WASHINGTON
THE NEW YORK TIMES, AP, AFP Y ANSA
Tras la muerte del jefe terrorista Osama bin Laden, el presidente estadounidense Barack Obama depositó ayer una corona de flores rojas, blancas y azules en la "Zona Cero", donde estaban las Torres Gemelas, y dijo que su país nunca olvida.
Obama visitó ayer en Nueva York a aquellas personas cuyas vidas han cambiado más profundamente tras los ataques del jefe de Al Qaeda abatido: a las familias de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre y a los bomberos de la ciudad, policías y otros rescatistas.
"Obviamente, no podremos traer de vuelta a los amigos que perdieron, y sé que cada uno de ustedes no solo llora por ellos, sino que también en los últimos diez años estuvieron con sus familias, sus hijos, tratando de brindarles consuelo y apoyo", dijo Obama a un grupo de bomberos en la estación del centro de Manhattan, que perdió a 15 hombres en los trabajos que siguieron a los ataques.
Y dijo: "si bien el 11 de septiembre del 2001 obviamente fue un gran hito de valentía para el departamento y un símbolo de su sacrificio, ustedes hacen sacrificios todos los días, sin buscar la notoriedad ni llamar la atención".
"Lo sucedido el domingo -continuó el presidente en referencia a la muerte de Bin Laden-, gracias al coraje de nuestros militares y al trabajo extraordinario de nuestros servicios de inteligencia, envió un mensaje al mundo entero, pero también a nuestra casa: cuando decimos que no olvidamos nunca, va en serio".
La de ayer fue la primera visita de Obama como presidente a la "Zona Cero". Después de colocar la ofrenda floral a los pies de un árbol que fue sacado de entre los escombros y replantado en el lugar como un monumento, el mandatario se mantuvo en silencio, con la cabeza inclinada y las manos cruzadas delante de si.
Los bomberos, policías y familiares de las víctimas de los ataques quedaron también callados a su alrededor, todo en el marco del parque conmemorativo de ocho acres que hay en el sitio. Más tarde el mandatario se reunió en privado con familiares de las víctimas.
Obama estuvo acompañado durante parte de la visita por Rudy Giuliani, alcalde de Nueva York en el momento de los atentados, y considerado uno de los héroes de la jornada. En cambio, no estuvo presente su predecesor, el ex presidente George W. Bush, quien pidió disculpas pero no se prestó a acompañarlo.
No hay olvido. "Las cosas siempre quedarán grabadas en tu mente. Fue horrible y nadie será el mismo después de eso", dijo el vendedor Emilio Vázquez, de 45 años, tras unirse a una multitud de 2.000 personas para recibir al presidente Obama en las inmediaciones de la "Zona Cero".
"La muerte de Bin Laden no cambia nada. Todavía están por ahí en todo el mundo y esta lucha continuará", sostuvo. Esta es una visión que muchos comparten en Nueva York.
"Vi a gente saltar de las ventanas el 11 de septiembre. Vi cómo eran esas personas", dijo el trabajador de la construcción Alfred Douglas, de 49 años. Aunque elogió a Obama por ordenar la operación militar contra Bin Laden, Douglas reconoció que no se sentía completamente satisfecho. Para eso le gustaría ver una fotografía del fallecido líder de Al Qaeda: "Me gustaría ver el resultado final".
Raylene Stewart, una abogada de 43 años, dijo que el exitoso operativo debe ser puesto en su contexto. "Hasta que podamos ir al aeropuerto y no ver armas, no quitarnos los zapatos, no vaciar los cochecitos de bebé, hasta ese entonces nada ha cambiado", sostuvo.
Peggy, una trabajadora social de 44 años, dijo que el verdadero cambio se dará cuando Estados Unidos se retire de Afganistán, algo que ve como poco probable que suceda.
"Me gustaría que (Obama) dijese que las guerras van a terminar y los soldados regresarán a casa", dijo. "Me gustaría que él dijese que estaremos a salvo ahora, pero claro que no puede garantizar eso", señaló.
Otro homenaje: Obama recibirá hoy a varios integrantes del comando naval que participó en el ataque en el que murió Bin Laden, cuando visite hoy Fort Campbell, en Kentucky.
Fort Campbell es la base del Regimiento de Aviación 160 de Operaciones Especiales, que participó en el ataque contra el cabecila de la red terrorista. Según indicaron desde la Casa Blanca funcionarios bajo anonimato los soldados habrían llegado en la noche del miércoles a Estados Unidos.
Adiós a Gerónimo
THOMAS L. FRIEDMAN
Solamente hay un aspecto positivo con respecto al hecho de que Bin Laden sobrevivió durante casi 10 años tras los asesinatos del 11-S. Y es que vivió durante suficiente tiempo para ver cómo muchos jóvenes árabes repudiaban su ideología. Vivió lo suficiente para ver a suficientes árabes jóvenes, de Túnez a Egipto, alzándose de manera pacífica para ganar dignidad, justicia y autogobierno que él alegó que solo podría obtenerse mediante violencia asesina y un regreso al islam puritano.
