REBAR
Me pareció procedente invitar a un almuerzo a mis enviados especiales a Londres -Tim y Tom- para expresarles una vez más y con mayor efusión aún, mi agradecimiento por la misión cumplida tan brillantemente para esta columna, en forma exclusiva. Llevé el grabador, porque supuse que lo mejor sería reportearlos, a fin de que ustedes tengan la impresión de que también participaron de la charla, de la que extraje lo que van a leer.
Yo.- ¡La boda real!... Una multitud nunca vista, ¿no?... Algo parecido al Carnaval de Río...
Tim. - No, querido... El Carnaval de Río, al lado de eso, es un truco de 4.
Yo. - ¿Pudieron pescar algo de los preparativos de la reina, para lucir en la Abadía?
Tom. - Ni te cuento la discusión que hubo en palacio, cuando Isabel se probó por primera vez el sombrero -inspirado en una torta de crema inventada por el tío Jack- y lo encontró insignificante. "Hay que realzarlo -dijo- agregándole la corona en la copa".
Yo. - ¿Cómo, cómo?... ¿Arriba del sombrero... la corona?
Tim. - ¡Yes! Ahí intervino el consejero real que más entiende en desastres aéreos, quien le sugirió no llegar a ese extremo, que la haría aparecer un tanto ostentosa. Finalmente (la ocasión da para versificar)... y aunque de mala gana/ reducida y prudente/ se convenció la soberana. Lo digo así -señaló Tim- en homenaje a John Milton, poeta inglés que, nacido en 1608, vivió como pudo, hasta que inauguró su propia tumba en 1674.
Yo. - Acá en Uruguay, donde se siguió toda la ceremonia por TV, se vivió pendiente del beso de la pareja en el balcón de Buckingham, que tardaba en producirse.
Tom. - Con eso se armó un pequeño lío, porque la BBC lo tenía libretado para las 13 y 20, y se lo dieron a las 13 y 21. Fue imponente -resonando en aquel entorno- la voz del director de cámaras gritando, en inglés, claro: "¡Vamo, vamo que ya se nos empiezan a atrasar las tandas".
Tim. - Yo confieso que no lo vi, distraído por mirar a Elton John besándose apasionadamente con su marido, ósculo tras ósculo.
Yo. -Aquí se recibió muy bien el gesto de los novios, al pedir que lo que se dispusiera gastar en obsequios, se convirtiera en contribuciones para con aquellos que sufrieran carencias de cualquier tipo.
Tom. - Bueno... En eso, la reina dio el gran ejemplo: donó 238 sombreros desechados, para los "sin techo".