, el análisis -publicado en Journal of the National Cancer Institute (JNCI)-, reveló que no había más riesgo de tumores en las áreas del cerebro que recibían una mayor exposición, es decir, al lado de la cabeza en el cual los niños solían usar el celular.
Uno de los flancos del estudio es que parte del financiamiento provino de una fundación, que recibe fondos de empresas. Pese a ello, los hallazgos van en la línea de la mayor parte de los estudios que buscaron asociaciones entre uso de celulares y tumores cerebrales.
En un comentario que acompaña al estudio, John Boice y Robert Tarone, de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos), señalan que las conclusiones "son ampliamente consistentes y reafirman que no hay evidencia concluyente de que la radiación no ionizante emitida por los celulares se asocie con riesgo de cáncer".
Entre las evidencias que aportan están el que la incidencia de cáncer cerebral entre niños y adolescentes no creció en los últimos 20 años, según estudios en Estados Unidos, Reino Unido, Nueva Zelandia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia. Las conclusiones de este estudio contradicen la advertencia hecha en mayo por la OMS, que declaró como "posiblemente cancerígenos" los campos de radiofrecuencia que emiten los celulares, que luego fue duramente cuestionado por la Comisión Europea y la industria. EL MERCURIO/GDA.








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