JORGE ABBONDANZA
Hasta mediados de mayo puede verse en el Centro Municipal de Exposiciones (subsuelo de la Plaza Fabini) una notable muestra de obras de Daniel Gallo. Esta retrospectiva abrió con el título "Designificación".
No basta con tener una idea, por más ingeniosa que sea. Para alcanzar el resultado espectacular que logra Daniel Gallo con sus obras de arte conceptual, es indispensable contar además con su maestría en el manejo de materiales y agregar un refinadísimo empleo del relieve, la forma y el color.
La retrospectiva que agrupa trabajos del artista de los últimos treinta años, puede verse (debe verse, mejor dicho) en el Subte Municipal, de martes a domingos entre 12 y 21 horas. Quien se la pierda no tiene idea del placer que está dejando de lado.
Gallo toma herramientas de carpintería (escofinas, serruchos, garlopas, cepillos, compases) para incorporarlas como elementos centrales de sus obras. Tiene un talento felizmente visitado por el sentido del humor, de modo que ironiza un poco sobre la utilidad de esos instrumentos, jugando con los cortes y las marcas que producen en la madera. Pero a la gracia con que ejecuta ese traslado y a la precisión con que ajusta esos ensamblajes, se suma la elegancia para transfigurar los objetos, que asumen así el valor estético que no tenían y de paso exaltan el virtuosismo con que el artista los instala en cada caso, que es un asombro de medidas y proporciones.
Los años en que Gallo frecuentó el taller de Nelson Ramos están a la vista, no solamente por la generosa presencia que tenía el objeto en la producción de ese maestro, sino incluso por sus preferencias cromáticas y por el descarte de toda solemnidad en la elaboración de piezas mucho más cercanas al deleite de la manualidad que a la voluntad de trascendencia. Pero Gallo ha llevado esa herencia a un extremo de consumado dominio de la realización, para lo cual se necesita ser un pintor irreprochable y además un artesano magistral.
JUGANDO. Al titular su muestra con la palabra Designificación, el expositor también bromea con el nuevo papel desempeñado por aparatos que tuvieron una utilidad laboral y un carácter prosaico, a los que provee de un protagonismo más admirable, gozoso y enaltecedor. Como oficiante de una tendencia tan elástica como el arte conceptual, Gallo confiere a esa corriente una dimensión lúdica de insólita capacidad comunicativa, donde la trasmutación de cosas reales se cumple a un nivel de alborozo, complicidad y puntería fuera de serie. Porque el artista parece plantearse constantemente riesgos formales, para demostrar que los supera como nadie.
Sus obras exigen una cuidadosa observación para apreciar la minuciosa perspectiva del damero en blanco y negro de un piso, para abrir las capas plegables de un cuadro que puede hojearse como un libro, para descubrir las vetas aterciopeladas que recorren una varilla, para reparar en el detallado recorte de cartones o placas de madera en una hilera de ventanas, para detenerse en la presencia de los instrumentos del pintor (pinceles, pomos, rodillos) encerrados en una cápsula o frenados en medio de un trazo, como si consagrara con ellos la trastienda del oficio.
La suma de los trabajos que presenta es tan cautivadora, que se convierte en una convocatoria ineludible para los colegas y sobre todo para los alumnos de artes plásticas, aunque también para un público sensibilizado que no dispone todos los días de fuentes de placer visual de este calibre.
OTRA OPCIÓN. Al margen del despliegue de Gallo, una visita al Subte permite echar un vistazo a la diminuta Sala XXS, donde Javier Abreu exhibe su Sillón Presidencial, una reposera minúscula sacralizada por el escudo nacional y acompañada por los compases de una canción inefable, que se burla jubilosamente de muchos valores e investiduras.
La tarde en que este cronista recorrió ese espacio de exposiciones, había otras dos personas visitándolo. Lo que puede verse allí merece en cambio una gran corriente de público, si es que todavía quedan algunos montevideanos aptos para compartir una experiencia enriquecedora y capacitados para disfrutar ejemplos de calidad, desenfado y hermosura.