Leonardo GuzmÁn
Allá por 1886 en el hospital parisiense de La Salpêtrière, el Prof. Charcot dijo frente a una histérica: "¡siempre es la cosa sexual!". La frase resultó reveladora para su alumno Sigmund Freud, cuyas doctrinas subsiguientes pusieron al mundo a hablar de lo que antes callaba.
En 2011 el Prof. Charcot podría repetir su exclamación, pero no ya frente a una francesa descabalada de un psiquiátrico de pobres sino ante un francés de vida lujosa, Director del Fondo Monetario Internacional jefe de una burocracia objetiva, racional y poderosa si las hay.
Es que en los 125 años corridos desde el encuentro entre el fundador de la cátedra de neurología y el creador del psicoanálisis, se le abrieron las puertas a las industrias que explotan la obsesión erótica y paralelamente adquirió rango social la confusión entre libertad de pensamiento y liberación de las pulsiones primarias. En esa línea, Marcuse -mentor de la revuelta de París 68- llegó a entremezclar Eros y civilización; y en esa línea, Strauss-Kahn, faro en la niebla económica y síndico mundial de colapsos y quiebras, llegó a la celda, la renuncia y la lúgubre liberación bajo fianza millonaria.
Alguna vez sabremos -o no- si el episodio fue espontáneo o preparado. Indicios parece haber a favor de las dos tesis. Pero ya es seguro que el desplome abrupto de Dominique Strauss-Kahn arrancó de cuajo a un funcionario del planeta, candidato natural a disputar la presidencia de Francia. En minutos fue del sainete a la comedia y del drama a la tragedia. ¿Debilidad humana o golpe del destino? Probablemente cruza de las dos cosas, como ocurre en la tragedia griega que reconstruyeron los franceses clásicos -Corneille obsesionado por el deber y Racine anteponiendo las pasiones- y que, por lo visto, se cuela en las cuentas que pretenden preverlo todo… pero con la vida no pueden.
Así como un día Madoff evidenció las debilidades del lado oscuro de las finanzas, a este Director le incumbió confirmar ante las pantallas del mundo que el poder puede marear, que las tentaciones existen y que detrás del rigor con que se le manda apretar el cinturón a los gobiernos, hay seres humanos de carne, hueso y cinturón flojo, con dosis variables de lucidez racional, estupidez lúdica y riesgo de descontrol hasta la frontera del delito.
La suprema lección de sensatez que 25 siglos atrás mostró que con los valores no se juega y de los conceptos no se sale ante las generaciones actuales acaba de plantear su reválida.
Y mientras esto escribimos sobre el nuevo culebrón del mundo, aquí en la Comarca el Parlamento sigue a las vueltas con la Ley de Caducidad.
El Presidente Mujica recordó su pasado guerrillero y llamó a la unidad nacional. Ojalá no sea demasiado tarde. Pero en este enfoque que hizo el 18 de Mayo a las 14.00 tuvo razón: el Uruguay de 2011 debe enfrentar demasiados desafíos para seguir dividiéndose en torno a los atroces hechos que empezaron hace 40 años y terminaron hace 26.
Eso sí: para verlo claro, hará falta que, sin excepción, todos nos anotemos para no quedar fuera de la reválida mundial de la sensatez que, por encima de todo lo bruto y tonto, vuelve a asomar en el humano horizonte.