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Epílogo. Presentan la película sobre las andanzas finales del legendario forajido en Bolivia
¿Te interesa esta noticia?EL PAÍS DE MADRID | ROCÍO GARCÍA
¿Qué fue de Butch Cassidy en Bolivia? ¿Y si no murió junto a su amigo Sundance Kid en un enfrentamiento con el ejército en 1908? ¿Qué vida llevaría ese legendario forajido americano, minucioso planificador de atracos a bancos y corporaciones?
Para indagar en todo eso, lo mejor será ir al cine a ver la película Blackthorn. Sin destino, el segundo largometraje de Mateo Gil. No se toparán solo con ese personaje real, toda una leyenda en Estados Unidos; también se encontrarán con un western en el sentido más clásico, una grata sorpresa en el panorama cinematográfico en España. Protagonizada por Sam Shepard, Eduardo Noriega y Stephen Rea, entre otros, Blackthorn. Sin destino, rodada en el altiplano boliviano con un presupuesto de alrededor de 3,5 millones de euros, se estrena el 1 de julio.
La sorpresa empieza en el propio Mateo Gil. Nunca se imaginó el realizador de Nadie conoce a nadie dirigiendo un western, el género pionero en la historia del cine. Se recuerda el director de niño en la calle jugando con otros niños. Eran vaqueros que se peleaban y se golpeaban aparatosamente. Esa fue la primera aproximación al western real, porque al de las películas llegó en las sesiones de los sábados en televisión.
"Mi primera formación como cineasta estuvo en el western. Muchos directores hemos tenido siempre la fantasía de realizar uno. Yo he tenido la suerte de poder hacerlo". Fue una mezcla de circunstancias las que provocaron la llegada de Gil a esta película. Metido él en el proyecto de Pedro Páramo, movió incluso el guión escrito por su amigo Miguel Barros por diversas productoras, pero sin pensarse nunca como director. Cayó Pedro Páramo y el productor Andrés Santana -"cabezón donde los haya"- le propuso unir sus fuerzas para esta aventura que ha durado más de tres años.
"Una de las cosas que más me atraen del western es que, teniendo dosis de suspenso, de acción, incluso de romanticismo, es un género muy político, que permite narrar conflictos morales en términos muy sencillos. Es perfecto para el drama, todos los temas que trata siguen vigentes: la propiedad, la preponderancia de la ambición frente a valores como la amistad y la libertad, qué líneas cruzar o no frente a la autoridad", asegura Gil.
Se ha atrevido con todo. Lo ha hecho de frente, con humildad y siendo consciente de que su objetivo era homenajear el género, con una mirada respetuosa y pequeña alejada del cine más espectacular. Ha osado incluso poner rostro de nuevo a Butch Cassidy, después de que Paul Newman lo inmortalizara en 1969 en el film dirigido por George Roy Hill.
Es verdad que lo ha hecho con el gran Sam Shepard, pero con todo y con ello... "Más que ponerle un nuevo rostro con Shepard, lo que más temía era hacer una película sobre Cassidy, toda una leyenda en Estados Unidos. Desde el principio me ayudó a mantener mi miedo algo acotado el hecho de pensar que el mercado natural de mi película era España y no Estados Unidos, aunque ahora se está vendiendo muy bien e incluso hay fecha de estreno para ese país. De esta manera me quitaba un poco la presión. Por otra parte, creo que el hecho de que Butch Cassidy pegara tan fuerte ha segado de alguna manera el personaje real y ha dejado en el tintero un montón de aspectos que a mí me parecen muy interesantes". Fue aquí donde apareció Mateo Gil y toda su panda para hacer un retrato de un tipo muy especial. Las características del personaje están basadas en la realidad, el resto es ficción. Y la realidad es que Cassidy era un ladrón de bancos con vocación, que nunca robaba a la gente, sino que lo hacía a las grandes compañías ferroviarias, financieras o mineras. Un tipo que planificaba los atracos para evitar la violencia. "Nunca he tenido que matar a nadie". Esta frase, atribuida al forajido, puede ser verdad o no, pero Mateo Gil asegura que Cassidy se imponía con autoridad al frente de bandas plagadas de asesinos y psicópatas. Pero detrás de los atracos de este héroe de leyenda no sólo estaba el deseo de hacerse con el botín, también una lucha ideológica contra los grandes propietarios de la tierra y los potentados en un mundo de miseria.
El realizador afirma que para enfrentarse a este reto "revisé muchísimos westerns. Los vi, los disfruté, pero sin tomar ninguna nota, sólo me dejé empapar. Hay un riesgo cuando te enfrentas a un género como éste donde se han hecho tan buenas películas. Por encima de todo quería hacer un homenaje a ese género y esa época". No hubo siquiera un planteamiento teórico demasiado estricto. Fue en los primeros días del rodaje cuando surgió, entre todo el equipo, el estilo del film, como esa utilización del zoom continuo o, ya en la posproducción, el cambio de la cinta a cinemascope".
Ahí tenían el altiplano, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar. Fueron meses de reconocimiento para decidir si ese paisaje merecía la pena y si era viable el rodaje. La conclusión que sacaron fue que no era viable, pero sí imprescindible. "El altiplano es un paisaje diferente al que vemos en los westerns. Estamos tan acostumbrados a ver paisajes maravillosos en el cine que de alguna manera nos hemos inmunizado. Una manera de luchar contra ese adormilamiento es presentar a los espectadores un paisaje igual de potente, pero distinto. El altiplano es justo lo que buscábamos".
Butch Cassidy se topa en el camino con un joven ingeniero español que acaba de cometer un robo. Shepard, el dramaturgo y escritor imprescindible de la literatura norteamericana, dio el sí a su participación a la semana de leer el guión. Sus aspiraciones económicas fueron muy humildes, respetuoso con el hecho de que era un film pequeño. Fue solo a Bolivia, tres meses sin acompañantes ni representantes. E impuso sin quererlo su manera de trabajar. Una interpretación que va directamente a la frase y a la escena de cada día, sin elaboraciones camaleónicas del personaje. Algo que también, en opinión de Mateo Gil, hizo su gran amigo y colega Noriega. "Se ha hecho más consciente de sus limitaciones y sus posibilidades", dice Gil de Noriega. "Creo que se ha soltado emocionalmente, algo que también a mí me ha pasado. No quería que construyera ningún personaje. Quería ver al Eduardo que yo conozco viendo partidos de fútbol o cenando con amigos, ese que estalla en risas como un niño".
Mateo Gil ha encontrado en la leyenda a un Butch Cassidy algo mayor y cansado, pero con ganas todavía de volver a sus viejas ilusiones, alguien que todavía cree que hay que defender los ideales.







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