Nosotros hicimos nuestra parte. Matamos a Bin Laden. Ahora, el pueblo árabe y musulmán tiene la oportunidad de hacer lo suyo -matar el "binladenismo" con una votación-, esto es, con verdaderas elecciones, con constituciones, partidos políticos y política progresista.
Sí, los tipos malos han recibido un duro golpe a lo largo del mundo árabe en los últimos meses: no solamente Al Qaeda, sino toda la galería de dictadores intratables, cuya suave intolerancia de bajas expectativas para sus pueblos había mantenido retrasado al mundo árabe. Ahora, la pregunta es: ¿pueden las fuerzas de la decencia organizarse, ser elegidas y empezar a erigir un futuro árabe diferente? Ese es el interrogante de mayor importancia. Todo lo demás es ruido.
A fin de entender ese desafío, necesitamos recordar, una vez más, de dónde salió el "binladenismo". Surgió de una negociación con el diablo entre países consumidores de petróleo y dictadores árabes. Todos nosotros -Europa, Estados Unidos, India, China- tratamos al mundo árabe como una serie de grandes estaciones de combustible, y todos enviamos el mismo mensaje a los petrodictadores: Mantengan el flujo del petróleo y pueden tratar a sus pueblos como les venga en gana, a lo lejos, donde nosotros no veamos. Bin Laden y sus seguidores fueron producto de todas las patologías cuyo crecimiento se permitió en la oscuridad y lejos: paralizantes déficits de libertad, de poder para las mujeres y de educación a lo largo del mundo árabe .
Estos déficits fomentaron un profundo sentido de humillación entre árabes con respecto a cuan rezagados habían terminado, una intensa hambre de controlar sus propio futuro y un penetrante sentido de injusticia en sus vidas cotidianas. Eso es lo más notorio con respecto a las insurrecciones árabes en Egipto y Túnez en particular. Fueron casi apolíticas. No giraron en torno a la ideología. Fueron impulsadas por los anhelos humanos más elementales de dignidad, justicia y control sobre la propia vida. Recuerden, una de las primeras acciones de los egipcios fue atacar sus propias estaciones de policía: los instrumentos de la injusticia del régimen. Y debido a que millones de árabes comparten estos anhelos estas revoluciones no van a desaparecer.
Pero, a lo largo de las décadas, los dirigentes árabes fueron muy diestros para tomar toda esa ira y redirigirla hacia EE.UU. e Israel. Sí, la propia conducta de Israel a veces alimentó el sentido árabe de humillación e impotencia, pero no fue la causa principal. Mientras los autócratas chinos le decían a su pueblo: "Les quitaremos su libertad y, a cambio, les daremos cada vez más educación y un mejor nivel de vida", los autócratas árabes dijeron: "Les quitaremos su libertad y les daremos el conflicto árabe-israelí". Este fue el tóxico punto "remoto y rural" desde el cual emergió Bin Laden. Retorcido psicópata y falso mesías, predicaba que solo mediante la violencia podría el pueblo árabe ponerle fin a su humillación, restablecer la justicia y formar algo similar a un califato mítico e incorrupto.
Muy pocos árabes apoyaban activamente a Bin Laden, pero en las primeras etapas captó considerable respaldo pasivo por su desafío hacia EE.UU., los regímenes árabes e Israel. Pero, a medida que Al Qaeda fue obligada a correr, e invirtió la mayor parte de su energía matando a otros musulmanes que no seguían a pie juntillas su línea, incluso su apoyo pasivo se desvaneció. En ese vacío sin esperanza, la opinión pública en Túnez, Egipto, Yemen y otros países se sacudieron sus temores y decidieron que ellos mismos cambiarían lo que ocurría.
Y lo más impresionante fue que decidieron hacerlo bajo el estandarte de una palabra que se oye con mayor frecuencia hoy día entre rebeldes sirios: "Silmiyya". Significa "pacífico". Sencillamente es lo opuesto del "binladenismo". Equivale a los árabes diciendo a su propio estilo: "No queremos ser mártires por Bin Laden o peones de Mubarak, Assad, Gadafi, Ben Alí y todos los demás. Queremos ser "ciudadanos". No todos lo quieren, por supuesto. Algunos prefieren identidades más religiosas y sectarias. Es ahí donde estará la lucha.
Todo lo que podemos esperar es que esta vez realmente se dé una lucha de ideas; que en una región donde los extremistas van hasta el final y los moderados solo tienden a irse, esta vez sea diferente. Los moderados serán tan apasionados y estarán tan comprometidos como los extremistas. Si ocurre eso, tanto Bin Laden como el "binladenismo" estarán descansando en el fondo del océano.