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Europa. En dos meses, hubo 1.600 migrantes ilegales muertos al zozobrar precarios barcos
¿Te interesa esta noticia?ROMA | NEWSWEEK
A la sombra de los mausoleos ornamentados y tumbas de mármol, las filas de cruces de madera están plantadas en la tierra, sin nombres y solo identificadas por números. Es el terrible final para muchos de los migrantes ilegales que realizan la peligrosa travesía desde el Norte de África hacia la isla italiana de Lampedusa. Las oleadas de mujeres, hombres y niños desesperados continúan llegando a Europa.
Tres jóvenes fueron sepultados en fecha reciente en una tumba anónima en el cementerio de Lampedusa. Poco se sabía de ellos, con excepción de cómo murieron: atrapados bajo el casco de un barco de traficantes que hizo impacto en la costa rocosa. Los hombres no llevaban pasaportes ni otros documentos, aunque uno de ellos tenía en su bolsillo la foto de una joven y otro, una carta doblada que había quedado ilegible por los efectos del mar.
El sacerdote de la isla, el padre Stefano Nastasi, tomó fotos de los hombres muertos al igual que lo ha hecho con todos los innominados que se han ahogado en las cercanías de la costa, en los últimos meses, guardando sus imágenes en el rectorado de la iglesia, para el caso de que alguna persona llegue en busca de un pariente desaparecido. "Quizás, por ahora, las familias probablemente todavía estén pensando que lograron llegar", señala.
Nadie sabe cuántas personas han muerto al intentar hacer la travesía desde el Norte de África a Europa. Los traficantes de seres humanos no llevan listas de pasajeros y las autoridades solo pueden adivinar el número de migrantes, sobre la base del tamaño de los barcos que zozobraron. Pero, algo resulta claro: este es uno de los años más mortales desde que se llevan registros. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados estima que solo en los últimos dos meses, al menos 1.600 personas murieron en el mar al huir de sus países hacia las costas europeas.
En la franja costera de Lampedusa están diseminadas las carcasas de embarcaciones que zozobraron. El puerto está lleno de restos de barcos, algunos con frazadas, juguetes y salvavidas que todavía están a bordo. La muerte en las aguas del Mediterráneo es tan común ahora que los pescadores rutinariamente recogen cuerpos con sus redes. Pero, con la finalidad de evitar la larga burocracia que lleva implícito denunciar la captura mórbida, con frecuencia lanzan de vuelta los cuerpos al agua.
Ibra, un adolescente de 17 años, oriundo de Costa de Marfil, recientemente salió desde Trípoli. Una vez en el mar, el motor del barco dejó de funcionar y los refugiados quedaron a la deriva durante varios días hasta que un pescador llamó a la Guardia Costera de Italia. Sin embargo, para ese entonces, varias personas habían muerto, incluyendo una mujer embarazada. "No hay motivo para mantener un cuerpo sin vida a abordo bajo el intenso Sol", comenta Ibra. "Les vaciamos los bolsillos y los sepultamos en el mar".
La masiva ola de migración -y las muertes concomitantes- casi no deben sorprender. Libia es un país clave de tránsito de los migrantes africanos que intentan dirigirse a Europa y hasta tiempos recientes, los líderes europeos apoyaban al coronel Muamar Gaddafi con acuerdos económicos, debido a que éste -como se lo recordó a todo el mundo de manera reiterada- controlaba el grifo del flujo de migración africana. Durante una visita de Estado a Roma, el año pasado, las amenazas de Gaddafi fueron apenas sutiles. "No sabemos qué pasará, ¿cuál será la reacción de los europeos blancos y cristianos enfrentados a este flujo de africanos hambrientos e ignorantes?", dijo Gaddafi parado junto al primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi. "No sabemos si Europa permanecerá como un continente unido y de avanzada o si será destruido como ocurrió con las invasiones bárbaras".
Cuando comenzaron los bombardeos de la OTAN contra Libia, Gaddafi prometió "desencadenar una ola de inmigración ilegal que no tiene antecedentes" contra Europa. Los barcos han llegado, a partir de ese momento, procedentes de Libia.
