GASTÓN PÉRGOLA
Jonah Asamoah (14), el joven ghanés que llegó a Uruguay como polizón pasando hambre y sed ya empezó a vivir sus nuevos días. "Es otro, está feliz", resume su madre adoptiva. Juega al fútbol en el barrio, estudia español y es "muy agradecido".
"Bienvenido a casa", dice Jonah (14) con sonrisa pronunciada y una mano en el corazón, cada vez que alguien, sea conocido o no, entra a su nueva casa en el humilde barrio de Punta de Rieles, a miles y miles de kilómetros del hambre y la miseria en la que vivía en su pequeño pueblo de Ghana, de donde escapó sin saber qué le depararía la providencia.
El destino lo trajo hasta Uruguay, después de viajar escondido 15 días en la sala de máquinas de un barco pesquero, con apenas tres panes, un bidón de agua y la Biblia. Ese mismo destino hizo que a la semana de su penosa llegada (durmió en la calle y mendigó comida) recalara en el Comando del Ejército, por ayuda. Allí lo vio una soldado, Edy Yaque, que inmediatamente quiso hacerse cargo de él.
Hoy, sentado en un sillón, luego de una ducha, a pocos metros de una estufa a leña y con la tele encendida, el pequeño ghanés se entretiene y ceba mate a su "madre" ("mamá Yaque" le dice), la mujer que literalmente le cambió la vida.
No toma. Solo ceba. "No le gusta nada el mate. El otro día probó, y puso una cara de asco. Enseguida preguntó de qué estaba hecho, qué era eso verde, y por qué tenía ese gusto", contó Christian, uno de sus nuevos hermanos, que ya no vive con su madre, pero pasó de visita.
Sin embargo, cuando se menciona en la charla la palabra "asado", Jonah capta el significado en el aire y tiene una inmediata respuesta, diferente a la del mate: "Good, very good, hermoso", repite levantando los pulgares y moviendo las cejas. Ya le han hecho probar tiras de asado a la parrilla y está ahora entre sus comidas favoritas.
En la primera entrevista con El País, Jonah contó que en Tgmé, el pueblo de donde proviene, había mucha hambre, y que subsistía comiendo lo que encontraba en la calle.
Su nueva madre asegura que Jonah "está bien de salud" y con buen apetito. "Ha comido de todo, milanesas, papas fritas, pollo, pastas; le gusta mucho el fideo con tuco. Pero lo que le encantó fue el guiso de lentejas. Se comió dos platos el otro día y si era por él, seguía. Pero hay que cuidarlo, no está acostumbrado", advirtió Yaque, ante la atenta mirada de Jonah, que sonrió al intuir que se hablaba de él.
Es que se lo ve feliz y animado. Hoy dialoga con más soltura, mira a los ojos cuando habla, sonríe seguido y se muestra atento y servicial, en comparación a la extrema timidez y mirada perdida que exteriorizaba en sus primeros días.
"Es otro. Se lo ve feliz. Y también va agarrando confianza. El otro día había prendido la radio y estaba bailando cumbia. Lo agarré de sorpresa, le hice un comentario de lo bien que bailaba y le dio vergüenza. Pero se reía. Está mucho más animado ahora", comentó con alegría su nueva madre.
Edy Yaque tiene cuatro hijos, (uno de ellos adoptado), pero solo vive con la menor, Lorena (23), que también es militar. Ahora se sumó Jonah, con el que tienen una relación excelente: "Se llevan divino, se entienden muy bien, se ríen mucho juntos", comenta su madre, con satisfacción.
Yaque contó que mucha gente le ha preguntado si no teme alojar en su casa a alguien que no conoce, si no piensa que en un futuro pueda cambiar de actitud y ponerse agresivo, u otras especulaciones que le hacen llegar con delicadeza. Pero su respuesta, dice, siempre fue la misma: "Está de Dios. Fue de corazón. Fui de misión de Paz dos veces al Congo y para alguien que tiene hijos ver lo que yo vi es muy duro. Niños pidiendo, con hambre y sin nada para comer. Quise traerme a un niño de allá, pero no pude. Y Dios me puso a Jonah en mi vida. Está de Dios", argumenta la soldado.
Con orgullo, comenta que los vecinos y compañeros del Ejército se han portado "de maravilla" con Jonah. Se acercan a saludarlo, le dan ánimo, le hacen bromas y le traen ropa. Todos los días, mientras Yaque va a su trabajo, un vecino le enseña español y otro ya le regaló una pelota de fútbol. "Esos son lindos gestos que hemos recibido", expresa la soldado.
Agradecido, respetuoso y creyente. Así podría ser definido Jonah. Entre las palabras que mejor dice en español se encuentra: "Gracias mamá Yaque". Las repite constantemente, según su madre adoptiva.
Cuando van a comer, cuando le prende la estufa, cuando lo deja en la casa del vecino que le enseña español, cuando lo abriga o cuando lo lleva al médico. Todo es ocasión para agradecer. "Y si bien somos una familia humilde, él siente que le hemos dado mucho, para lo que tenía", reflexiona Yaque.
