CANNES | ERNESTO PÉREZ- ANSA
Un delicioso e intrigante viaje en el tiempo es el que propone Woody Allen en su nuevo film, "Midnight in Paris", presentado ayer fuera de concurso en la apertura del festival de cine de Cannes.
Se trata de un film que además de original y divertido es una crítica a todos aquellos que disconformes con el tiempo en el que viven sueñan con viajar a otra época y otro mundo, de los que ven todas las virtudes pero sin reparar en los defectos. Como dijo Allen en la conferencia de prensa de ayer: "en otra época uno se podía codear con artistas geniales como Picasso o Hemingway, pero había que sacarse una muela sin anestesia y no había aire acondicionado".
Midnight in Paris se abre con un canto de amor a la Ciudad Luz: un panorama de los sitios más conocidos introduciendo al espectador en el mundo de Gerd Panter (Owen Wilson), un exitoso guionista de Hollywood que está escribiendo su primera novela en la capital francesa. Con él están su novia Inez (Rachel McAdams), tan sexy como manipuladora, que no ve la hora de volver a California y los padres de ella, que desaprueban la relación.
Una noche en la que pasea solo por la ciudad, Gerd es invitado a subir a un coche de época para ir a una fiesta, donde encontrará a Francis Scott Fitzgerald, su esposa Zelda y Ernest Hemingway, que poco a poco lo introducirán en la París de los años `30, donde encontrará también a Gertrude Stein, Salvador Dalí, Pablo Picasso y otros genios difuntos. Sus idas y venidas en el tiempo lo llevarán a cambiar su novela y su vida entera, aceptando la realidad cotidiana de la que había tratado de escapar.
Allen ha encontrado una nueva inspiración ambientando sus películas en Europa, pero con personajes que no parecen estar muy alejados del ambiente neoyorquino de sus primeros éxitos. Un reparto excepcional, que incluye a Kathy Bates como Gertrude Stein y a Adrian Brody como Salvador Dalí y a la misma primera dama francesa, Carla Bruni de Sarkozy como una guía turística, acompaña a los protagonistas y se goza con los divertidos diálogos de Woody Allen que divierten igualmente al espectador.
"Es una verdadera trampa ilusionarse con vivir en otra época, olvidándose de sus lados negativos, pero yo prefiero vivir en la que me ha tocado, con todos sus problemas y defectos", comentó Allen ante la prensa. "En realidad, cuando empecé a escribir el guión tenía solo el título y me preguntaba qué iba a pasar esa medianoche, hasta que tuve la idea de combinar los genios literarios y artísticos de una época con la vida de hoy de un escritor frustrado", agregó.
CINÉFILO. Allen agregó que conoció "París a través del cine, y ésa es la ciudad que muestro al principio del film, para recordar al espectador que lo que están viendo no es la ciudad real sino la imaginada por las películas, lo mismo que he hecho toda mi vida con Nueva York, Londres, Venecia o Barcelona".
"Los cineastas norteamericanos de mi generación estuvimos muy influidos por el cine europeo, que veíamos como artístico y no movido por el dinero como el de Hollywood. Yo mismo no me considero un artista, porque si me comparo con los verdaderos como Buñuel, Fellini o Bergman no soy más que un honesto artesano", puntualizó el director.
Tanto Wilson como McAdams alabaron la gran libertad que deja Allen a sus actores.
"Cuando llegué a París, Woody me preguntó si había hecho un buen viaje y luego me advirtió que era lo último que me iba a decir", contó Wilson, agregando que "para un actor es fantástico poder cambiar diálogos e improvisar actitudes, si estos no van contra el espíritu del libreto".
En cuanto a la participación de Carla Bruni en el film, Allen reiteró que no tuvo ninguna necesidad de presionarla. "Estaba desayunando con ella y su marido cuando le pregunté si le hubiera interesado trabajar en el filme. Me dijo que le habría encantado mostrar a sus nietos como era su abuela cuando joven y pidió solo que la filmación fuera breve. Y debo decir que estuvo perfecta", recordó Allen.