Ruben Loza Aguerrebere
Lawrence de Arabia leyó doce veces durante su campaña del desierto la novela ambientada en Uruguay llamada "La tierra purpúrea", de William Henry Hudson. Y lejos de sorprenderse por el entusiasmo del coronel Lawrence, Hudson decía: "Se me ocurrió que "La tierra purpúrea" era precisamente la clase de libro que le gustaría a un joven aventurero como Lawrence, una especie de Richard Lamb".
Pero hay más entusiastas de renombre que han disfrutado de este libro: Teodoro Roosevelt, por ejemplo. Y don Miguel de Unamuno, que dijo: "Hudson vivió y sintió lo que un hijo de la Banda Oriental, nacido y criado en ella, no había visto ni sentido". Y Hemingway convirtió en lectores de Hudson a los personajes de su novela "Fiesta". Borges, a quien tanto le gustaban las cosas de la Banda Oriental, escribió estas palabras únicas sobre la novela de Hudson: "es uno de los pocos libros felices que hay en la tierra". En verdad, no conozco mayor elogio.
Pero hay más. Cuando el Premio Nobel Rabindranath Tagore llegó a Buenos Aires, en 1926, invitado por Victoria Ocampo, mostró extraordinarios conocimientos sobre los gauchos, sorprendiendo a todos. Su explicación fue sencilla cuando quisieron saber ¿cómo el poeta de la India sabía estas cosas? Las debía, dijo, gracias a uno de sus autores favoritos: Hudson, el naturalista inglés, nacido en el Plata.
Porque, en efecto, William Henry Hudson, vino al mundo hace 170 años, en la Argentina, en un campo llamado "Los veinticinco ombúes", donde se habían afincado sus padres, casados en Boston. Todo ello lo pinta, con sus momentos memorables de la niñez, en sus memorias de "Allá lejos y hace tiempo".
Al niño (el cuarto de los cinco hijos) le atraían las cabalgatas, los pájaros y los árboles. También los libros. Tempranamente, leyó "El Quijote", los textos de Félix de Azara sobre "Pájaros del Paraguay y del Río de la Plata", y la novela de Larreta "La gloria de don Ramiro".
A los 27 años, Hudson viajó a Uruguay, y lo recorrió largamente. En 1874, tras la muerte de sus padres, se despidió de estas tierras y se marchó para siempre.
Se embarcó rumbo a su soñada Inglaterra. Hudson no regresó más, salvo en las páginas de sus libros. Se fue lejos, decía Borges, para sentir mejor lo que había perdido.
Tras varios artículos sobre ornitología, en 1885 dio a conocer esta obra ambientada en nuestro suelo: "La tierra purpúrea". El Uruguay lo había seducido y en las páginas de este libro entrañable contó las andanzas de un joven inglés llamado Lamb, en Montevideo y buena parte del país. A medida que cabalga por nuestros campos, va conociendo a los pobladores y sus luchas. Abunda en personajes escrupulosamente pintados. Baste recordar que Ezequiel Martínez Estrada decía: "nuestras cosas no han tenido poeta, pintor ni intérprete semejante a Hudson".
Con sus recuerdos, el oro de la memoria, escribió sobre pájaros y plantas, así como sus novelas y sus cuentos, que son reeditados periódicamente. Vale la pena revisitarlo.
Admirado por Conrad, Hudson murió a los 81 años, y fue comparado con Milton.