En los primeros cinco meses de 2011, más de 45.000 personas se abrieron camino hasta Lampedusa, lo que significa diez veces más que el número total del año pasado. Varios miles más arribaron a islas cercanas, así como a Sicilia y Sardinia. Una barcada de tunecinos logró llegar hasta el territorio continental de Italia, amarrando a unos 50 kilómetros al Sur de Roma. Si continúa la guerra en Libia, se espera que cientos de miles más realicen el peligroso viaje en los próximos meses.
POR LA FUERZA. Algunos refugiados llegan buscando oportunidades económicas, habiendo llegado a Libia desde otros países pobres del Norte de África o del África Subsahariana. Otros huyen de la guerra y la agitación en Libia y más allá. Pero quizás, lo más inquietante, es que los grupos defensores de los derechos humanos informan que los soldados leales a Gaddafi hacen detenciones masivas de personas y las obligan a punta de armas de fuego a abordar las embarcaciones. De acuerdo con el Alto Comisionado para Refugiados de Naciones Unidas y representantes de Salvar a los Niños que han entrevistado a decenas de sobrevivientes. Los soldados imparten instrucciones de navegación a pasajeros, al azar, antes de remolcar al barco hasta aguas abiertas, presumiblemente con la idea de causar una catástrofe humanitaria, poniendo de esa manera más presión sobre los antiguos amigos europeos de Gaddafi.
El viaje insume unos cuatro días y las condiciones en los barcos, con frecuencia, son horrendas. Hay escasos alimentos y se carece de baños a bordo. A las mujeres embarazadas se las obliga a insertarse catéteres antes de subir a los barcos, para que su orina no "envenene" a los hombres supersticiosos. Una mujer embarazada, Madeleine Adebisi, hizo el viaje de manera involuntaria, de acuerdo con lo que ella dice. Cuando comenzó el bombardeo contra Libia, el marido de Adebisi abandonó la ciudad de Trípoli para buscar trabajo después que había perdido su empleo y la mujer nigeriana de 32 años fue dejada viviendo con un grupo de mujeres africanas quienes, al igual que ella, habían perdido sus empleos en un hospital al estallar la guerra. Soldados leales a Gadafi llegaron al lugar donde estaban las mujeres y las obligaron a reubicarse en una pequeña casa cerca del puerto. Después de unos días, fueron empujadas hacia un barco con cientos de otras mujeres, en medio de la noche, y puestas a navegar.
Tres días después, habiendo intentando amarrar en la isla de Malta, el barco perdió su timón cerca de la costa de Lampedusa. Sin la posibilidad de timonear, el capitán abandonó el timón y el barco hizo impacto contra las rocas a cien metros de la estatua Puerta a Eruopa, erigida para evocar a los migrantes que han muerto en el mar en su intento por acceder al continente. "Escuchamos los gritos provenientes de las rocas", indicó el teniente Marco Persi, de la Policía Militar de Italia. "Seguían gritando y gritando, haciendo desesperados llamados por ayuda. Estaba muy preocupado porque podíamos perder algunos de los bebés".
Los reflectores de la Guardia Costera iluminaron una escena aterradora de niños y mujeres embarazadas que luchaban por sobrevivir en el mar agitado. Los rescatistas lograron extraer a cientos de las aguas.
"Esa noche pensé que había muerto cuando la embarcación se estrelló. Ví una luz brillante y estaba seguro de que mi vida había terminado", dice Adebisi, quien ahora se encuentra en un centro de refugiados en La Spezia, en la costa de Liguria. Está próxima a dar a luz, pero no tiene idea si su marido murió o vive. No tuvo más noticias de él desde abril, cuando abandonó Trípoli.
En un momento de la primavera de este año, hubo más de 10.000 migrantes y refugiados en Lampedusa, los que llenaron cada espacio habitable de la isla. Unas 3.000 personas fueron apiñadas en un centro de detención construido para apenas 800. Muchos dormían en los pasillos.








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