En todo momento quiere colaborar. "El otro día cuando quise acordar él estaba lavando la cocina, y le dije que no se hiciera problema, que eso lo hacía yo. Y después lo dejé, porque me di cuenta de que se sentía bien haciéndolo, útil. Y si me ve con una escoba enseguida viene corriendo a decirme que él lo hace. Se pone la mano en el corazón y me dice, `no problema, yo hago`. Es una manera de agradecer, pienso".
Yaque contó que antes de ayer Jonah tuvo una conversación con su hermana postiza que la emocionó. "Con mi hija hablan en inglés, y el otro día le dijo que él quería trabajar, porque me quería dar plata, y me quería ayudar. Él ve que mis hijos vienen y me ayudan. Y yo le dije que no pasa nada, que ahora tiene que estudiar. Que ya va a tener tiempo para trabajar", cuenta la soldado. Cada mañana, como sabe que a las 8 su madre tiene que estar en el trabajo, Jonah se levanta una hora antes y comienza a rezar, por unos 15 minutos. Hace lo mismo antes de acostarse. "Él me dijo que le agradece a Dios por el día a día. Le da las gracias de estar vivo y acá", dice Yaque.
Apoyado en su mesa de luz tiene dos Biblias: una deteriorada (la que lo acompañó en su viaje) y una nuevita, en inglés, que le regaló un vecino.
Hasta las 4 de la tarde pasa en la casa de un matrimonio vecino, jubilados, que cuidan de él. Uno de los hijos del matrimonio, que sabe inglés, le da clases de español.
Al ser consultado por el estudio Jonah se pone de pie, pide un tiempo, va hacia el cuarto, trae un cuaderno, lo abre y señala sus páginas escritas, y dice "hermoso". Allí, se pueden ver varias páginas de ejercicios hechos con traducciones de números, días, verbos y partes del cuerpo.
En la tarde, una vez de vuelta en casa, Jonah merienda y pide para mirar la tele o ir a jugar al fútbol en la vereda, salvo los días que están muy frío.
Al momento de la visita de El País varios vecinos pequeños, de entre 8 y 11 años, golpearon la puerta de su casa para ver si su nuevo amigo podía salir a jugar a la pelota. "No lo dejo irse lejos, por eso vienen a jugar con él acá", comenta su flamante mamá.
Sacrificado viaje a una vida mejor
"De donde vengo, mi gente está sufriendo porque no tiene comida, no hay trabajo, y si trabajas te pagan con muy poco dinero como para sobrevivir. Hay muchos problemas allá. No hay forma de vivir", remató dijo a El País en su momento Jonah Asamoah, el jovencito ghanés de 14 años que llegó a Uruguay hace poco más de 20 días, desde un pueblo pequeño del país africano llamado Tmgé.
Asamoah pasó diez noches durmiendo en las calles de Montevideo, e iba a las iglesias a pedir comida. Un día se encontró a una persona que le aconsejó que se dirigiera al Ejército, que allí lo iban a ayudar. Asamoah entendió que era una buena idea, más teniendo en su mente algún concepto que había formado en su país sobre el ejército de Uruguay, por su presencia en las misiones de paz.
El Ejército lo recibió, le dio un plato de comida, abrigo y asistencia médica, al tiempo que informó a las autoridades competentes para que tomaran cartas en el asunto.
Cuando lo vio la soldado Edy Yaque (49), pidió, la tenencia del menor. El viernes 29 de abril fueron al Juzgado de Familia Especializada, al frente de la jueza Alicia Moré. Allí se planteó el pedido de tenencia.
Moré explicó que al ser un adolescente correspondía la "internación por amparo" en el INAU, pero que al presentarse una persona interesada en hacerse cargo no fue necesario.
El caso pasó a un juzgado de familia, que seguirá con los trámites, mientras Migración pidió datos del joven a su país.
Madre podría obtener ascenso
Si hay algo que sorprendió a Edy Yaque, la mujer que trabaja como soldado en el Ejército y solicitó ante el juez la tenencia provisoria del adolescente ghanés, fue "el revuelo" (así lo define ella) que generó el hecho.
Luego de que la noticia saliera publicada en El País, varios medios locales y regionales se hicieron eco, y su teléfono no paró de sonar. "Yo no esperaba todo esto. Es increíble la reacción que generó. A Jonah lo adopté de corazón", dice Yaque, al tiempo que destaca la solidaridad de sus vecinos, compañeros de trabajo y del Ejército, que le brindó el apoyo jurídico y médico para Jonah.
De hecho, el menor ya fue inscripto como usuario del Hospital Militar. Ahora, se está en tratativas por conseguir un colegio bilingüe, donde el menor pueda comenzar sus estudios.
La soldado, que desde hace 18 años trabaja en Ejército, fue recibida el viernes por el ministro de Defensa, Luis Rosadilla, quien solicitó una reunión personal para felicitarla por su gesto. Unos días antes, había recibido las felicitaciones en persona del Comandante en Jefe, Jorge Rosales.
Desde el Estado Mayor de la Defensa (Esmade) informaron a El País que es posible que la soldado sea ascendida al grado de Cabo.